Antonio Soler, escritor: «Málaga pudo haber sido la 'Barcelona B', pero no llegó a cuajar»

Ofrece en su nuevo libro una visión personal de los hechos ocurridos en la ciudad entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX

RAFAEL CORTÉS JRCORTES@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Antonio Soler, en plena calle Larios, el centro neurálgico de una ciudad que protagoniza su nueva obra literaria. ::                             SALVADOR SALAS/
Antonio Soler, en plena calle Larios, el centro neurálgico de una ciudad que protagoniza su nueva obra literaria. :: SALVADOR SALAS

En el ocaso del año 2010, Antonio Soler hace un balance positivo de su trabajo literario. «Parece que he hecho los deberes», afirma en tono humorístico. Y es que en primavera editó su última novela hasta la fecha, 'Lausana'. Además, acaba de publicarse una reedición de 'Las bailarinas muertas', una obra que confirmó su posición destacada en la narrativa en castellano en el ámbito internacional. Estos días sale a la venta también su nueva apuesta literaria, un volumen publicado por la Fundación José Manuel Lara dentro de su colección 'Ciudades Andaluzas en la Historia' en el que reflexiona sobre los hechos históricos ocurridos en la ciudad entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX.

-¿Cómo definiría su nuevo libro, 'Málaga. Paraíso perdido'. Diría que es un ensayo novelado?

-No, es un ensayo a secas. Quería hacer algo más que una crónica, no centrarme en una mera enumeración de hechos que van ocurriendo; hay una aportación personal porque hay opinión y puntos de vista subjetivos. Y una visión muy particular para relacionar lo que sucede en Málaga con lo que pasa en el resto del mundo. Se trata de un periodo muy convulso, lleno de actividad de todo tipo: industrial, política, social, criminal, hay guerras... Cuando estaba documentando algunas cosas, he visto que hay un novelón ahí encerrado enorme, pero no era cuestión de eso.

-¿Por qué se decide a acotar esa etapa histórica concreta?

-Me piden que haga una obra sobre Málaga en un periodo histórico que me llamara especialmente la atención y elegí ese porque define muy bien la personalidad de Málaga; lo que todavía estamos viviendo es una consecuencia de esa época. Es una etapa tremendamente interesante por lo que ocurre en Málaga y por lo que sucede en el mundo. La gran actividad anarquista o socialista que hay en Málaga en ese periodo no surge por generación espontánea, responde a unos movimientos obreros de la época que aquí tienen especial incidencia por el carácter industrial de la ciudad. Es una época de ebullición, de revoluciones: la fascista, la comunista, la socialista, el anarquismo, todo eso está ahí.

-Su libro concluye con la entrada de las tropas franquistas, ¿por qué no entró en ese periodo posterior?

-A mediados del siglo XIX Málaga tiene la posibilidad de ser una ciudad muy desarrollada, industrial, una ciudad puntera, una especie de 'Barcelona B', pero finalmente no llega a cuajar. Lo que podía haber sido un paraíso se pierde, de ahí el título del libro. Y cuando se toca fondo es cuando las tropas franquistas entran en Málaga y empieza otra época y otro mundo. La Málaga soñada, libre, vanguardista pasa a la trastienda.

-¿El franquismo fue especialmente dañino en Málaga?

-La represión fue muy dura. A Arias Navarro, que es el fiscal que se encargaba de todo eso, se le conoce a partir de entonces como el carnicerito de Málaga, un título que no es gratuito. Por su desarrollo industrial la ciudad tiene un gran componente ideológico. El proletariado urbano concienciado tiene dos focos importantes en España, uno es Barcelona y el otro Málaga. Cuando empiezan los disturbios previos a la guerra hay una gran represión, muchas veces descontrolada, por parte de milicianos. La ciudad es conocida como Málaga la roja, el primer diputado comunista de España sale de esta ciudad y todo eso pesa en la conciencia de las tropas franquistas y de los dirigentes cuando toman la ciudad.

-¿La agitación social aquí fue más importante que en otras ciudades?

