Los primeros festejos tras la conquista de Málaga por los Reyes Católicos

En sus orígenes, la fiesta tuvo un doble cariz: de un lado estaban las celebraciones donde se exaltaba el significado religioso, político y militar, y de otro los mercados y el movimiento económico

ELÍAS DE MATEO AVILÉS
Plaza Mayor, actual plaza de la Constitución, en una imagen del siglo XVI donde tuvieron lugar algunos de los festejos malagueños que se describen en este artículo. :: SUR/
Plaza Mayor, actual plaza de la Constitución, en una imagen del siglo XVI donde tuvieron lugar algunos de los festejos malagueños que se describen en este artículo. :: SUR

L A CONQUISTA CASTELLANA (1487)

Fijar los orígenes de la actual Feria de Málaga no resulta tarea fácil. La ciudad, desde sus más remotos orígenes griegos y púnicos, tuvo en cada período histórico su particular calendario de festejos.

Pero, sin duda, los antecedentes más remotos de nuestra feria bien conocidos hay que situarlos a fines del siglo XV con la conquista por parte de los ejércitos de los Reyes Católicos, el 19 de agosto de 1487. La ciudad fue desalojada de sus vecinos musulmanes. Nuevos pobladores de la Baja Andalucía y de Castilla se instalaron dentro de sus murallas. Se repartieron casas, solares y tierras, y una nueva vida, una nueva cultura que traía en sus alforjas la tradición cristiana, medieval, europea, y, desde luego castellana, comenzó su andadura.

Había que crearlo todo partiendo de cero. Así van surgiendo en los últimos años del siglo XV desde el Cabildo Municipal a la Catedral, asentada sobre la vieja Mezquita Mayor, los gremios, las parroquias y conventos, las cofradías. En resumen todo aquel conjunto de instituciones que conforman la actividad social, económica y política de una comunidad que, a buen seguro, ¡también querría divertirse!

SU CONMEMORACIÓN

Varios certeros testimonios nos hablan, en estos finales del siglo XV, de la organización y establecimiento de dos tipos muy diferentes de festejos. Ambos poseen todavía un claro carácter medieval.

Fue el primer festejo que celebró la Málaga cristiana. Su función concreta era perpetuar en la memoria colectiva de los malagueños la ya referida toma de la ciudad por los ejércitos de los Reyes Católicos.

El Ayuntamiento acordó, en 1491, celebrar una fiesta anual el día de la Virgen de Agosto, asistiendo a las vísperas y a misa todo el Concejo y predicándose en la antigua Mezquita Mayor, ya acondicionada como Catedral, exaltando el especial significado religioso, político y militar de la conmemoración. También se correrían toros y cañas. Los carniceros de la ciudad tendrían la obligación de entregar cuatro toros para la celebración. Por último se verificaría una procesión solemne encabezada por los cabildos eclesiásticos y civil hasta la capilla de San Luis situada en el monte de Gibralfaro. Ese año de 1491, eL Ayuntamiento ofreció también un convite a las demás autoridades que costó 557 maravedíes.

Al año siguiente, en 1492, se modificó el orden y el día del festejo. El primer obispo de la recién restaurada diócesis, Pedro Díaz de Toledo, trasladó la fiesta solemne al 19 de agosto, día de San Luis, obispo, con «procesión solemne con toda la Clerecía de la Iglesia mayor (Catedral) y con todo el pueblo de esta ciudad, hasta la iglesia de Santiago. Por ende mandamos a vos, los sobredichos Estados Eclesiástico y Seglar que así lo guardéis y hagáis y cumpláis (.)». Dicha procesión, quedó definitivamente establecida como acto religioso más importante de la primera fiesta de la naciente ciudad cristiana. A buen seguro, que tras la solemne procesión se organizarían algunas actividades de carácter lúdico que contribuirían al solaz y diversión de la población.

LOS ORÍGENES Y EL EMPLAZAMIENTO

El segundo festejo en importancia de la Málaga cristiana a fines del siglo XV, quizás más antiguo que el anterior, tenía muy distinta finalidad y naturaleza. El 28 de septiembre de 1489 la Reina Isabel la Católica firmó en Jaén una Real Cédula para que hubiese en Málaga una feria-mercado cada jueves del año en el arrabal, eximiendo de impuestos extraordinarios a los que a ella concurriesen. Así implantaba en la recién conquistada ciudad esta antigua institución medieval de carácter lúdico-mercantil. Esta, según Díaz de Escovar, «la feria empezaba en la Puerta de Granada (actual plaza de la Merced) y seguía por lo que hoy es la calle de Álamos, a lo largo de la muralla hasta la Puerta de Buenaventura. Gran número de cristianos y no escasos de judíos y moros llevaban allí sus mercaderías y los vecinos de Málaga las agotaban. El lugar resultaba estrecho y de gran incomodidad para compradores y vendedores. Se buscaron entonces varias posibles soluciones. Finalmente instalarlo en la explanada que actualmente se corresponde con la plaza de la Merced, extendiéndose hasta el inicio de la aún inexistente calle de la Victoria. Se delimitaba así el terreno que habría que quedar sin construir y que comenzó a denominársele como plaza del Mercado, y también de los Álamos por los árboles que se plantaron para dar sombra a los feriantes.

Esta feria-mercado semanal debió tener también su proyección festiva y de diversión.

