El 15-M saca a las calles de Málaga a más de 12.000 'indignados'

La manifestación de ayer se desarrolló sin incidentes y fue una de las más multitudinarias del país

J. CANO MÁLAGA.
La marcha, en la calle Larios, el tramo final de un recorrido que comenzó a las siete de la tarde en el Ayuntamiento de la capital.:: Carlos Moret/
La marcha, en la calle Larios, el tramo final de un recorrido que comenzó a las siete de la tarde en el Ayuntamiento de la capital.:: Carlos Moret

El movimiento del 15-M ha vuelto a dar un puñetazo en la mesa representado ayer por miles de ciudadanos en las calles de Málaga. Fue un golpe de civismo, nunca violento -no hubo ni un solo incidente-, pero sí muy visible y sonoro. Ni el día de playa ni la resaca del terral pudieron con la determinación de los 'indignados', que volvieron a tomar la plaza de la Constitución con un único grito: 'Democracia Real Ya'.

Las cifras, como siempre, varían según la fuente, aunque ni los más optimistas vaticinaban semejante participación. La organización estimaba el número de asistentes en unos 25.000 -calculaban una densidad de entre cuatro y cinco personas por metro cuadrado-, mientras que desde la Policía Local se rebajó a 12.000 -a una media de dos a tres personas por metro-, lo que convierte la manifestación de Málaga en una de las más multitudinarias del país.

Los momentos previos al inicio de la marcha no hacían presagiar la masiva afluencia de público. A las 18.45, quince minutos antes de la hora de inicio fijada en la convocatoria, apenas había cuatrocientas personas en la puerta del Ayuntamiento de la capital, que fue el punto de partida elegido. Los sonidos de los tambores, sin embargo, sí anunciaban que algo estaba a punto de pasar.

En ese cuarto de hora, el 15-M volvió a tomar cuerpo. Empezaron a aparecer centenares de ciudadanos desde todos los rincones del Paseo del Parque hasta reunir a las más de cuatro mil personas que ya había en los alrededores del consistorio a las siete de la tarde. El 19-J, la última versión del movimiento indignado, tuvo como 'leitmotiv' la protesta ante la firma del pacto del euro, que impone recortes y medidas de disciplina fiscal en los países de la zona euro. «Europa para los ciudadanos, no para los mercados» fue uno de los lemas.

La manifestación recorrió la avenida de Cervantes, dobló por la calle Cortina del Muelle y viró hacia la plaza de la Marina, donde llegó la cabeza de la marcha sobre las siete y media de la tarde. Miles de gargantas, una sola voz: «¡Queremos Islandia -donde un movimiento ciudadano ha sido capaz de derrocar un Gobierno-, no Disneylandia!».

Hubo cánticos contra todo el mundo. Contra los políticos («vamos a contar mentiras, tralará, el PSOE es socialista y el PP es popular», contra los medios («periodistas, digan la verdad»), contra los bancos («el hijo de Botín, a trabajar en Burguer King»), contra los que cifran las manifestaciones («luego diréis que somos cinco o seis»). Incluso, contra los que se quedaban mirando a los 'indignados': «No nos mires, únete». Ese fue lo que hicieron Ana Belén Sánchez (35 años) y su madre, Ana García (52). «Nosotras tenemos estabilidad laboral, pero estamos aquí por solidaridad; muchos no tienen trabajo fijo y que viven en precario», afirmó la hija. «Este es el movimiento del pueblo contra el paro, las hipotecas, por un sueldo digno y por los derechos de las personas», añadía la madre mientras, de fondo, el gentío cantaba: «El pueblo, unido, jamás será vencido».

Cuando la pancarta que abría la manifestación -en la que se leía 'Democracia real, ya', 'No al pacto del euro'- llegó a la plaza de la Marina, la cola aún estaba en el Ayuntamiento. Un río de ciudadanos de todas las edades enfilaba, sobre las ocho de la tarde, la calle Larios. Una imagen que tumbaba cualquier estereotipo, como demostraba Pablo Rodríguez (28 años), quien sostenía un cartel que rezaba: «Yo no soy un 'perroflauta', soy un estudiante en paro». Licenciado en psicología y sin trabajo, el 15-M le hizo levantarse del sillón y sacar a la calle su indignación. «Yo creía que era el único que pensaba de esa manera, pero al ver que no era así me sumé a las protestas. Aquí hay gentes de todo tipo y de cualquier edad». Lo acompañaba su novia, Estefanía Sánchez (25), con quien ha asistido a las concentraciones en Madrid. Unos metros más adelante se encontró con su marido María Fernández (58 años), quien opinó que hay que participar: «No puedes quedarte en casa mientras otros se baten el cobre». Para ella, el movimiento debe hacer reflexionar a los políticos «sobre cómo servir al capital para que no los echen», y al mismo tiempo los ciudadanos, de quienes dependen. «Ahora, los políticos están en medio».

El 19-J malagueño atrajo a gente de todos los rincones de la provincia, que se desplazaron a la capital para secundar la marcha más multitudinaria del movimiento en Málaga. Llegaron autobuses desde varios pueblos del Guadalhorce, como por ejemplo Coín, donde se movilizó a un centenar de personas. Hubo quien, como José Muñoz, se vino desde Benagalbón, donde estaba pasando un día de playa, para asistir a la protesta.

La manifestación hizo una primera sentada en la calle Larios hasta que, minutos antes de la nueve, coronó la plaza de la Constitución, que ha sido el corazón del movimiento. Miles de personas permanecieron allí hasta la noche para escuchar la lectura de manifiestos en un ambiente festivo y reivindicativo. Hoy levantarán su campamento base. Pero la semilla, a tenor de lo visto ayer, ha germinado.

El movimiento 15-M lleva un mes en la calle dando que hablar, movilizando a la gente y protestando por lo que consideran injusto en España. Cada vez son más los que se unen, y así lo muestra la última manifestación que se realizó en la tarde de ayer con más asistentes que en ninguna otra ocasión.

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