-Sí, Málaga en esa época es un foco muy vivo, dinámico y en ebullición y es frecuente ver aquí a Pablo Iglesias, a los líderes del socialismo y de los movimientos políticos de la época. Era un sitio a tener en cuenta. Y en el campo tenían mucho peso los movimientos anarquistas.

-Usted reflexiona sobre una etapa en la que la industria es importante y en la que también se produce un gran despegue cultural.

-Sí, en esa época hay gente muy interesante. Algunos se quedan, otros que se van como el gran canalla Pedro Luis de Gálvez, prototipo de la bohemia. Además, hay gente de fuera que tiene muchos vínculos con la ciudad y todo eso alcanza su punto más alto con la Generación del 27, que mantuvo una estrecha vinculación con Málaga. Aquí están José María Hinojosa, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre; la revista 'Litoral', sin la que no se entiende muy bien ese núcleo de la generación, y la Imprenta Sur. Todo esto se cuenta en el libro y se relatan experiencias vitales como la de Lorca, que veraneaba aquí de niño y de adolescente, e incluso más de una vez declaró que Málaga era la ciudad andaluza que más quería. Por su parte, Rafael Alberti queda deslumbrado por la ciudad, y como anécdota cabe destacar que su debut 'prostibulario' fue en Málaga, según cuenta en 'La arboleda perdida'. Cernuda publica aquí, Guillén eligió la ciudad para pasar sus últimos días...

Siderurgia y textil

-De esa época permanecen muchos ecos en el ámbito cultural, ¿pero de la etapa industrial, qué queda?

-Prácticamente nada, porque la gran apuesta es la siderurgia y de ella lo que nos queda son las chimeneas como iconos y recuerdo de un mundo pasado que no tiene ninguna vigencia. La otra gran apuesta era la textil, de la que no hay tampoco grandes restos. Pero también en esa época se empiezan a crear entidades y organismos que ven que el turismo puede ser una salida frente a la caída de ese proyecto industrial. Mucho de lo que es Málaga desde el punto de vista del diseño urbanístico se fragua en esta época.

-Y tras repasar la historia para elaborar este libro, ¿cómo ve a Málaga en la actualidad?

-Estamos en un tiempo en el que es muy difícil prever lo que va a ocurrir. Yo he empezado a ver la ciudad de forma global cuando comencé a salir fuera; empiezas a viajar por muchos países y ciudades distintas y tienes otra visión. Creo que Málaga está hoy a las puertas de ser una ciudad competitiva, moderna, con infraestructuras que ahora tienen la ciudad patas arriba pero que cuando se construyan pueden hacer de ella un punto muy vivo y dinámico. Probablemente invertebrado, con islas mal comunicadas como sucede en el terreno cultural, pero una ciudad atractiva y muy agradable para vivir. Hay material humano para hacer una ciudad muy interesante y abierta al mundo.

Evolución cultural

-Habla en el libro de la mala situación de la enseñanza en esa época, algo que ya está superado.

-Sí. El índice de analfabetismo era brutal en ese periodo, de los mayores del país. Una de las grandes alegrías de la Transición fue la enseñanza gratuita y obligatoria y en eso incidían además muchos de los republicanos de la época, que consideraban que la revolución sin alfabetización sería una mera algarada, un puro acto violento.

-Pero sigue habiendo gente que cree que aquí solo hay baile y gente que no paga impuestos...

-Sí, hay muchas personas más allá de Despeñaperros que tienen el cliché tatuado y cuando se les calienta la boca en campaña política afloran las cosas que en otros momentos parecen políticamente incorrectas de decir. Como escritor lo he vivido en muchas situaciones. Recuerdo una vez, estando con José Manuel Caballero Bonald en una reunión en Barcelona, que alguien nos dijo que éramos unos andaluces muy raros. Caballero Bonald preguntó: ¿Por qué, porque no contamos chistes ni estamos bailando? Es una imagen absolutamente distorsionada, pero lo único que nos queda es seguir comportándonos como somos. Se olvidan de que Antonio Machado y Velázquez, por ejemplo, eran andaluces.