Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago: «Todo el cine es político, ya sea para ennoblecer o para embrutecer»

La película 'José y Pilar' se estrena en el Festival de Ronda con la presencia de su viuda y presentada por el juez Baltasar Garzón

FRANCISCO GUTIÉRREZMÁLAGA.
Pilar del Río, fotografiada en su casa de Granada. ::
                             GONZÁLEZ MOLERO/
Pilar del Río, fotografiada en su casa de Granada. :: GONZÁLEZ MOLERO

Han pasado seis meses desde su muerte y los reconocimientos y homenajes al escritor portugués, Premio Nobel de Literatura, se suceden por todo el mundo. Conciencia crítica de la sociedad actual, a su legado en forma de libros y artículos se suma ahora una película, 'José y Pilar', del director luso Miguel Gonçalvez, con la que se inauguró ayer el Festival Internacional de Ronda Cine Político. La viuda de Saramago asistió a la presentación, estreno en España de un filme que ha tenido muy buena acogida en los festivales internacionales donde se ha proyectado. El juez Baltasar Garzón fue el encargado de presentar la película. Cuando fue suspendido de sus funciones en la Audiencia Nacional, el escritor solicitó para el magistrado el premio Nobel de la Paz.

-'José y Pilar' se presenta como un documental, pero son más de 140 minutos de película...

-Sí, realmente es un largometraje.

-Aunque para España se estrena esta noche -por ayer- en el marco del Festival de Ronda, ya se ha presentado en algunos festivales, ¿cómo ha sido la acogida?

-Muy buena, ¡hay críticos que hablan incluso de llevarla a los Oscar! Se ha presentado en los festivales de Sâo Paulo y de Río de Janeiro, y allí ha ganado el premio del Público. Y en Portugal ha sido muy bien recibida por el público y la crítica.

-¿Cómo surge la idea de hacer esta película?

-Por la educada insistencia de su director, un joven portugués que llamaba y llamaba, muy educadamente, hasta que nos convenció para hacer la película.

-Y para ustedes, ¿fue difícil abrir su casa y sus corazones a las cámaras primero y ahora a público en general?

-No, no fue difícil porque decidimos ignorar las cámaras y al equipo técnico que había detrás y mostrarnos de la manera más natural posible. Nos negamos incluso a maquillarnos. No cambiamos nuestros hábitos ni nuestra forma de vivir, no interferimos en su trabajo ni ellos en nuestra vida, se convirtieron en nuestras sombras.

-Pero tres años de rodaje pueden resultar incómodos o agotadores...

-La película se rodó en tres años, pero durante temporadas. El equipo aparecía y desaparecía. Rodaban en la casa, en los viajes, presentaciones...

-¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de la película?

-Que está hecha con una sensibilidad impresionante. La luz, la música, el dominio de la cámara, cómo introduce la música o cómo sitúa el objetivo. Hay críticos que han escrito que viendo la película les parecía estar ante un cuadro de Velázquez. Y esto en un director con poco más de treinta años que ha conseguido hacer una película que está recibiendo muchos elogios.

-Llama la atención que a pesar de esa visión tan pesimista del mundo que traslada en sus obras, Saramago fuera una persona optimista y divertida en la vida real...

-Saramago es quizás el escritor que menos contraste tiene entre su vida y su obra. Él era tal como su obra. No es que fuera pesimista, sino que tenía los ojos abiertos y veía las desigualdades, la miseria, la pobreza... Él era tan optimista que pensaba que se le podía dar la vuelta a la situación, que juntos podíamos construir un mundo mejor.

-Y otra cosa chocante es que a su edad, incluso enfermo, no dejara de viajar, acudir a conferencias o presentaciones.

-Es que para él el trabajo no era un castigo bíblico ni una maldición, sino un derecho que ejercitaba todos los días. Después de caer enfermo escribió tres libros. Siendo un antidogmático necesitaba tiempo para cuestionar el poder, necesitaba ser una 'mosca cojonera'. Decía que cuando ya no tengamos voz para gritar, aullaremos como el perro. José era la última instancia para muchas personas y organizaciones desesperadas que no encontraban quien les escuchara.

-Cuando la industria tiende hacia lo liviano, ¿tiene sentido un festival de contenido político?

-Me parece muy valiente que Ronda haya afrontado este reto. Todo el cine es político, incluso el que se presenta como puro divertimento, porque lleva detrás un planteamiento que es embrutecer o ennoblecer a las personas.

-¿Puede considerarse la película como un legado de Saramago para futuras generaciones?

-Él no creía en dogmas ni legados, porque el futuro no lo controlamos. Pensaba que cada generación tiene que levantarse por sí misma.

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