El Alameda, medio siglo en escena

El recinto celebra sus cincuenta años de cine y teatro como el único escenario privado de gran formato en Andalucía. Diez actores y productores ayudan a reconstruir su historia

REGINA SOTORRÍO RSOTORRIO@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Simultáneo. El Alameda exhibe películas, en proyectores de hace 40 años, al mismo tiempo que ofrece teatro. :: ÁLVARO CABRERA/
Simultáneo. El Alameda exhibe películas, en proyectores de hace 40 años, al mismo tiempo que ofrece teatro. :: ÁLVARO CABRERA

Quien busca entretenimiento en Málaga acude a ese lugar desde varias generaciones atrás. Es casi un ritual. A principios del siglo pasado, el popular Cine Pascualini era el reclamo. La guerra civil lo redujo a cenizas y el solar se convirtió en un estanque con barquitas. Años después, Terraza Alameda animaba las noches de verano con proyecciones y los circos instalaban allí sus carpas. La ciudad crecía y el ladrillo, también. En 1961 se levantó un edificio, pero la tradición de ocio y cultura en ese rincón de la ciudad no se perdió: se conservó en los bajos del número 9 de la calle Córdoba.

En la tarde del 22 de diciembre de 1961, hombres y mujeres elegantemente vestidos acudían a la apertura de un «gran coliseo dedicado al teatro y al cine con las debidas condiciones de buen gusto, modernidad de línea y estilo», tal y como narraba la crónica de SUR. Y la gala, con fines benéficos, «satisfizo a los más exigentes». «Fue un acontecimiento», recuerda el maestro Manuel del Campo, que dirigió «con mucha emoción» a la Orquesta Sinfónica en el acto de inauguración. Para Juan Aguilar, que puso su voz a las arias de ópera que se escucharon ese día, fue «un espectáculo estupendo». «Aún hoy, cuando paso por la puerta, siento añoranza de todo aquello», relata.

Se subía así por primera vez el telón del teatro-cine Alameda. Cincuenta años después, aún se iza cada fin de semana. «Hemos pasado todos por allí», afirma el actor Moncho Borrajo. Tras reformas, cambios de gestión y hasta un incendio que lo destruyó casi en su totalidad en 1987, el escenario de calle Córdoba subsiste como el único teatro privado de gran formato -más de 300 butacas- de Andalucía. Al margen de Madrid y Barcelona, solo el Olimpia de Valencia comparte esa categoría en España. «Luchamos contra viento y marea sin la ayuda de ningún organismo público. Estamos solos», reflexiona Jesús Sánchez-Ramade, copropietario y director comercial y administrativo.

«El Alameda es la permanencia, la regularidad de la programación teatral en Málaga. Y eso es muy difícil de hacer y, además, con calidad», asegura un hombre que sabe mucho de lo que habla, el productor Enrique Cornejo. No en vano, lleva en la tarea los mismos años que cumple el Alameda.

Teatro y cine

El recinto malagueño capea las crisis y las modas con una cartelera estable que de jueves a domingo programa teatro en la sala 1 y todos los días exhibe cine europeo en la 2 y la 3. «Y simultáneamente. Somos el único espacio que lo hace», afirma Carlos Sánchez-Ramade, copropietario y uno de sus directores. Cuentan que en una ocasión una espectadora avisó en taquilla de que la película se veía borrosa. En realidad, estaba presenciando una obra dramática en vivo y en directo. Se equivocó de planta.

No siempre fue así. En su apertura, el nuevo recinto contaba con un patio de butacas y un anfiteatro en un único espacio. La empresa Sanka era la responsable de su explotación y gestión. El cine era su actividad principal -los proyectores se estrenaron con la película 'Rey de reyes', de Samuel Bronston- y solo esporádicamente artistas y actores pisaban su escenario. La actualidad mandaba y las figuras de la copla y el flamenco, como La Chunga, la Niña de la Puebla o Juanito Valderrama, eran las más demandadas.

Eso sí, «los domingos había grupos modernos de Málaga», rememora Fernando González. Él entró como botones en 1964 -cobraba 750 pesetas- y se jubiló el año pasado como gerente. No puede evitar sonreír cuando piensa en el dinero que ganó vendiendo cocacolas en el descanso de la película 'Lawrence de Arabia'. «Con tanto desierto...».

