Junto a la chimenea, entre amigos y con vistas a sierra Tejeda-Almijara

Comida, risas, bebida, y algún que otro paseo llenan los días de los grupos de amigos que han alquilado casas en pueblos de la provincia

GEMA MARTÍNEZMÁLAGA.
Un gran grupo. Ana Fernández, Jorge Rey, Daniel Cortés, Sandra Yuste, Carmen Osorio y Alejandro Romero, con los críos. ::
                             ANTONIO SALAS/
Un gran grupo. Ana Fernández, Jorge Rey, Daniel Cortés, Sandra Yuste, Carmen Osorio y Alejandro Romero, con los críos. :: ANTONIO SALAS

La casa tiene cuatro habitaciones, un salón con chimenea, las paredes y los techos forrados de madera, zona de barbacoa y una terraza con una espectacular vista a la la sierra Tejeda-Almijara.

Huele a comida que se hace y en la gran lámpara hay tres bolas doradas. Son los únicos adornos navideños de la casa rural Las Olivas, en Sayalonga, alquilada por cuatro matrimonios con edades que se mueven entre los treintaipocos y los treintaimuchos, dicen ellos y que, en conjunto, aportan cinco críos pequeños.

Han decidido repetir este año y pasar la Nochevieja en el campo montándose su propia fiesta. «Nos conocemos desde pequeños, estamos como en familia y juntos lo pasamos bien». Es la respuesta rápida que Daniel Cortés da a la pregunta de porqué optan por una retirada al campo para recibir a 2013.

La cuestión logística, sobre todo en lo que a comida se refiere, está medida al milímetro, consensuada y recogida por escrito en una lista a la que denominan 'Coquilista', en honor al cocinero del grupo, al que llaman Coqui y que se llama Jorge Rey. En esa lista está especificado el menú de todos y cada uno de los días en la casa, incluyendo la cena de Nochevieja, con jamón, gambas, mejillones y cordero. Hay buen vino, buen ron, buen whisky, y cava. Con todo, estos cuatro días en el campo le sale al grupo (13 en total) por 1.000 euros.

«Estoy tranquila y estoy con mis amigos, que es lo importante», dice Ana Fernández, una de las chicas. «Son muchos años de fiesta en el centro y ya cansa», añade Carmen Osorio. «Ponemos a prueba la amistad, porque esto puede ser un polvorín», bromea Alejandro Romero.

Comer, beber, reír. Dicen que, básicamente, así pasan estos días en Sayalonga, en donde el ritmo se ralentiza, hasta ofrecer momentos en los que no se sabe muy bien qué hacer, «y entonces comemos de nuevo», bromean. De senderismo poco. Como mucho una vuelta por el pueblo, que está a un paseo por un carril de tierra. «Nos reímos entre nosotros. No es necesario hacer una actividad extraescolar».

Caminatas fin de año

Quienes sí se pegan caminatas de hasta cuatro horas son las dos familias que han alquilado otra casa rural, en este caso en Canillas de Aceituno, también en la Axarquía. No en vano pertenecen a al Sociedad Excursionista de Málaga y seguramente por eso el sábado ya subieron a la Maroma, el pico más alto de sierra Tejeda.

Son unos enamorados del turismo rural y de hecho aseguran que alquilan casas desde hace 18 años, casi siempre a través de Ruralándalus. «Solemos buscar zonas donde poder hacer rutas de montaña», asegura Magdalena Sánchez, una de las integrantes del grupo, formado por su marido, su hija de 19 años; Miguel y Amparo y sus dos hijos, de 16 y 14 años. «Nos gusta estar a nuestro aire. Traemos nuestras cosas; las bolsas de cotillón, la música en el ordenador. Estamos los que queremos estar. Decidimos la comida, la bebida y el baile», dice cuando se le pregunta por los motivos por los que elige la opción rural. «Sales y tienes una vista espectacular, que te traslada a otro mundo», añade.

Gambas, patas de cangrejo rey, salmón, canapés y un cordero. Cava, bombones, frutos secos, ron... forman parte del avituallamiento de las dos familias para estos días, en los que los adornos navideños se limitan al Portal de Belén que la dueña de la casa ha montado. Visitas y tapeo en Cómpeta, Salares y Sedella preceden a la última cena del año.