Dadi Dreucol, el grafitero desconocido

Los dibujos realizados en el cauce del río Guadalmedina o las calle Madre de Dios y Juan de Padilla son su carta de presentación Los murales del artista malagueño se reparten por toda la ciudad, aunque su fama solo se reconoce fuera

JUAN SOTOMÁLAGA.
Mural realizado en el cauce del río Guadalmedina junto a Lalone. ::
                             SUR/
Mural realizado en el cauce del río Guadalmedina junto a Lalone. :: SUR

Dadi Dreucol lleva más de una década contando historias por toda la ciudad a través de sus murales. El cauce del río Guadalmedina y las calles Madre de Dios o Juan de Medina, por poner algunos ejemplos, son la carta de presentación de este desconocido artista callejero. Sus grafitis -o pinturas murales, como a él les gusta llamarlos- son observados a diario por miles de personas que pasean por el Centro, aunque destacan del resto porque cuentan historias. Este joven, que prefiere guardar el anonimato, lleva meses asentado en Valencia, donde ha conseguido que se reconozca su trabajo y sus pinturas. Allí, cuenta, «hay más permisividad y no hay que esconderse para hacer un dibujo».

Dadi Dreucol recuerda que su primer grafiti lo realizó con solo 12 años porque le gustaba la estética de la pintura callejera. «Antes no me había interesado dibujar y me aficioné después de realizar mis primeros grafitis», sostiene. Tal fue el gusto que cogió por la pintura que posteriormente estudió en la Escuela de Bellas Artes y actualmente se dedica al mundo del arte de forma profesional.

Su sello podría considerarse un barbudo y semidesnudo que aparece en multitud de murales. Explica que se trata de una persona que no está atada a ninguna norma ni marca (por eso va sin ropa) y que quiere romper con el orden establecido (la barba). «Me interesa contar cosas que ocurren en un momento determinado, por eso cada uno hace cosas diferentes».

Uno de los murales a los que guarda más cariño es el ubicado en la calle Juan de Padilla. En esta pared se observa al barbudo saliendo de una caja roja y lo tituló 'Feliz golpe de Estado y próspero año nuevo'. Dadi Dreucol explica que lo hizo en Navidad y que con él pretendía llamar la atención sobre el doble juego que se vive en esas fechas con las compras de regalos. «Mi trabajo ha evolucionado mucho y siempre trato de transmitir cosas», reseña.

Doble moral

Este joven avanza que le gustaría volver a Málaga en breve y comenzar a pintar más cosas por el Centro. Por ello pide más apoyo para los artistas callejeros. A su juicio «existe una doble moral porque por un lado se fomenta la creación, pero se persigue la pintura en la calle». Por lo que sentencia: «No conozco a nadie que aprenda a pintar un mural callejero encerrado en su casa».

En su caso lo tiene claro, seguirá pintando allí donde esté y siempre a plena luz del día. «No me tengo que esconder ni pintar a las tres o las cuatro de la mañana para que nadie me vea como si fuera un delincuente. No hago nada malo ni soy irrespetuoso con el entorno». Mientras eso llega, Dadi Dreucol seguirá ocultando su rostro y dejando su marca en cualquier esquina de la ciudad.

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