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Un cucurucho de chanquetes para Alfonso XIII en calle Granada

Historias de chiringuito (IV)

Un cucurucho de chanquetes para Alfonso XIII en calle Granada

Regalo. Antonio Martín se aprovechó del regalo al monarca para exportar 'pescaíto' a Madrid.

05.08.11 - 01:35 -
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El rey Alfonso XIII, rodeado de una amplia corte de seguridad y de autoridades locales, paseaba no sin dificultades por las calles del centro de Málaga, atestadas de gente que habían salido a homenajear al monarca. No es Málaga ciudad acostumbrada a muchas visitas reales, ni en tiempos de mucho ni en los de poco, pero es que además la grey local estaba deseando ver de cerca al joven monarca, que llegaba rodeado de un aire innovador y moderno que rompía todos los estereotipos.
Desde luego, su decisión de conocer todo el centro de Málaga paseando decía mucho de sus ideas 'rompedoras' y su forma de entender el contacto con el pueblo. Hay que tener en cuenta que a todo lo que se quiera hay que sumar que en aquella época, década de los 20 del pasado siglo, tampoco era muy habitual tener una idea exacta de los personajes y dirigentes: sin televisión ni ninguno de los medios de comunicación a los que estamos acostumbrados, el conocimiento físico de las autoridades de aquellos tiempos quedaba delimitado a lo mostrado por las fotos de los periódicos (de escasa calidad) o de grabados y pinturas.
Málaga se engalanó como pocas veces para recibir a don Alfonso XIII y a doña Victoria Eugenia, quienes en el año 1926 inauguraron el Hotel Príncipe de Asturias, que más tarde sería llamado Miramar, un palacio que albergó durante décadas a la flor y nata visitante. La estancia real se prolongó a lo largo de dos días, concretamente el 10 y el 11 de febrero del citado año, y fue el segundo día por la mañana cuando se produjo el paseo por las calles históricas malacitanas.
Cuentan las crónica que el ambiente popular se desbordó y que hubo momentos de verdadera 'angustia', pues prácticamente era una muchedumbre la que quería saludar a los jóvenes reyes. Llegada la comitiva a calle Granada, un mozalbete pudo colarse por medio de la seguridad y llegó hasta Alfonso XIII entregándole un cartucho de papel de estraza repleto de chanquetes recién calentitos de una freiduría de la zona. El monarca, casi sin capacidad de reacción, preguntó:
-¿Y esto qué es?
«Chanquetes de Málaga y se comen con los deos», le replicó el joven. El rey, ante la sorpresa de todos, cogió un buen puñado y se lo metió en la boca, saboreando aquel manjar.
«-¡Qué bueno está esto!», exclamó mirando a la reina, acabándose el paquete en un santiamén.
La noticia corrió como la pólvora y llegó a Antonio Martín, y el emprendedor propietario del merendero, ni corto ni perezoso, pensó que lo mejor sería regalarle una caja con 'pescaítos' de Málaga para los reyes. Dicho y hecho, preparó una cuidada caja y la mandó al vecino hotel, que la recibió encantado y la hizo llegar a sus majestades. Estos preguntaron qué era aquel regalo y tras conocer su origen decidieron ir a cenar al merendero, donde se dieron un festival, quedando sobre todo la reina enamorada de los 'manojitos de boquerones', que a ella le hizo mucha gracia.
La corte madrileña, 'pelota' hasta límites insospechados, en cuanto supo de la noticia, se hizo fiel cliente de Antonio Martín, que no sólo recibía ilustres visitantes cercanos a la realeza, sino que incluso tuvo peticiones para mandar 'pescaíto' de Málaga a la capital del Reino, lo que hizo con cierta frecuencia, sobre todo en lo que se refiere al envío de chanquetes, plato que comenzó a ponerse de moda.
Desde aquel momento, ni un solo personaje de la Villa y Corte dejó de pasar por 'Antonio Martín' para comer los manjares que tanto habían seducido a los reyes. La historia es tan real como cierta, y además es uno de esos aconteceres que merece la pena desempolvar del baúl de los recuerdos de vez en cuando para que sea conocido por las nuevas generaciones, para loa y gloria del merendero que estuvo de moda en España durante décadas: Antonio Martín.
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