Robert Louis Baille: «Mi ritmo de trabajo es casi meditativo»

Luthier, (Nancy, Francia, 1960). Desde el Gremio de Luthiers y Arqueros de España lucha contra el intrusismo. En bosques remotos de Montenegro encuentra la madera que definen el cuerpo y el sonido de sus instrumentos. La experiencia de 30 años de profesión le ha enseñado que un luthier es, además de un artesano, un conquistador

UNA ENTREVISTA DE M. EUGENIA MERELOMÁLAGA.
Robert Louis Baille./
Robert Louis Baille.

El tiempo se detiene nada más traspasar la puerta de la lutheria de Robert Louis Baille. Olor a madera y a barniz. Y música clásica. Parece que, además del reloj, se ha parado completamente el mundo. Inclinado sobre lo que será un violín, araña con suavidad virutas de madera, siguiendo su instinto para moldear el cuerpo del instrumento. Sigue su intuición para darle una forma y un sonido. Llegó a Málaga hace más de 20 años por razones familiares. Y aquí sigue. Primero, con un taller en el Puerto de la Torre. Luego, a un tiro de piedra del Teatro Cervantes. También tiene lutheria en Sevilla. «Hacía falta gente de mi profesión aquí y me pareció un buen sitio para quedarme», explica este artesano que no concibe trabajar con prisas o sin una pieza musical de fondo.

-¿Ya vino al mundo con esa pasión por los violines?

-No, pero sí me llegó siendo muy chico. No era todavía adolescente cuando descubrí este mundo.

-¿Y cómo lo descubrió?

-Casualidades. Me interesaba la música y casualmente entré en un taller de un luthier en Francia. Me pareció maravilloso y me entró la pasión. Y sigo con esa pasión

-¿Y quién fue su maestro?

- Estuve en una escuela en Londres en 1977 y luego trabajé para un maestro en Inglaterra, y luego en París. Me instalé en la capital francesa. Luego en Sevilla y luego en Málaga. Pero mantengo mi taller sevillano.

-En la sociedad de la prisa y de la productividad, ¿cómo se encaja un trabajo que requiere tanta paciencia y tanto tiempo?

-Tenemos un ambiente en el taller que no se parece en nada a lo que hay fuera. Muy pausado. El tiempo no cuenta. Si estás haciendo un instrumento no cuentas el tiempo. Estás metido en ello.

-Un maestro, ¿necesita más cabeza, más paciencia o más pasión?

-Las tres cosas. Y mucha intuición. Para diagnosticar un instrumento que te traen y tiene un problema tienes que saber de dónde viene el problema, que no es fácil. Y saber arreglarlo luego; pero eso es mano. Primero hay que saber diagnosticar. Y para entender la madera que estás trabajando necesitas intuición. Y pasión, por supuesto. Trabajo a destajo. Entro en un ritmo de trabajo que es casi meditativo.

-Y la belleza, ¿es siempre simétrica?

-No. De hecho, cuando miras instrumentos antiguos de los que se admiran tanto y que valen tanto dinero, ves que no tienen nada simétrico. Al contrario, siempre hay una pequeña asimetría, a veces imperceptible al ojo. Un instrumento perfecto, simétrico, puede ser un instrumento hecho a máquina o por chinos.

-¿Quiere decir que un buen luthier nunca hace un instrumento simétrico?

-Puede hacerlo o no. Pero da igual. Lo que importa es su personalidad. Lo que se nota en el instrumento hecho por un maestro es que tiene mucho tiempo de trabajo, todo el tiempo que esa persona ha dedicado a lograr ser un maestro. Igual que un pintor o un músico. Se nota la personalidad de quien lo construyó. Lo ves y puedes intuir quien lo ha construido.

-Y un buen maestro, ¿podría falsificar un 'stradivarius'?

-La misma pregunta se puede plantear para un pintor. Si sería capaz de falsificar un 'velázquez'. Son instrumentos maravillosos. Pero hay mucho mito en torno a esos maestros italianos del siglo XVIII. Detrás hay un mercado que necesita ese mito para mantenerse. Hoy en día se pueden fabricar instrumentos que suenan igual de bien, sin duda ninguna. De hecho se han hecho pruebas a ciegas con un instrumento nuevo y un 'stradivarius'. Normalmente, un 'stradivarius' no gana esas pruebas. Hay mucha sugestión.

-¿Sugestión?

