Eugenio Chicano, pintor: El artista que desconfía de la inspiración

Nací en Málaga en 1935 / Viví 15 años en Italia / Fui el primer director la Fundación Picasso / Un grupo de amigos ha bautizado este año con mi apellido y organiza diversas actividades sobre mi obra

POR ANTONIO JAVIER LÓPEZFOTOS: JAIME GALLARDO
Eugenio Chicano, pintor: El artista que desconfía de la inspiración

Este Fotomatón parte de una pequeña derrota. Porque deja fuera del encuadre del texto infinidad de anécdotas, reflexiones, risas, curiosidades, afectos, sentencias y sabiduría. Mucha sabiduría. Tarea imposible volcarlo todo en estas líneas. Resumir el caudal tranquilo y ronco de la voz de Eugenio Chicano, que abre la puerta de su estudio enfundado en un mono blanco. De pintor. Pero de los pintores de escalera y brocha gorda. Los currantes.

-¿Se considera un obrero del arte?

-¡Cuidado! Yo le tengo mucho respeto a los obreros.

Porque Eugenio Chicano (Málaga, 1935) se considera, antes que nada, «un privilegiado». Lo siente al echar la vista atrás y recordar su infancia en el seno de una familia «burguesa» residente en la céntrica calle Sánchez Pastor de la capital: «Tenía dos vidas paralelas. Iba completando mis estudios en la escuela pero, al mismo tiempo vivía la ebullición cotidiana de los comercios de la zona, donde se pregonaban los productos y se cantaba en las tabernas... Ya entonces percibía algo que luego se ha convertido en una de las máximas de mi trabajo: el intento de aunar la cultura académica y la cultura popular».

Chicano cuajó esa premisa en dibujos, cuadros. Comenzó cuando tenía 12 años y un percance mientras buceaba lo dejó en casa durante varios meses. Cogió un libro de arte y empezó a copiar las ilustraciones. Al poco, dejó volar la mano. «Fue el primer picotazo que me dio el misterio de la creación», rememora, sentado en un sillón de su estudio.

Un lugar, su estudio, bañado por la luz del sol y repleto de cajas, pinceles, libros, fotografías, discos y un lienzo recién pintado de blanco. Está impoluto, pero mancha. «Todavía tengo miedo del lienzo en blanco y ojalá que no se me pase nunca ese sustillo, porque lo considero una buena señal», admite el artista, para quien la inspiración tiene poco que ver con su trabajo.

«Entiendo la pintura como un acto de fe, un compromiso en el que se unen ética, estética y moral. Lo más importante es comunicar con el espectador, que la persona que mira la obra pueda entender, percibir tu mensaje. Y eso se logra con mucha dedicación, muchas horas, mucho estudio, muchas lecturas... La inspiración puede ocurrir, sin duda, pero es cosa de uno o dos cuadros, como mucho... Y yo llevo muchos años pintando», reflexiona el autor.

Y con motivo de los años que lleva pintando pero, sobre todo, viviendo, un grupo de amigos ha decidido colocarse su apellido a este curso. Ahí nació el 'Año Chicano', que trufa este 2011 de exposiciones, ciclos, conferencias y publicaciones sobre su amplia trayectoria. «Ha sido una sorpresa maravillosa. Primero, porque la iniciativa ha partido de un grupo de amigos, con mucho cariño, y segundo, porque todas las instituciones han querido participar y eso siempre resulta muy reconfortante», amplía.

La excusa para celebrar este 'Año Chicano' la constituye el 75 cumpleaños del autor. «Los amigos dicen que se trata de un ensayo para el centenario...», bromea el pintor, que con este amplio ciclo ve reivindicada y revisada su producción artística. Un reconocimiento que echa en falta para otros compañeros de pinceles y época.

Chicano forma parte de aquella Generación del 50 que renovó la plástica malagueña a mediados del siglo pasado. Autores como Enrique Brinkmann, Francisco Peinado, Jorge Lindell, Francisco Hernández o Dámaso Ruano, entre otros, que a Chicano les gustaría ver reunidos en un museo y, sobre todo, en una colección de estudios.

Fundación del Ateneo

«Estamos más valorados fuera que en Málaga», lamenta Chicano, que durante 15 años residió en Verona, sin contar los cinco años que antes anduvo entre Málaga y Roma. Y antes de su periodo transalpino, a Chicano le dio tiempo de fundar la Peña Montmartre, convertida luego en el Grupo Picasso, sin olvidar su papel en la creación del Ateneo de Málaga.

Corrían los años 60 y la situación política, unida a circunstancias personales, animaron a Chicano a «probar suerte» en Italia. «Allí había de todo, para triunfar sólo necesitabas talento». Y él demostró el suyo, que con el tiempo le abrió la puertas de espacios tan selectos como el Castillo Sforza de Milán o la Bienal de Venecia, en la que representó a España en 1982.

Estaba cerca el regreso. Chicano acepta el reto de alumbrar la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, de la que fue su primer director entre 1988 y 1999. «El único sueldo que he tenido en mi vida, siempre he vivido de la pintura». Y ahí sigue, con el mono puesto.