Educación aclara que los padres no están obligados a limpiar y cambiar a sus hijos

La ausencia de una normativa al respecto reabre la polémica y hace que numerosos colegios se nieguen a atender a los niños de tres años

M. ÁNGELES GONZÁLEZMÁLAGA.
Esta polémica ya generó un intenso debate hace diez años en la provincia. ::                             SUR/
Esta polémica ya generó un intenso debate hace diez años en la provincia. :: SUR

Casi diez años después vuelve la polémica sobre quién debe cambiar a los niños cuando se hacen encima sus necesidades en los primeros años de colegio. En numerosos centros públicos de la provincia se ha advertido a los padres de que tendrán que ser ellos u otra persona que designen quien se encargue de limpiar y poner ropa limpia a su hijo si se le escapa el pipí o la caca en horario lectivo, aunque para ello tengan que ausentarse del puesto de trabajo. El argumento que ofrecen, normalmente, es que entre las responsabilidades de los maestros no se encuentra el cambio de muda y que no pueden abandonar al resto de la clase para atender a un alumno.

Este hecho, que provocó un intenso debate hace una década, ha indignado a las asociaciones de padres, que recuerdan que desde que los niños entran por la puerta del colegio hasta que salen son responsabilidad del personal del centro. Por su parte, la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía admite que existe un vacío normativo que deja en el aire quién tiene la obligación de cambiar a los pequeños, pero aclara que en ningún caso es de los padres. Es más, añade que si un niño no puede ser atendido por un familiar y permanece un tiempo prolongado sin asear, puede considerarse una negligencia del centro. «La dirección tiene que arbitrar mecanismos para que estas situaciones sean atendidas», dice Educación.

Precisamente, la respuesta a una pregunta sobre este tema que realizó la entonces presidenta de la Confederación de Padres de Asociaciones de Padres de Andalucía (Codapa), Mercedes González, en 2001 va en esta línea. En el escrito, firmado por la exdirectora general Pilar Ballarín, se aclara que «el cuidado personal en aspectos como la limpieza y la higiene, el vestirse, la micción, la defecación, la alimentación, el sueño o el descanso [...] no pueden desligarse de los propios procesos de enseñanza y aprendizaje y debe ser competencia del profesorado que interviene con el grupo de alumnos atenderlos».

Agua de borrajas

«Sin embargo -continúa- es posible que en determinadas circunstancias sea complicado compatibilizar el cuidado de alumnos concretos, en sus necesidades fisiológicas, con la atención al conjunto del grupo. Para solventar las dificultades que esto conlleva estamos incrementando las plantillas de los centros de Educación Infantil con profesorado de apoyo que, entre otras funciones, colaborará con el maestro tutor o la maestra tutora del grupo en estas tareas».

Pero al parecer esto ha quedado en agua de borrajas, ya que, como ha podido comprobar este periódico y la Federación de AMPAS de Málaga (Fedapa), son numerosos los colegios de Educación Infantil que en la reunión previa del curso escolar ya informaron a los padres de que no cambiarían a los niños en caso de 'escapes', si bien es cierto que hay centros en los que los tutores o el personal de apoyo realiza esta labor. En otros casos se les propone a los progenitores pagar a alguna madre para que cambie a los alumnos que lo necesiten.

Por suerte, estos 'accidentes' ocurren de forma puntual. Pero los nervios de los primeros días y el hecho de que algunos niños comiencen las clases con poco más de dos años hacen que haya padres que tengan que acudir al centro más de una vez, aunque según Educación no suele haber problemas porque tutores y padres acuerdan previamente cómo actuar.

Inmaculada Sánchez no está de acuerdo. El año pasado tuvo que pedir permiso en el restaurante que limpia para cambiar a su hija, de tres años, que se había hecho pipí. Tardó casi una hora en llegar. «Le dije a la maestra que estaba trabajando, pero no me dio ninguna alternativa», recuerda.

En los últimos años Rocío Méndez ha tenido que salir de la guardería en la que trabajaba más de cuatro veces para ir al colegio. En una ocasión se encontró a su hijo con moscas revoloteando alrededor. Hacía 45 minutos que se había hecho caca. «Fue muy penoso», se lamenta.