Poco tiempo después de su apertura, el Alameda cambió de manos. El empresario almeriense Eugenio Sánchez-Ramade se hizo en 1967 con el espacio para incluirlo en una red de exhibición de Andalucía, sin dejar de lado al teatro. De esa época, queda para los anales de la historia el millón de pesetas que Quique Camoiras ingresó en taquilla una noche de 1984. «¡Nadie lo había conseguido antes!», apunta González.

Un año después, una joven Remedios Cervantes ocupaba una butaca del teatro para ver 'Buenas noches, madre', con Mari Carrillo y Concha Velasco. ¡Incluso tuvo el valor de pedirles un autógrafo! «Nunca hubiese pensado que años más tarde estaría en esa sala con la misma función como productora y actriz», declara Cervantes. Durante un tiempo, ella fue una espectadora más. «Gran parte de mi adolescencia la pasaba en el patio de butacas del Alameda, sin saber lo que años más tarde guardaba para mí». Recuerda que allí saludó «por primera vez a Irene Gutiérrez Cava, Amparo Rivelles, Berta Riaza, la gran Rafaela Aparicio. y un sin fin de grandes damas del teatro». De la mano de Arturo Fernández, debutaría en Málaga como actriz en esas tablas. Repetirá con cuatro montajes más. También un joven Manuel Bandera estuvo allí viendo 'Fiebre del sábado noche' en el cine. Después, regresaría como actor. «Y siempre es una alegría trabajar en casa», señala. Lo mismo opina María Barranco: «Significa mucho para mí porque está en mi tierra».

La foto dedicada de Quique Camoiras por esa recaudación récord fue de las pocas cosas que se salvó del incendio que en septiembre de 1987 arrasó el patio de butacas. Un cortocircuito provocado por el agua que se coló durante una tormenta se llevó por delante muchos otros recuerdos, casi toda la cartelería antigua y enseres de teatro. Ocurrió durante la reforma del cine en multicine, con la transformación del anfiteatro en dos pequeñas salas de exhibición. Un año después, el Alameda encendería sus tres pantallas bajo la gestión de una empresa arrendataria que dedicó el recinto solo al séptimo arte.

No sería por mucho tiempo. En 1995, los hermanos Jesús y Carlos Sánchez-Ramade -bajo la supervisión de José Luis Sánchez-Ramade, su padre y «alma máter de la última etapa del Alameda»- retoman el control del recinto y hacen una arriesgada prueba: programar un espectáculo diferente cada semana en las tablas de la sala principal, mientras en la 2 y 3 se exhiben películas. Los cines proliferaban y pensaron que el teatro, con su «mala salud de hierro», tendría más futuro. Acertaron. La comedia es, desde entonces, la protagonista del cartel. «Nuestro objetivo es acercar la cultura a través del ocio», dice Carlos Sánchez-Ramade.

Cuarenta espectáculos al año

El 1 de diciembre de 1995 reinauguraron el escenario con Faemino y Cansado. El dúo llenó entonces y sigue colocando el 'no hay billetes' hoy. «Empezamos yendo tres días y ahora vamos cinco como mínimo. Málaga es una ciudad conquistada», asegura entre risas Javier Cansado. Desde el punto de vista profesional, el humorista destaca la «comodidad del teatro» y su «formidable visibilidad»; desde el personal, se queda con la respuesta del público. «¡Es como un rock and roll!», exclama. Desde ese momento, alrededor de 40 espectáculos toman el escenario cada año.

Los hay fijos. Como Arturo Fernández, un caballero de la escena que en el Alameda encuentra «la familiaridad y el calor» del empresario hacia el actor que añora en otros escenarios. «Tenemos una relación de auténtica amistad. Nos cuidamos los unos a los otros», indica. «Allí me siento muy querido», añade Moncho Borrajo. «Con Sánchez-Ramade padre firmábamos con nuestra palabra, con el sentido del honor, no había documentos», rememora Cornejo. Hoy, el Alameda es una «plaza imprescindible» del circuito teatral nacional. «De referencia», apostilla Arturo Fernández. Y que cumpla muchos más...

Fotos

Vídeos