Sevilla Capital

El centralismo va a experimentar otro ciclo dorado; esto ya pinta a un neoborbollismo sevillita

TEODORO LEÓN GROSS

El alcalde de Málaga ha salido al paso del alcalde de Sevilla, una vez más y ya van tropecientas, al reclamar éste un estatus privilegiado de capitalidad con un programa de inversiones a medida. En ese terreno De la Torre es un mosquetero. De momento ha despachado a Zoido con los mismos argumentos de años anteriores al socialista Monteseirín: la capitalidad es un honor y conlleva ya considerables privilegios, desde luego más que desventajas. Bueno, tal vez sea exagerado decir que la respuesta del alcalde se ha producido en los mismos términos que en ocasiones anteriores, pero sí en lo sustancial. Al tratarse de un compañero de partido, en lugar de hablar con áspero desdén, De la Torre ha aprovechado para darle jabón ensalzando la inteligencia, el tesón y algunas virtudes teologales del pastueño alcalde sevillano; pero más allá de esos elogios de carnet, ha mostrado sus cartas oponiéndose a cualquier ley de capitalidad para sobreinvertir en Sevilla. Nobleza obliga. De la Torre siempre ha sido hostil a un nuevo estatus con más privilegios, y ahora no podía refugiarse tras el burladero. En fin, de momento esto ya desmiente esa estúpida teoría de algunos cachorros del PP que atribuían la demanda del 'estatus de capitalidad' a la perversión del centralismo socialista; ahí tienen ya el mismo guión bajo sus propias siglas.

Y todo hace pensar que el alcalde de Málaga -y en definitiva Málaga- tiene ya esta batalla muy perdida. El alcalde de Sevilla parecía tener eso muy claro cuando remató sus palabras, algo desdeñosamente, dando ya por hecho que «al final vamos a tener la ley de capitalidad». Sin duda se referiría a la victoria de su partido en las autonómicas de primavera; y en efecto Javier Arenas no tardó en confirmar que es así. Con los clásicos caramelos para distraer a la opinión pública en Málaga -la descentralización de alguna consejería y un poco de blablablá- en definitiva Arenas va a dar a Sevilla una ley cortada a medida. El centralismo va a experimentar otro ciclo dorado. La influencia de Zoido sobre Arenas es potente -en la fotografía reciente en Ronda era fácil ver quien ocupa la mano derecha y quién el quinto peldaño- y esto pinta a un neoborbollismo sevillita. Paradójicamente el Gobierno andaluz, objeto de críticas constantes por nutrir ese centralismo desde hace años, nunca ha aceptado incluir en agenda esa ley de capitalidad a pesar de la presión del alcalde socialista; y en cambio el PP, que patrimonializaba ese discurso anticentralista, prepara ya los privilegios de capitalidad aun antes de ocupar el trono. Así que De la Torre va a tener un doble problema: enfrentarse a Sevilla y a su propio partido. Y el partidismo suele ser el peor enemigo.

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