Memoria burlesca de los tópicos españoles

La ironía y el humor predominan en la obra de Eleazar expuesta en la Casa Fuerte Bezmiliana

ENRIQUE CASTAÑOS
Detalle de tres de las obras realizadas por Eleazar. ::
                            
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Detalle de tres de las obras realizadas por Eleazar. :: SUR

La obra entera de Eleazar (Siles, Jaén, 1954) está llena de humor y de ironía. También de admiración hacia la expresión artística de los primitivos actuales y hacia aquellos creadores de la vanguardia histórica o de la neovanguardia que más repararon en el arte de los niños, de los enfermos mentales y de los marginados en general. Las referencias al arte de los primitivos actuales, especialmente el de Oceanía aunque también el africano, están muy claras en las esculturas en madera de Eleazar, cuyas formas elementales y simples, deliberada tosquedad y expresión de lo esencial con un mínimo de recursos las emparenta con lo primigenio, con todas aquellas muestras que huyen de una civilización opresiva.

En su caso no hay ningún afán por revivir los rituales animistas o de la magia simpática, pero sí hay una advertencia a la necesidad de recuperar la inocencia en los modos de expresión. En esculturas como 'El empleado del año', Eleazar rinde homenaje a uno de sus incuestionables mentores artísticos, el francés Jean Dubuffet, que acuñó el término 'Art Brut' para referirse precisamente a un tipo de arte alejado de las normas estéticas vigentes y que supusiera una bocanada de aire fresco y puro.

Pero no puede tampoco olvidarse aquel componente irónico, de cierta irreverencia y desenfado, aunque sin caer nunca en la chabacanería o en una obscenidad gratuita. Estas son las preferencias que marcan su exposición en la Casa Fuerte Bezmiliana, cuyo primer rasgo sobresaliente es la técnica empleada y el tratamiento de los materiales.

Los diversos materiales utilizados simultáneamente en los cuadros, óleo, tiza, collage, carboncillo, le dan al conjunto un aspecto muy característico de técnica mixta, con multitud de grafismos, incisiones, frases y palabras escritas o pegadas, destacando casi siempre o bien poderosas masas en negro o bien formas blancas delimitadas con un contorno negro. La angulosidad de las formas, con numerosas líneas quebradas; el esquematismo de los rasgos, sobre todo los del rostro, con narices y bocas que son simples líneas rectas, o los ojos almendrados, muy abiertos, como los de las antiguas figuras sumerias; la posición frontal, con los brazos pegados al cuerpo y una «infantil» simetría en la composición de las figuras; la esquemática división de los cuerpos representados en cabeza, tronco y extremidades; la rígida composición, en fin, como si fuesen esculturas de madera que tuviesen atenazados sus movimientos o se moviesen muy lentamente como una marioneta articulada, convierten todas estas obras en realizaciones de una elemental expresividad, pero alejada del Expresionismo y cercana a los modelos citados de Dubuffet.

Por último está la iconografía, personajes tópicos de una España subdesarrollada, de la vida rural preindustrial. Junto a ellos, que no son otros que la pareja de la guardia civil, el cura de pueblo, los abuelos, la monja de clausura, el legionario, etc, hay también recreaciones de célebres carteles de películas americanas de la época dorada de Hollywood, siendo una de las más logradas la del cartel de King Kong.

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