-Son piezas muy artísticas hechas por un genio, al igual que Goya lo es en referencia a los pintores. Son genios y han hecho maravillas. Y si se mantiene toda esa historia es porque hay un mercado que necesita de esta historia. Tenga en cuenta que un instrumento de esos vale cuatro millones de euros. O diez millones. Es mucho dinero. La clave del instrumento es producir un sonido y hay que mantener el mito de que es inigualable para poder mantener esas cantidades. Eso es el mercado.

-Tanta sugestión, ¿facilita el llevarse gato por liebre?

-De eso puedo hablar horas. Hay un mercado negro de los instrumentos que los luthiers intentamos combatir. Es uno de los campos en donde más engaño hay. Hay gente que compra instrumentos que son porquerías, en mal estado, a precio increíblemente alto. Hay mucho intrusismo en nuestra profesión. Tenemos una asociación, el Gremio de Luthiers y Arqueros de España, que presidí hasta hace poco, cuyo objetivo principal es combatir el intrusismo.

-¿Lo más difícil para dar vida a un instrumento?

-Un instrumento es un todo. Hay que pensarlo como un todo. Es la parte de la cabeza, la voluta. Es escoger la madera. Escoger la madera para lo que uno quiere hacer ya es un reto que debemos de superar. Hay que empezar por el sonido. Plantearse, yo quiero este sonido propio, y voy a trabajar desde el principio pensando en ese sonido. Integrando todos los elementos mientras los estoy trabajando.

-Y usted, ¿dónde busca la madera?

-En Montenegro, en un sitio muy remoto.

-¿Y qué tiene esa madera que no tenga la de otra parte del mundo?

-Unas características físicas, una elasticidad, un peso, una densidad, que la coges y dices: es esto lo que quiero para hacer lo que quiero. Para mí es evidente. La busco en Bosnia, Montenegro, en Servia también, pero menos. Podría hacer instrumentos con otro tipo de madera, pero ya que existe ésta, pues voy a buscarla a pueblos perdidos. Me llama un contacto que tengo y me avisa de que han cortado un árbol.

-Parece que detrás de cada instrumento hay mucha historia.

-Sí, claro. La historia, de la madera o de las herramientas. Yo hago mis herramientas. Pero también tiene mi historia detrás. Todo lo que he podido aprender durante estos años de profesión. He podido mirar lo que me gustaba, lo que no me gustaba y he hecho una síntesis. Ya estoy afinando esa síntesis. Más de treinta años de oficio y empiezo a saber qué es lo que busco. Todavía necesito mejorar mucho, porque siempre hay que ser exigente con uno mismo.

-¿Y un violín suyo suena distinto dependiendo de las manos que lo toquen?

-Sí. No sólo suena distinto, sino que evoluciona de una manera distinta. El que me encarga un instrumento me lo pide porque le gusta el aspecto del instrumento, el contacto y el sonido. Luego, el trabajo es suyo. De esa persona depende cómo evoluciona el instrumento. Es muy importante cómo se toca un instrumento para que evolucione bien. Hay gente que saca el sonido de una manera distinta que otro. Yo lo noto cuando vienen a hacer reglajes. Un instrumento tuyo lo sigues para hacerle reglajes. Yo noto cuando un instrumento está bien tocado y cuando está mal tocado.

-Parece que usted le da la vida y el músico lo educa.

-Totalmente.

-¿Y no le da pena perderse la educación de un 'hijo' suyo?

-No, porque yo soy el que sigue esa educación. Puedo volver a ponerlo en el buen camino con un reglaje. Es una colaboración entre el músico y el luthier muy interesante.

-¿Le han encargado muchos caprichos?

-Caprichos no. Mi clientela no es local. Me llaman de fuera de España. Y mientras más voy evolucionando más importantes son los encargos. Todos los encargos son importantes, pero los músicos que me encargan ahora ya son músicos con más proyección. Hace poco me llamaron de la Filarmónica de Berlín para informarse sobre mis violines. Quiere decir que el boca a boca está funcionando y que mis instrumentos gustan.

-Ser luthier, ¿un oficio o una manera de vivir?

-Al principio es un oficio, hay que aprenderlo. Luego es una manera de vivir. Vives con ello, duermes con ello, estás siempre pensando en ello. Sí, lo llevas dentro.

-¿Y tiene algo de superviviente?

-Más bien de conquistador. De explorador. Es más positivo. Hay que educar un poco a la gente sobre nuestro trabajo. Y ese es un reto interesante.

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