La nueva fachada de la Alcazaba

El sendero, de 180 metros, conectará las calles Mundo Nuevo y Alcazabilla y su acceso estará restringido El paseo peatonal que discurre al pie de las murallas cambia la imagen del monumento árabe

IGNACIO LILLO ILILLO@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
La nueva fachada de la Alcazaba

Una escalera metálica asciende haciendo zigzag por la pequeña ladera. Gracias a su acabado en tonos pardos se mimetiza con el entorno de rocas y la vegetación. Arriba, al pie de las murallas de la Alcazaba, el paseo continúa por una red de senderos y miradores en varios niveles. El enclave, antaño sucio y degradado, ofrece una imagen totalmente renovada del monumento, a la vez que brinda una panorámica nunca vista del casco histórico y de los alrededores de la ciudad. SUR acompaña al concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, Manuel Díaz, y al arquitecto autor del proyecto, Iñaki Pérez de la Fuente, en una visita a las obras, que culminarán a finales del mes que viene.

El recorrido comienza en Mundo Nuevo, donde se ubicará una de las cuatro puertas. Las otras tres conectarán con la propia Alcazaba; con Alcazabilla, junto al centro de interpretación del Teatro Romano; y con una nueva plazoleta al final de la calle Pozo del Rey. Los senderos tienen unos 180 metros lineales, con secciones de entre 1,30 y 2,5 metros. «Son angostos para dar la sensación de los caminos de ronda de las murallas, acorde con la personalidad del monumento», relata el autor.

Mimetizado en el entorno

El objetivo era lograr el mínimo impacto visual, y por eso tienen sección en trinchera, lo que permite que queden ocultos a la vista de la ciudad. Realmente no se asientan sobre terreno natural, sino sobre tres metros de relleno de los escombros de las casas del antiguo barrio de la Alcazabilla, que fueron compactados tras la intervención de Juan Temboury. De esta forma, el sistema de rampas y escalinatas se integra en la pendiente natural del terreno y permite un recorrido más amplio del área arqueológica, que hasta ahora se reducía al ámbito del anfiteatro y que ahora se extiende a la estribación sur del monte Gibralfaro.

El itinerario pasa por tres balcones. El primero, el más cercano a Mundo Nuevo, es el llamado «mirador territorial», porque permite la contemplación de toda la ciudad, los Montes de Málaga y la Sierra de las Nieves, cubierta por una capa blanca. El segundo es el «mirador de Málaga», con una visión frontal del casco histórico, la Aduana, la Equitativa, la Catedral, la calle Císter, la espadaña de San Agustín, San Juan, el Museo Picasso, Santiago y la plaza de la Merced, entre otros puntos.

Escalera cubierta

El ultimo es el «mirador superior», que ofrece una perspectiva única del Teatro Romano desde arriba. En el futuro estará conectado con la propia Alcazaba, de manera que el sendero se podría integrar como parte de esta visita. «La intervención es doble: de un lado, se recupera la falda de la Alcazaba como un elemento paisajístico, que estaba muy deteriorada; y las vistas permiten un mejor entendimiento de la ciudad», añade Pérez de la Fuente.

Desde la cota de la base de la muralla hasta la calle Alcazabilla se accede mediante una escalera en zigzag, con una altura de más de 12,5 metros, que estará cerrada mediante una especie de celosía metálica, para ocultarla y lograr el máximo mimetismo con el terreno, «como un traje de camuflaje». Este elemento tiene una doble función: la propia conexión de ambos niveles y la de consolidar un antiguo muro existente en el conjunto, para el que hace las veces de andamio. «El efecto que tendrá para el visitante será el contraste de ir por un espacio muy recogido y ver como se abre de repente el monumento».

Los senderos y la escalera están construidos en acero corten (realizado con una composición química que hace que su oxidación proteja la pieza frente a la corrosión). «Es el material que mejor se integra en entornos arqueológicos, pues se mimetiza, especialmente en vistas lejanas», explica este experto. Y añade: «Se modifica naturalmente, con lo cual es como incorporarlo al proceso de evolución del terreno». El firme se ha hecho con arena prensada, un material natural, estable e hidrante, para asegurar el drenaje.

El tercer pilar es la vegetación, mediante la plantación de especies autóctonas mediterráneas para dar continuidad al monte Gibralfaro. «El objetivo es que se entienda que la base sobre la que se asienta la Alcazaba es la continuación natural del monte Gibralfaro, y a su vez es el marco paisajístico de la muralla». La pieza clave es el pino carrasco, de los que se plantarán 85 ejemplares, con alturas diferentes, de entre 4,5 y 9 metros, para simular un bosque real. Los paseos huelen a tomillo, romero e hinojo, mientras que la ladera que desciende directamente hacia las ruinas del anfiteatro están cultivadas con cáñamo, un arbusto que tiene raíces muy profundas y que sirve para contener el talud, que estuvo sometido durante años a la erosión de las escorrentías de pluviales.

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