Abdullah Al-Thani

El jeque Abdullah Al-Thani tuvo la ocasión de comprar el Liverpool, pero se quedó con el Málaga. Ama la velocidad y los purasangre: tiene 160

Abdullah Al-Thani

El aparcamiento privado del venerable estadio de La Rosaleda, en Málaga, merece estos días una visita guiada. Junto a los coches de los jugadores, invariablemente lujosos y potentes, está aparcado un misterioso vehículo cubierto por una lona. Quien se atreve a husmear un poco bajo el telón, descubre boquiabierto un automóvil fastuoso, con alerones de Fórmula Uno y diseño de bólido futurista. Algunos dicen que cuesta un millón de euros, aunque nadie lo sabe con exactitud y a partir del cuarto cero todas las cuentas se vuelven borrosas. Los futbolistas malagueños aparcan sus audis o sus porsches, pasan a su lado y no le quitan ojo. Lo llaman 'el coche de Batman'. Batman es, en realidad, el jeque Abdullah ben Nasser Al-Thani. Un miembro de la nobleza qatarí, enamorado de la velocidad y de los caballos purasangre, que ha decidido concederse un capricho y comprar el Málaga Club de Fútbol. Abdullah Al-Thani se sentará mañana, a las ocho de la tarde, en el palco de La Rosaleda para vivir el primer partido de Liga de su nuevo equipo, contra el Valencia. El jeque del Málaga parece un hombre afable, pero muy discreto. No concede entrevistas ni habla para los medios de comunicación. En su presentación, sólo la insistencia de los periodistas logró arrancarle una frase en castellano («Hola, ¿qué tal?»). Tiene 43 años, estudió Gestión Económica en Egipto y dirige un conglomerado empresarial (el Grupo NAS) con más de 3.000 empleados e intereses en muchos sectores económicos: hoteles, concesionarios de coches, electrónica de consumo, agencias de viaje... Es pariente del actual emir de Qatar, Hamad ben Jalifa ben Hamad Al-Thani, y, como sus hermanos, primos y tíos, participa en el Gobierno de este pequeño país del Golfo Pérsico, con una dimensión similar a la de Murcia, pero que flota sobre enormes bolsas de gas natural y de petróleo. Abdullah tiene casa en la Costa del Sol y, según su entorno reconoce, tuvo este verano la oportunidad de comprar el Liverpool. Pero el Málaga se cruzó en su vida: a través del empresario sirio Taysir Al Sahoud, conoció a Fernando Sanz, hasta entonces presidente del club andaluz, y comenzaron a hablar de negocios. El fútbol no era un territorio desconocido para el jeque, que es socio de honor del Al Rayyan, uno de los mejores equipos del emirato, donde jugó hace unos años Fernando Hierro. De hecho, según sus íntimos, el jeque Al-Thani, que en los temas económicos va al grano y no se pierde en rodeos, puede pasarse horas y horas hablando de fútbol y de caballos, sus dos grandes pasiones. Un hipódromo en el desierto Abdullah Al-Thani posee cerca de Doha, la capital qatarí, la cuadra Al Naif Stud, con más de 160 purasangre de raza árabe en sus establos. Hace ahora quince años, el jeque Abdullah levantó en medio del desierto un complejo arquitectónico de aire británico, con piscina climatizada, clínica veterinaria, hipódromo e insólitas parcelas de yerbín, que se defienden como pueden del sol abrasador del Golfo Pérsico. Nadie sabe realmente por qué ha querido ahora meterse en el fregado del fútbol. Ni por qué ha elegido el club malacitano. «Tenemos nuestros negocios a 15.000 kilómetros. El Málaga para nosotros es un hobby», confiesa Abdullah Ghubn, un joven ejecutivo de 28 años en quien el jeque ha delegado la gestión del equipo. Tampoco se conoce muy bien cuánto dinero le ha costado al noble qatarí plantarse en la Primera División española. Sí se sabe que el Málaga arrastraba una deuda superior a los 13 millones de euros y que, nada más visitar La Rosaleda, el jeque tomó decisiones costosas: ordenó cambiar el césped, repintar el estadio y acondicionar despachos y palcos. En cambio, su gestión deportiva ha sido, hasta la fecha, poco explosiva. En lugar de seguir el ejemplo del despilfarrador jeque Mansour y su Manchester