Hallazgo en las entrañas de la tierra

La gruta, situada cerca de los pantanos del Guadalhorce, supera el récord que antes tenía el emblemático karst de Sorbas, en Almería Un grupo de espeleólogos de Alhaurín el Grande descubre la cueva de yeso más profunda de España

J. J. BUIZAALHAURÍN EL GRANDE.
Espeolólogos en la cueva. Video de Youtube/
Espeolólogos en la cueva. Video de Youtube

La historia de los descubrimientos está llena de sacrificios. Se cuenta que Cristóbal Colón tuvo que hacer frente a varios conatos de motín en su viaje hacia tierras americanas. A Magallanes, su empresa de dar la primera vuelta al mundo le costó la vida y Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna, confesó haber sufrido crisis de ansiedad después de dar su famoso paso.

Los sufrimientos de Antonio Moreno y los demás componentes del Grupo de Espeleología de Alhaurín el Grande no llegaron a esos extremos, pero siempre se acordarán del agobio que experimentaron al atravesar el terrorífico laminador que les llevó a la gloria. Era un estrechísimo paso de menos de 50 centímetros de altura y 60 metros de longitud, por donde tuvieron que arrastrarse durante varios minutos, empapados en barro y respirando fango hasta descubrir que lo que parecía una pequeña cavidad sin demasiada importancia escondía muchos más secretos.

Así fue como estos aventureros hallaron cerca de los pantanos del Guadalhorce la que hoy es la cueva de yeso más profunda de toda España y la tercera de Europa, sólo por detrás de dos grutas italianas. Bautizado como el complejo de La Zarza, se trata de un conjunto de galerías ubicadas en algún lugar entre los términos municipales de Antequera y de Valle de Abdalajís, con un desnivel que alcanza los 215 metros, según han demostrado sus mediciones topográficas.

«Fue un vecino de Valle de Abdalajís quien nos informó de que allí había algo. Cuando entramos por primera vez no sabíamos que la cueva ya se conocía, pero entonces se pensaba que no bajaba más de 80 metros», apunta Antonio. La pista se perdía en el estrecho laminador, pero la corriente de aire que venía de sus entrañas les hicieron aventurarse y atravesarlo para dar con otra gran cavidad a la que llamaron galería de la Evolución.

En ese punto empezaba un nacimiento de agua que inunda el resto de la gruta y acaba en un sifón que, según sus cálculos, podría coincidir con la cota del embalse del Guadalhorce. La cueva de La Zarza ha desbancado así a las cavernas de Sorbas (Almería), un complejo kárstico de yeso que hasta ahora estaba considerado como el más profundo de España, con un desnivel de unos 130 metros. Hay que reseñar que, a diferencia de la caliza, las cuevas de aljez (yeso natural) son un fenómeno poco común. Pese a que se trata de un mineral que se disuelve en agua con mucha facilidad, es precisamente esa propiedad la que hace que los karst tengan una existencia muy corta, ya que las cuevas se colapsan con rapidez y los depósitos de yeso desaparecen casi por completo.

De hecho, el complejo de Sorbas es uno de los mejor conservados de todo el mundo, hasta el punto de que se permiten las rutas y visitas guiadas, algo que se antoja muy difícil en el caso de la cueva recién descubierta por este grupo debido al complicado acceso a las cavidades principales. Con más de 2,6 kilómetros de desarrollo, algunas zonas hay que atravesarlas con cuerdas y equipos especiales y, a partir de los 120 metros de profundidad, empiezan a aparecer problemas a la hora de respirar debido a la escasez de oxígeno.

Aguas subterráneas

Pese a que en cada día de trabajo han estado más de seis horas bajo tierra, este grupo de espeleólogos cree que todavía podrían quedar algunos rincones ocultos, por lo que no descartan seguir explorando más, una vez que han dado a conocer los primeros resultados de su investigación. De hecho, la cueva podría arrojar algo de luz al problema de la salinidad de las aguas de los embalses del Guadalhorce, una cuestión a la que los geólogos llevan intentando dar respuesta desde la creación del primer pantano.

Según Antonio Moreno, una de las teorías era la de que dicha salinidad venía del aporte de aguas subterráneas, algo que ahora puede quedar en entredicho por el abundante caudal que han encontrado bajo tierra. «Nosotros hemos bajado hasta 200 metros y no hemos encontrado aguas salinas», afirma Moreno.