Un peregrinaje por América que evitó la quema de la Patrona de Cártama

El rapsoda pasó a la historia local por salvar la talla de la Virgen de los Remedios y engrandecer su fama de señora milagrosa

J. J. B.MÁLAGA.
El artista, en el centro, posa con la figura mariana en una de las iglesias que visitó durante su estancia en Sudamérica. ::
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El artista, en el centro, posa con la figura mariana en una de las iglesias que visitó durante su estancia en Sudamérica. :: SUR

Conocido sobre todo por sus recitales de versos ajenos, José González Marín improvisó un poema propio genial un día de nervios en el convulso año de 1936. Con la Guerra Civil española a punto de estallar y un clima de creciente odio hacia las imágenes religiosas, se celebraba en Cártama la procesión de la Virgen de los Remedios y el artista local, católico hasta la médula, le cantó así a la Patrona: «Por mandatos de la vida; e imperación de la gracia; te he de llevar peregrina; por las azules distancias. Cártama y tú sois mi lema; tú y la patria mi cantar; es mi amor España entera; y mi esperanza, la mar». Entonces, muy pocos lo supieron interpretar, pero González Marín acababa de anunciar sus intenciones de llevársela consigo en el barco que iba a cruzar el Atlántico para llevarle por una gira de más de un año por el continente americano.

El libro escrito por Francisco Baquero relata de manera emocionante toda aquella aventura, de ahí su subtítulo: 'El juglar y la Virgen peregrina'. Baquero califica de «hito mariano» aquella gesta de González Marín, que ha pasado a la historia por salvar de la quema la talla original de una de las vírgenes más veneradas de la provincia de Málaga e, incluso, de Andalucía. El plan del rapsoda cartameño se empezó a gestar en 1935, cuando estaba de gira por España y se percató de que las cosas iban a acabar mal.

Copia de Francisco Palma

En abril del 36, días antes de la festividad de Nuestra Señora de los Remedios, se produjo el cambio. González Marín se llevó la imagen original y dejó en su lugar una réplica elaborada por su amigo, el gran escultor Francisco Palma. Poco tiempo después, se descubriría que el artista estaba en lo cierto, cuando al término de la procesión del 23 de abril, el Frente Popular comunicó al cura párroco que la Virgen ya no se podría guardar más en la iglesia, según relata Francisco Baquero.

El sacerdote optó entonces por guardarla en una capilla que tenía en su casa, pero los milicianos se la acabarían llevando y echándola al fuego, siguiendo el patrón de lo que ocurrió en otros muchos pueblos de España. Pero la verdadera talla estaba ya en poder de González Marín, quien unas horas antes había comunicado sus intenciones al escritor José María Pemán.

El periplo por América fue toda una aventura que llevó al recitador y a su patrona por 16 repúblicas del continente, una gira que reforzó el prestigio y la fama mundial del recitador, quien mantuvo en todo momento a la Virgen cerca. Durante más de un año, fue visitado por gobernadores y presidentes de los estados en los que estuvo, y en todos ellos recibió como obsequio una bandera del país como muestra de fraternidad. Tras su vuelta, todas y cada una de esas enseñas adornaron las paredes de la ermita de los Remedios, hasta que fueron retiradas en la década de los años 60.

Entre la primavera de 1936 y las navidades de 1937, la imagen permaneció en poder de González Marín, a quien la hazaña estuvo a punto de costarle bien cara. Durante el viaje de ida, ya en alta mar, el barco que lo llevaba recibió un cable del Gobierno de la República ordenando la detención del artista y su vuelta a España. «Pero el capitán simuló una avería, atracó en Brasil y le dijo que aprovechara para huir», cuenta Baquero, quien ha recopilado todas estas historias de sus propias conversaciones con González Marín y tras años de investigación y estudio en su copioso archivo.

Anécdotas inéditas

En la obra que ahora se acaba de editar, salen a la luz algunas anécdotas inéditas, como la que tuvo lugar en la travesía de vuelta, a finales del 37. Tras desatarse una terrible tempestad, a los marineros del barco, de nacionalidad inglesa y con destino a Gibraltar, no se les ocurrió otra cosa que cantar villancicos espontáneos a la Virgen ante el asombro del intérprete cartameño. Aparte del rescate de González Marín, el libro relata muchas otras historias relacionadas con Nuestra Señora de los Remedios y que han reforzado su fama de milagrosa.

Así sucedió por ejemplo en el año 1941, cuando una riada se llevó por delante una choza y dejó a una lugareña y su bebé atrapados en lo alto de un árbol. Durante toda la noche, la mujer permaneció rezando a la única luz que divisaba, la de la ermita que guarda a la Virgen, hasta que fue rescatada a la mañana siguiente.