Un marido de cuento

La pareja, que se divorció en 2010 tras 14 años de matrimonio y dos hijas en común, se une por segunda vez en el Jardín Botánico. Decide casarse vestido de rana para demostrarle a ella que es su príncipe

SUSANA ZAMORAMÁLAGA
Enrique Díaz y Sara Espinar, instantes antes de casarse en el Jardín Botánico. :: Jorge Paquet/
Enrique Díaz y Sara Espinar, instantes antes de casarse en el Jardín Botánico. :: Jorge Paquet

Un casting para una obra de teatro en la Escuela de Idiomas los puso un día frente a frente. Él dirigía la selección, buscaba voluntarios para representar la obra 'El inspector general' y entre todos ellos estaba la que, sin él imaginárselo, protagonizaría la historia de su vida.

Como sacados de un cuento, Enrique Díaz y Sara Espinar, volvieron a casarse el pasado 2 de junio en el Jardín Botánico de la Concepción. Ella de blanco, como mandan los cánones y él... convertido en una singular rana. Sin complejos, seguro de sí mismo, sin importarle nada ni nadie y enamorado hasta la médula de la que un día fue su esposa y ahora volvería a serlo gracias al intenso amor que nunca dejaron de profesarse.

Él quería que Sara tuviera la boda que siempre quiso y que por motivos económicos no se pudieron permitir cuando el 5 de octubre de 1996, solo diez meses después de haberse conocido, se daban por primera vez el 'sí quiero'. Sara tenía entonces 18 años; él, 21. En este segundo enlace, a ella la idea de Enrique no le pilló por sorpresa, aunque sí para los numerosos invitados que aguardaban a la novia y que cuando llegó comprobaron atónitos cómo salía el novio a recibirla con el disfraz puesto.

Reconozco que cuando me lo comentó días antes me sorprendió, pero al mismo tiempo me pareció una idea muy original, propia de un hombre seguro de sí mismo y siempre fiel a sus principios, explica Espinar. Asegura que incluso le animó y recuerda el importante significado que esta representación tiene para ellos, pues cuando nos conocimos él vivía en la Palmilla y yo en otro barrio algo mejor.

Enrique quería ser ese príncipe que todas las damas desean, ese héroe que lucha contra todas las adversidades y para el que no hay más ojos que el de su amada por muchas dificultades que se interpongan. Pero un día, sus vidas se truncaron. Después de 14 años casados y dos hijas en común, Mafalda (personaje que admira Enrique) y Alicia (nombre que eligió su hermana porque su cuento favorito era 'Alicia en el País de las Maravillas'), el matrimonio se rompe.

Él, voluntario de un ONG en Marruecos, siente que su vida está allí y en 2009 deciden iniciar una nueva vida en Tetuán. Sara no oculta que se fue muy ilusionada, pero pronto se dio cuenta de que aquello no era para ella. No consiguió adaptarse y al año siguiente decide poner tierra de por medio y volverse a Málaga con su hija pequeña. Él se queda en Tánger con la mayor y al tiempo inicia una relación, que finalmente determinaría que Sara, llevada por un arrebato y porque nunca hubiera podido soportar que él me pidiera el divorcio para casarse con otra, le pidiese romper formalmente con su matrimonio.

Ya divorciados, Sara se arrepiente de la decisión que tomó, me veía perdida sin él y buscaba continuamente excusas para tener algún tipo de contacto.Cosas de la vida, Enrique se vuelve para Málaga con su nueva pareja, que acabaría marchándose porque, como Sara allí, no se adaptaba a la ciudad. Mientras tanto, los contactos son cada vez más frecuentes por las niñas y ambos empiezan a percibir que sus vidas por separado no tienen ningún sentido y que están hechos el uno para el otro.

La llama empieza a prender del rescoldo de amor que aún había y Enrique empieza a tramar la escena final de su gran historia de amor. Quería que todo fuera perfecto, por eso le advirtió de su romántico plan: no quería desentonar con el disfraz de rana ni que fuera objeto de burla. Un plan, que como en los cuentos, se tradujo en magia con la frase: Puedes besar a la novia. En ese momento y en medio de una gran humareda de colores, la rana se convirtió en príncipe y los dos amantes, Enrique y Sara, fueron felices y comieron perdices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.