«Era reservado y no tenía relación con nadie»

Los vecinos y quienes lo conocían no salen de su asombro y se refieren al delincuente sexual como una persona de «hola, adiós y poco más» El pederasta que intentó raptar a una niña en Vélez estuvo viviendo en Periana y Cómpeta

A. PELÁEZ VÉLEZ-MÁLAGA.
Antonio señala la vivienda en la que el sospechoso vivió hasta septiembre en Periana. :: A. Peláez/
Antonio señala la vivienda en la que el sospechoso vivió hasta septiembre en Periana. :: A. Peláez

Los vecinos de la aldea de Periana donde Robert Edward Bill, sospechoso del intento de secuestro de una niña de 12 años en Vélez, no salen de su asombro, ya que durante todo el mes de agosto estuvo conviviendo con ellos sin llamar la atención. «Era reservado y no se relacionaba con nadie de aquí, sin embargo había algo en ese hombre que no era normal». Al menos, eso es lo que asegura Antonio Godoy, un jubilado que le conoció y con el que llegó a hablar en una ocasión.

«Me daba la impresión de que tenía pareja, porque en ocasiones venía acompañado de una mujer que se quedaba en la casa que había alquilado. Nunca pude imaginar que era un delincuente sexual. Aquí nos fiamos de todo el mundo porque este es un lugar muy tranquilo, pero la verdad es que no se trataba con nadie. Sólo una vez me preguntó si se vendía alguna casa en la aldea», relata Godoy. «Cuando estaba en la aldea se sentaba en un muro que hay cerca de la casa y se limitaba a decir hola y adiós», afirma.

La noticia de que está registrado en Gran Bretaña como un delincuente desde hace una década «por sexualidad insana y conducta depravada hacia los niños» y que además ha intentado raptar a una menor durante su estancia en España en plena calle es algo que causa gran inquietud en Trini, otra vecina de la aldea y madre de dos hijos menores. «Desde que me he enterado llevo dos noches sin poder dormir solo de pensar que lo he tenido a lado de mi casa este verano. Aparcaba su coche, un Peugeot 106 de color gris plata, justo frente a mi puerta. Pasaba la mayor parte de los días fuera y sólo volvía a dormir», señala.

Rocío, vecina de la misma aldea y madre de dos hijas menores, asegura que desde que sus pequeñas se han enterado en el colegio que este hombre había vivido aquí «no se separan de mi ni un momento. Nunca hablé con él ni hizo nada malo. Estuvo un mes, pero no hizo por hablar con los vecinos ni por entablar amistad con nadie, de lo cual me alegro».

Según Silvia Francis, una residente británica, Robert Edward Bill llegó a principios de agosto pasado junto a un amigo diciendo que acababan de llegar de Inglaterra para trabajar en la obra.

«El amigo venía sin camisa y por supuesto no me creí que vinieran a trabajar en la construcción, con el paro que hay. Sin embargo, eran dos extranjeros más. No había nada que les distinguiera de un modo especial. Estando aquí se echó una novia inglesa. Lo último que sé es que el pasado domingo llegaron aquí cuatro policías de paisano preguntando por él. Me enseñaron la foto y lo reconocí», relata Francis.

Sobre su relación con los vecinos, esta residente inglesa declara que se limitaba a «hola, buenos días, adiós y poco mas», una versión que confirma la mayoría de las personas que residen en la aldea perianense, una localidad en la que no se habla de otra cosa desde que la noticia se difundiera a través de SUR.