Málaga se echa a la calle

MANUEL CASTILLO

La impresionante fotografía que ilustró el viernes la portada de SUR fue la mejor forma de expresar el estado de ánimo de Málaga. Decenas de miles de personas abarrotaban todo el entorno de la plaza de la Merced y en la boca del túnel bajo la Alcazaba se podía divisar una riada de personas aún por llegar. No solo había mucha indignación, también afloraba la intranquilidad, la angustia y diría que el miedo por lo que está por llegar. Allí había parados y también trabajadores, funcionarios, autónomos y por cuenta ajena. Abuelos y nietos para cerrar un círculo inimaginable hace apenas unos años, porque aquellos que vivieron los 50 y los 60 no podían imaginarse que sus nietos tendrían hoy un futuro tan negro. La ciudad clama, pero el eco de sus protestas llega distorsionado entre tanto ruido político y sindical. Y eso enfada mucho más.

Frente a la multitudinaria concentración, el PP hizo como que nada pasó realmente, como aquel niño que se tapa los ojos con sus manos y así cree que nadie le ve; el PSOE se fotografió ufano al frente de la manifestación en una foto de familia como si nada tuviera que ver en lo que está pasando, y los sindicatos... ¿sindicatos...? Los sindicatos andan agazapados desde 2007 porque no supieron qué hacer con Zapatero, no saben qué hacer con Rajoy y no saben qué hacer con esta sangría de empleo que contemplan atónitos y bloqueados en una especie de ataque de pánico, sin reaccionar. Las manifestaciones se llenan de banderas sindicales, pero luego, en el día a día, su presencia en la resolución de problemas y en la aportación de soluciones en tan simbólica como sus enseñas. Y mientras, IU cumple un papel sin fisuras cuando está en la oposición, pero que, como les ocurre a todos, comienza a arrugarse como papel mojado cuando adquieren responsabilidades de Gobierno. Y si no que se lo pregunten al consejero de Turismo de la Junta (IU), obligado a convivir permanentemente con las contradicciones.

Los ciudadanos gritan y gritan y la clase política y sindical oye pero no escucha. Es como ese médico que agarrara por los brazos al enfermo, lo zarandea y le grita: ¡reacciona! Aquí Griñán critica los recortes de Rajoy; Zoido, como antes hizo Arenas, critica los recortes de Griñán. Y mientras unos se critican a otros, a ver quién tiene la ocurrencia más original, médicos del SAS, interinos de Educación, trabajadores de Turismo y cientos de trabajadores de empresas privadas se van al desempleo.

El otro día escribí en Twitter: «Si viera a Rajoy y Rubalcaba y a Griñán y Zoido trabajando juntos para salir de la crisis comenzaría a creer en nuestra clase política. Utopía». Y doy fe de que muchos, muchos ciudadanos, piensan igual.