Porcelana fina de trazo grueso

El artista y coleccionista malagueño presenta en Archidona 'Desahucios', que reinterpreta a los clásicos «con toques de humor negro» Juanjo Fuentes interviene con su discurso irónico piezas tradicionales

ANA PÉREZ-BRYAN APEREZBRYAN@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Juanjo Fuentes posa delante de la serie de la 'Gioconda', interpretada a su manera. :: Sur/
Juanjo Fuentes posa delante de la serie de la 'Gioconda', interpretada a su manera. :: Sur

Juanjo Fuentes arrastra con su entusiasmo todo lo que se le pone por delante. Felizmente alejado del discurso de los sesudos artistas que tratan de llenar de adjetivos y excusas sus trabajos, él hace arte porque se lo pasa en grande. Así de claro. Y eso, por pura lógica, se plasma en su obra. Lo mismo le coloca a la mismísima Mona Lisa un conjunto de estrellas, cubos y huellas en el rostro que añade unas caritas sonrientes a la solemne clase de anatomía que propone el cuadro 'Y tenía corazón', de Enrique Simonet. Visto a través de sus ojos, las singulares intervenciones sobre piezas tradicionales no parecen una falta de respeto, sino un ejercicio de sana ironía que vuelca en una exposición cuyo título tampoco es casual: 'Desahucios'. Quizás sea por la experiencia acumulada de años en una inmobiliaria, o bien porque la realidad que vivimos es tan tozuda que llega a contaminar el discurso artístico, pero lo cierto es que Fuentes consigue que su trabajo no pase desapercibido.

En él vuelca el autor malagueño no solo su experiencia como artista, sino también como coleccionista, una faceta imposible de desligar de las piezas que ahora presenta en Archidona. En muchos casos, las obras que ha intervenido y que exhibe en la Sala de Blas han formado parte de las colecciones que atesora en su casa de calle Beatas. Sillas, mesas, cuadros, postales, vajillas, libros... un universo paralelo y sorprendente que incluso ha sido objeto de una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

Pero si por algo se pierde Juanjo Fuentes a la hora de crear y de intervenir es por la porcelana, esas piezas inútiles que acumulan polvo en la vitrina de cualquier casa o en los montones de morralla de los rastros y que una vez pasadas por sus manos adquieren la categoría de arte. «Muchas de ellas llegaron a través de amigos que las encontraron o que directamente no las querían», comenta Fuentes sin reprimir la carcajada al hacer un repaso mental por las modificaciones que ha ido introduciendo en cada una de las piezas. «A veces rozan el humor negro», reconoce el artista, que ilustra el ejemplo con las exclamaciones de colores que ha distribuido estratégicamente en dos piezas clásicas con una fuerte carga dramática: 'Los fusilamientos del 3 de mayo', de Goya, o en el 'Fusilamiento de Torrijos' de Gisbert .

Estas obras comparten espacio con otra docena de cuadros, cinco porcelanas y un paisaje con miniaturas. En él, Fuentes coloca «una serie de muñequitos pequeños en escenas extrañas». A saber: una monja y un cura en un bosque, un tipo que les apunta con una pistola, un pescador que trata de lanzar a su mujer por la borda de su barca y un guardia civil «que no se entera de nada».

Coleccionista y artista

El autor malagueño se enfrenta con esta muestra a una difícil encrucijada personal, más aún si se tiene en cuenta que su condición de coleccionista pesa casi tanto como la de artista. En su afán casi compulsivo por acumular objetos, ahora Fuentes ha de desprenderse de sus propias creaciones, que pone a la venta con precios que oscilan entre los 40 euros -los cuadritos pequeños- y los 250 de media que cuestan sus porcelanas. Pero en esta caso su discurso es diferente. «La obra se tiene que mover. Ya iré a otras casas y las veré, o no, pero no es posible quedarme con todo lo que hago», afirma convencido de que en esta faceta, la de artista, lo más gratificante es ver los adhesivos rojos en los marcos. Y no como intervención, sino como señal de que se han vendido.