El museo Jorge Rando entra en su recta final

El nuevo espacio cultural en Málaga fruto de la colaboración pública y privada ultima las obras para abrir en un año

ANTONIO JAVIER LÓPEZ AJLOPEZ@DIARIOSUR.ES
Mandarino. El árbol que preside el patio central del museo cumplirá 120 años en 2013. Salvador Salas/
Mandarino. El árbol que preside el patio central del museo cumplirá 120 años en 2013. Salvador Salas

Tiene la piel oscura y arrugada, el espinazo un poco torcido y cierto cansancio en la manera de recibir al desconocido, pero nadie diría que está a punto de cumplir 120 años. Lo plantó doña Mercedes Bisso Vidal, fundadora del Monasterio de las Madres Mercedarias, y dentro de no mucho, este viejo mandarino celebrará su redondo cumpleaños rodeado de nuevos amigos y visitantes. Todos los que desfilen por el patio interior del Museo Jorge Rando. Un proyecto que enfila la recta final de la construcción de su sede, cuya inauguración está prevista para el último trimestre de 2013.

Tras los muros del antiguo monasterio, justo al lado del centro escolar por el que han pasado varias generaciones de niños del barrio de El Molinillo y alrededores, el Museo Fundación Jorge Rando cobra forma como uno de los ejemplos más notables vistos en el mapa cultural malagueño de la colaboración entre la iniciativa privada y los poderes públicos. Un par de datos ilustran la ambición de la propuesta. A saber: el museo ocupará una extensión aproximada de 1.500 metros cuadrados y su puesta en marcha supondrá una inversión próxima a los 1,5 millones de euros, asumida casi a partes iguales por el Ayuntamiento de Málaga y la Fundación Jorge Rando.

El lugar indicado

Cierto pudor impide al artista malagueño detenerse en el asunto monetario. Es Diego Maldonado, delegado de Ordenación del Territorio y Vivienda en el Ayuntamiento de Málaga, el que destaca el «extraordinario esfuerzo» realizado por el creador a través de su fundación para levantar un proyecto que pretende servir como foco de regeneración cultural y urbana para uno de los barrios más deprimidos de la capital. «Desde que entré a aquí por primera vez supe, sentí, que este era el lugar para instalar el museo», recuerda Jorge Rando.

El nacimiento del Museo Jorge Rando es una jugada a cuatro bandas. En 2008, el artista donó al Obispado en Málaga más de un centenar de obras de arte. Empezaba a fraguarse la idea de exhibir esos fondos en una sede permanente, que además acogería exposiciones temporales y proyectos destinados a la formación de estudiantes y creadores. Surgió la opción de instalar el museo en el edificio anexo al Monasterio de las Mercedarias.

El Ayuntamiento negoció con el Obispado y la orden religiosa para acometer la rehabilitar del inmueble, que estaba en estado ruinoso, a cambio de una cesión temporal del espacio para fines culturales. Los cabos estaban atados, la Fundación Jorge Rando formulaba su ingreso en el Registro de Fundaciones de Andalucía en la primavera del año pasado y la iniciativa pasaba de la cabeza de sus promotores a la realidad de las obras.

Una realidad que amenazaba con cortar las alas al proyecto. Llegaba la crisis económica y menguaba el presupuesto municipal. Entonces Jorge Rando decidió responder con su patrimonio para que las obras siguieran su curso hasta entrar en la recta final de los trabajos. Unas labores que se realizan de forma paralela en dos espacios distintos. De una parte, las tareas de construcción acometidas en el inmueble anexo al monasterio, promovidas por la Oficina de Rehabilitación del Ayuntamiento y que acogerán las instalaciones del Museo Jorge Rando. Y, de otra parte, las actuaciones en el interior del recinto religioso, sufragadas por la fundación del artista malagueño y que servirán para organizar talleres de formación y almacenar parte de los fondos del museo.

Dos espacios que estarán separados por una puerta de seguridad que sólo se podrá cruzar desde el monasterio hacia el museo y nunca a la inversa, como destaca el artista malagueño, para garantizar la privacidad de las religiosas. «Las propias monjas han picado el yeso que cubría el atrio de esta zona, que data del siglo XIX y que ahora estamos recuperando», explica el pintor, que añade que esas columnas centenarias se mostrarán al público con su ladrillo visto recubierto de una capa de barniz para favorecer su conservación.

Además, Jorge Rando adelanta sus planes de abrir los talleres de la fundación tanto a jóvenes y estudiantes de Bellas Artes como a artistas consagrados que puedan visitar la ciudad para compartir su experiencia con los alumnos del centro. «Queremos que sean un museo y una fundación abiertos a todos, tanto particulares como instituciones», apostilla Rando, cuya fundación ya cuenta con el apoyo de la Universidad de Málaga y que espera sumar en el futuro la complicidad de la Diputación Provincial y la Junta de Andalucía.

Vocación social

Eso será en las estancias que rodean el recoleto jardín con mandarinos, naranjos, coles y plantas medicinales que crecen entre los muros del vetusto monasterio, ahora remozado de la mano de esta iniciativa cultural que no olvida su vocación social. «Esta zona de la ciudad está necesitada de más vida cultural y esperamos atender esa demanda con una propuesta interesante y de calidad», avanza Rando.

Una propuesta en la que tendrá un papel protagonista el museo que ocupará el inmueble contiguo al monasterio. Un recinto de nueva construcción que combina las líneas rectas y el blanco puro con toques de acero de apariencia oxidada. Elementos en la fachada y en el patio interior que le darán «un toque típico del expresionismo», como realza el artista malagueño en alusión a la tendencia que marca toda su trayectoria y que también marcará la pauta en el discurso de la institución.

Ya están casi rematadas las estancias del Museo Jorge Rando, que ofrecerá tres salas para exposiciones temporales y dos para la colección permanente. «Permanente pero siempre viva», matiza Rando, en referencia a la amplitud de una donación -en torno a 130 referencias- que permitirá renovar cada cierto tiempo el montaje dedicado a las obras entregadas por el artista malagueño.

Los rieles del techo, incluso los focos para la iluminación de las obras, ya están colocados en algunas de las salas. Un detalle que da cuenta del avanzado estado de la construcción, que esta misma semana recibía el informe arqueológico favorable por parte de la Junta de Andalucía para continuar los trabajos. Un trámite resuelto que despeja el horizonte del proyecto, que espera abrir sus puertas un poco más tarde de lo previsto, pero a tiempo para celebrar el redondo cumpleaños del mandarino.

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