Móviles de usar y tirar

Las asociaciones de consumidores reciben cada vez más quejas de usuarios que cambian sus aparatos por falta de piezas de recambio. Málaga recicló el año pasado más de 350.000 terminales, solo un 20% de los desechados

PILAR R. QUIRÓSMÁLAGA.
Contenedores de recogida de terminales en una planta de reciclaje de móviles. ::                             SUR/
Contenedores de recogida de terminales en una planta de reciclaje de móviles. :: SUR

Horrorizados estaban los ecologistas, que a su vez concienciaron a los gobiernos y a los hipermercados del excesivo uso de bolsas de plástico que no se reciclaban y que contaminaban y contaminan todavía buena parte del planeta, sobre todo el mar. Bolsas que provienen del petróleo, un recurso finito que muchos quieren preservar. Es una buena medida ir acotando su uso, pero nadie hasta ahora ha querido abrir el melón del nuevo fenómeno de usar y tirar en los móviles. Casi como si fuesen servilletas de papel de un solo uso. El móvil se ha convertido en una moda y en un símbolo de estatus, así que tener el de última generación o el más 'fashion' es casi una obligación para muchos usuarios.

La Fundación Tragamóvil, que reúne a los principales fabricantes de telefonía móvil que están obligados a reciclar estos aparatos, recogió el año pasado en Málaga 35.571 kilos de móviles usados, o lo que es lo mismo aproximadamente 355.710 terminales, ya que se estima que cada kilo son al menos 10 unidades. Pero esta cantidad sigue siendo la punta del iceberg, o no más del 20% de los móviles que se consumen en el año. Si se tiene en cuenta que Málaga tiene 1.600.000 habitantes y que casi todos poseen un móvil y muchos dos, que suplen por aquellos (generalmente niños o ancianos) que no tienen ningún terminal, el número de terminales que se reciclasen debería ser mucho más alto teniendo en cuenta la alta rotación que tienen.

Cambios tecnológicos

Las nuevas tecnologías cambian en meses. El que antes tenía un móvil para comunicarse, ahora quiere que disponga de correo electrónico, acceso a Internet, cámara de fotos con suficientes megapixels ó MP4. Para los más mayores, todo un lío de siglas, de las que deben ponerse al día si no quieren estar desfasados. Y eso mismo pasa con los móviles. Que se quedan obsoletos a velocidad de vértigo.

El reciclaje va calando entre la población, pero el objetivo fundamental no es cambiar un aparato que sigue teniendo uso (como pasa actualmente) sino uno que ya no funciona o cuya tecnología es tan antigua que no se puede usar. Y en el caso de los móviles esto no es así. Los que más lo sufren, sin duda alguna, son los más mayores y aquellos que propugnan el desarrollo sostenible. Por que, ¿es sostenible cambiar de terminal dos o tres veces al año?

La tecnología y los modelos cambian tan rápidamente que un aparato que tenga un año puede que no tenga repuestos de baterías o de otros accesorios cuando la ley exige que todos los aparatos electrónicos deben tener piezas de repuesto a la venta en el mercado cinco años después de su último lote de fabricación, según informan la Unión de Consumidores (UCE-Málaga) y la Asociación de consumidores y amas de casa Al Andalus. El hecho es que estas dos asociaciones han visto como cada vez crece más el número de quejas de usuarios que no pueden seguir con su móvil porque faltan repuestos esenciales como la batería o la carcasa, «y entonces lo que opta la empresa de telefonía es por cambiárselo por uno nuevo», como subraya Margarita Benítez desde la UCE. Pero el problema radica cuando se trata de personas mayores que, generalmente, tardan más en asimilar cómo usar los aparatos eléctricos y una vez que se han hecho con uno les cuesta cambiar de 'software', como subraya la portavoz de Al Andalus, María Huelin.

Como explica bien Carmen Franquelo: «a los mayores nos cuesta mucho aprender un móvil nuevo». De ahí que este segmento de población sea el más afectado por la poca vida útil de estos aparatos, y a su vez el que más quejas suscribe por la falta de repuestos.

Actualmente, el 90% de los materiales de los móviles se pueden reutilizar de nuevo, evitando así su extracción de la naturaleza. Aunque la moda de cambiar de móvil cada tres o cuatro meses no es, ciertamente, muy ecológica, ya que no se hace uso del aparato durante toda su vida útil, según propugnan los grupos conservacionistas.