La Casa Invisible deja de ser okupa

El Ayuntamiento, la Junta y la Diputación llegan a un pacto con la asociación para legalizar la ocupación del recinto casi cuatro años después El colectivo deberá constituirse como fundación y mantener el uso sociocultural

ANTONIO JAVIER LÓPEZ AJLOPEZ@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Joglars, anoche durante la representación de la obra. ::
                             CARLOS MORET/
Joglars, anoche durante la representación de la obra. :: CARLOS MORET

A fuerza de no hacer ruido, algunos conflictos abandonan la primera línea de la actualidad, pasan a un discreto segundo plano y, con el devenir del tiempo, parece que solo incumben a los afectados directos. En apariencia, es el proceso que ha seguido la larga polémica en torno a La Casa Invisible. Del fragor de la batalla dialéctica y los amagos de desalojo, el asunto derivó en una suave indiferencia colectiva. O eso parecía.

Hasta que ayer se descolgaron los portavoces municipales con un protocolo de intenciones que pone fin a casi cuatro año de ocupación ilegal de un inmueble municipal. Un acuerdo que, además, parece satisfacer los deseos de todas las partes. A saber: el Ayuntamiento de Málaga -a pesar de que el recinto era solo de su propiedad- quería contar con el concurso de la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial en la solución del problema. Y lo ha conseguido. Los okupas, por su parte, cumplen su aspiración de mantenerse en el inmueble de la calle Nosquera al que accedieron sin permiso en la primavera de 2007 y en el que han desarrollado desde entonces un intenso y variado programa de actividades que ha concitado el apoyo de diversos sectores cívicos e intelectuales.

Esa ola de simpatía llegó incluso a los despachos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, cuyos responsables han apoyado y mediado en esta causa. Hasta el punto de que el director del Departamento de Programas Culturales de la institución estatal, Jesús Carrillo, actúa como una de las partes contratantes del acuerdo.

El documento legaliza el inmueble okupa mediante una «autorización temporal» de doce meses, periodo de vigencia del protocolo de intenciones, que además exige a los moradores del recinto su constitución como una fundación privada, poniendo como modelo la creada por la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña. Para ese proceso, La Invisible -como la llaman sus promotores- contará con «asesoramiento técnico» municipal.

Una de las exigencias que deberá cumplir la organización se refiere al desarrollo de «un programa de actividades culturales» del que deberá informar «trimestralmente» a las tres administraciones firmantes. Y añade el texto: «Igualmente, el colectivo asumirá la responsabilidad sobre el local facilitado y las personas que lo ocupan, así como su mantenimiento y conservación. Asumirá también este colectivo la contratación y los costes de los servicios básicos del inmueble (electricidad, agua, licencias...), así como su mantenimiento y los preceptivos seguros».

Asesoramiento externo

El texto deja muy claro que el destino del inmueble será «exclusivamente de carácter sociocultural, por tanto no tendrán cabida los usos residenciales». En cuanto a ese programa de actividades, el acuerdo prevé el asesoramiento de Santi Eraso, gestor cultural afín a La Invisible, ex director de Arteleku y diseñador del programa artístico de la candidatura de San Sebastián para ser Capital Europea de la Cultura en 2016. La ciudad donostiarra pasó el primer corte del proceso del que Málaga quedó apeada.

Por último, el protocolo de intenciones presentado ayer prevé que, una vez cumplido el periodo de vigencia de doce meses, unos y otros se sentarán para firmar un convenio estable. Si La Invisible no cumple su parte de lo pactado, «desalojará voluntariamente el inmueble» para dar paso al centro de empresas que tenía previsto el Ayuntamiento en ese lugar.

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