Mentiras y otras verdades

ANA G. INGLÁN EN TWITTER: @ANAINGLAN

Generalizar es de simples. Enjuiciar es el camino más corto hacia el error. Y rectificar no es de sabios, es de sentido común. Los sabios no se equivocan, por eso hay tan pocos. Pero todos creemos llevar dentro un teórico, un juez, un sabio; y pontificamos, acusamos y enjuiciamos, en la creencia de que estamos en posesión de la verdad, la absoluta, que no la de cada cual. Y una se sienta en un café y oye a una abogada 'de izquierdas' decir que el noventa por ciento de los parados son unos flojos que no merecen una prestación pagada por todos (por ella, se entiende); o a un sindicalista afirmar que pasa al sindicato sus gastos porque lo suyo es un negocio como cualquier otro y que no irá a la huelga porque el problema del paro no le afecta.

Sí, me gusta oír las conversaciones ajenas. Asombrarme con la capacidad humana para soltar a la ligera barbaridades, incoherencias y juicios; para erigirse en representantes de sus semejantes, de sus vecinos o de la sociedad. Colectivos tan amplios como inclasificables que unos y otros usan para dar legitimidad a sus aspiraciones e intereses, no siempre legítimos. Y así, los vecinos pueden defender una cosa o la contraria, según quien los invoque. Estos días asistimos al vigésimo debate estéril del año sobre los equipamientos en Málaga: la antigua prisión provincial. El PP, que prometió hace años darle uso ciudadano, en una zona masificada y carente de espacios de esparcimiento, nos vende ahora -crisis mediante- su cesión a intereses privados, los de una universidad ultracatólica de Murcia, que es lo de menos. O no. Y asegura que los vecinos están de acuerdo porque se creará empleo y habrá becas y se revitalizará la zona. La misma en la que el PSOE dice (también) tener el apoyo de los vecinos para darle a ese espacio el prometido y necesario uso público. Yo no conozco a los vecinos, ni a esos ni a los míos, pero me da que de aquí a un año nadie se acuerda de ellos. Aunque igual me equivoco, porque yo no soy sabia. Y este artículo quizá es una simpleza. Un error. Un juicio del que todos salimos culpables.

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