City, Al-Thani se conduce con prudencia. Se da cinco años para situar al Málaga en la élite y sus mayores fichajes para esta temporada han sido un uruguayo, Sebastián Fernández (3,6 millones), y un venezolano, José Salomón Rondón (3,5 millones), sin demasiado cartel. Además, ha despedido al entrenador anterior, Juan Ramón Muñiz, y ha contratado a un veterano técnico portugués, Jesualdo Ferreria, con más currículum que fama. En total, se ha gastado 13,4 millones de euros para reforzar la plantilla y el Málaga se ha convertido en el quinto máximo animador del mercado de fichajes, por encima del Sevilla o del Villarreal. Unas cifras sorprendentes para un club que siempre anduvo con apreturas, pero discretas para las fortunas fabulosas que se atribuyen a los nobles del Golfo Pérsico. De Mansour a Gadaffi La hojarasca veraniega de rumores, fichajes y amistosos amenaza con ocultar la importancia del desembarco del jeque qatarí, la gran novedad de la temporada 2010-2011 en la Primera División española. Hasta ahora, los inversores extranjeros se habían fijado especialmente en la Premier League inglesa, diez de cuyos veinte clubes están ya en manos de multimillonarios que no han nacido en las Islas Británicas. Si el magnate ruso Roman Abramovich abrió la espita al comprar el Chelsea, su alumno más aventajado es hoy el dueño del Manchester City: el jeque Mansour ben Zayed Al Nahyan. Propietario del Abu Dhabi United Group Investment, Mansour llegó de los Emiratos Árabes Unidos con una chequera insondable y un apetito descomunal por fichar jugadores famosos. Al lado de su patrimonio, cifrado en 16.600 millones de euros, las fortunas personales de los americanos Glazer (Manchester United) o Hicks (Liverpool) caben en una hucha de cerdito. El jeque Mansour compró el segundo equipo de Manchester por unos 300 millones y se puso a gastar como loco: este año, ha invertido más de 150 millones en contratar a gente de pedigrí, como David Silva, Yaya Touré o Mario Ballotelli. De momento, sin resultados. Con mucho menor gasto, su gran rival, el United, sigue siendo más fuerte. Parece como si la historia todavía pesara un poquito más que el dinero. Los aficionados malacitanos, acostumbrados a fajarse en el barro de la escasez, contienen ahora el aliento. Creen haber encontrado un mirlo blanco, pero también saben que, en ocasiones, los jeques se desinflan. Eso le pasó al Portsmouth, cuyos seguidores se las prometían muy felices cuando Sulaiman Al-Fahim asumió la presidencia del club. La gestión de Al-Fahim sólo sirvió para echar la paletada definitiva de tierra sobre el ataúd del Portsmouth, hoy en manos de tres administradores judiciales. El tercer precedente inglés que los seguidores del Málaga deben tener en cuenta es del Fulham, propiedad del egipcio Mohamed Al-Fayed, antiguo dueño de los almacenes Harrod's y padre de Dodi, el último y desgraciado novio de Lady Di. Al-Fayed puede presumir de estabilidad: compró el Fulham en 1997 y no lo ha abandonado desde entonces, aunque tampoco ha llevado al club a las cimas europeas. La liga italiana ejerce su atracción, sobre todo, en el Norte de África. La familia del coronel libio Muammar el-Gadaffi controla el 7,5 % de la Juventus e incluso su hijo Saadi, que se las da de futbolista, consiguió militar (nadie dijo jamás a cambio de qué) en tres equipos de la Serie A: Perugia, Udinese y Samporia. Salvo algún minutillo de cortesía en partidos intrascendentes, sólo conoció el sabor del banquillo, aunque Saadi el-Gadaffi tuvo el honor de lograr una plusmarca: fue sancionado a tres meses de suspensión por doparse con nandrolona sin siquiera haber saltado al césped. El balón, que mañana comenzará a correr en La Rosaleda, decidirá en última instancia qué modelo sigue el Málaga Club de Fútbol. Mientras tanto, la personalidad y los objetivos del jeque Abdullah ben Nasser Al-Thani siguen, como su coche fantástico, ocultos por un telón de misterio.

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