LA CELEBRACIÓN DEL CORPUS

La principal fiesta religiosa cristiana a finales de la Edad Media llegó a Málaga de la mano de su primer obispo, Pedro de Toledo en 1488. Sus elementos fundamentales eran la procesión y la función eucarística. La primera va a sufrir en su recorrido ciertas variaciones hasta que quedó establecida en junio de 1498 de la siguiente forma: «Saliese por la puerta nueva de la iglesia mayor (Sagrario) a la puerta de Granada, de allí por dicha calle a la plaza de San Sebastián a la iglesia de San Juan, Puerta del Mar (.) calle Nueva, la Plaza, calle de Mercaderes hasta tornar a entrar por la puerta del Perdón». Junto a la Sagrada Forma y a las representaciones oficiales del Cabildo Catedral, Ayuntamiento, cofradías, clero secular y regular, aparece un elemento festivo: La Tarasca. Se componía ésta de una «cohorte de gigantes, enanos, diablos y animales, todos grotescos y de monstruosa figura (.). A veces, en la cabeza de La Tarasca que aparenta un infierno, se oculta un hombre que dispara cohetes y fuegos artificiales durante el recorrido». Además, se celebraba en la actual plaza de la Constitución el espectáculo de toros y cañas.

En todas estas celebraciones malagueñas de fines del siglo XV aparecen toda una serie de espectáculos y diversiones que hicieron furor. Estos juegos y espectáculos tienen un origen castellano, y los traen a Málaga los nuevos pobladores. Muchos adquirirán un fuerte arraigo y se seguirán organizando y practicando durante siglos.

-Juegos de Toros y Cañas:

Constituye el juego y a la vez el espectáculo popular más antiguo del que tenemos noticia en nuestra ciudad. Aparecen generalmente citados juntos como si formasen parte de un mismo espectáculo, ya que se celebraban el mismo día; en el mismo lugar y sin solución de continuidad.

De ellos dice Deleito y Piñuela: «Cañas, torneos y demás fiestas análogas coincidían en ser fingido duelos entre jinetes armados, generalmente de alta alcurnia, y, a la vez, certámenes de destreza en la equitación y en el manejo de las armas».

Todo comenzaba en una gran explanada o plaza cuando varios caballeros se agraviaban de manera fingida enviando a sus padrinos al contrario para concertar la lucha. Cada una de las cuadrillas de caballeros desfilaba a continuación ante el público al son de instrumentos militares. Acto seguido los padrinos se acomodaban sobre unas tarimas o tribunas dispuestas al efecto y daban la señal para que el juego comenzase. Entonces los caballeros, enfrentándose por parejas, fingían luchas con espadas corteses como si fuesen figuras de ballet, realizando vistosas piruetas. Toda esta danza guerrera constituía en realidad el prólogo del verdadero juego que comenzaba cuando los escuderos o lacayos hacían su aparición portando cestos con la cañas, que proporcionaban a sus respectivos señores. «Empezaba el juego -escribe Deleito- con la aparición de una cuadrilla que recorría la plaza desfilando ante las que esperaban apostadas enfrente y atacando por fin a una de ellas, a la cual arrojaba cañas al aire, sin dejar de correr. Los atacados replicaban en igual forma, y unos procuraban evitar el choque de aquellos proyectiles, empuñando con la diestra la daga como escudo protector (.) a la vez que con la izquierda mano sostenían las rienda de su corcel». Si un caballero se metía entre los enemigos, éstos le hacían cautivo. Las cuadrillas se turnaban en ser atacantes y atacadas. En ocasiones los grupos evolucionaban juntos formando traveses o cruces de gran vistosidad.

Los toros podían tener lugar bien antes o después de las cañas y en el mismo lugar. Naturalmente eran lidiados a caballo mediante el arte del rejoneo.

-Correr palios:

Consistía en una carrera, llamándose 'palio' al trozo de tela que se otorgaba como premio al que llegaba primero. En 1522, con motivo de la visita a Andalucía de Carlos I, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Agosto, se acordó «que se corriesen tres palios en esta manera. Los varones, uno que fuese de tres varas de damasco; otro, las mujeres de la mancebía de tres varas de raso; y los negros un sayo de paño, y una caperuza colorada o amarilla, y que las dichas mujeres hubiesen de correr desde la lengua del mar hasta las puertas de las casas de Cabildo; y los negros desde Atarazanas hasta la dicha casa Capitular», según Medina Conde.

-Los juegos de Alcancías: Consistiría en que «varios jinetes, gente noble por lo regular, evolucionaban en la Plaza Mayor, tirándose alcancías que se quebraban contra los escudos». Eran, pues una variante de las cañas ya descritas.

-Colgaduras y luminarias: En los primeros festejos malagueños del siglo XV era indispensable que calles, edificios públicos y casas particulares se adornasen con colgaduras, plantas y flores y, por la noche, apareciesen iluminadas con hachas, antorchas y faroles. Hay un auténtico empeño por crear una especie de día artificial. Había dos tipos de iluminaciones: «La corriente de casas, calles y plazas con luces que a veces se agrupaban artísticamente y hacían juegos móviles por medio de artefactos mecánicos, y las que formaban parte de estructuras más complicadas, a modo de altares creados con vistas a una exhibición fundamentalmente nocturna».