Michelle se deja seducir por Ronda

Madre e hija visitaron diversos monumentos, probaron el jamón y un postre típico de la localidad. Cientos de vecinos tomaron las calles de la Ciudad del Tajo para recibir a la familia Obama

SELENE VEGA CIUDADANOS@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
La pequeña Sasha se abanica ante la mirada de su madre en uno de los balcones de la Casa del Rey Moro. ::                             ANTONIO SALAS/
La pequeña Sasha se abanica ante la mirada de su madre en uno de los balcones de la Casa del Rey Moro. :: ANTONIO SALAS

Ronda impoluta. Como si se tratase de una postal, el paso de las calles estaba expedito a las 9.30 horas. No había ni coches mal aparcados, ni una sola grieta en las fachadas níveas; hasta el calor estival parecía haberse cohibido, pues corría una brisa fresca. Todo estaba preparado para lo que iba a suceder; agentes de paisano se mezclaban con los rondeños, que parecían disimular, tranquilos como siempre, viendo pasar el tiempo en el pueblo. Algún vecino no daba crédito a tal despliegue: «¿Y toda la calle la van a cortar sólo porque venga 'la Obama'?».

En menos de dos horas, la aparente quietud se tornó en locura. El pueblo entero y los turistas que se encontraban visitando monumentos empezaron a correr de un lado a otro. Multitud de medios de comunicación, absolutamente desconcertados, trataron de averiguar desde donde aparecería, pero al doblar cada esquina de las estrechas calles del municipio, se encontraban a un agente de la Policía Local o Nacional que les cortaba el paso.

Mientras tanto, el sonido de las aspas de helicópteros que sobrevolaban el lugar anunciaba su llegada: era la primera dama de los Estados Unidos Michelle Obama, con su hija Sasha. Cada una en un coche, seguidos por una larga comitiva de catorce vehículos en total contratados a una empresa malagueña. Están de vacaciones, por lo que la visita a Ronda no era oficial y pretendieron tener la máxima privacidad. Se dirigieron velozmente por el Puente Nuevo hacia el Parador de Ronda. La multitud se agolpó alrededor de los coches. Sin embargo, solo pudieron intuir sus sonrisas, dado que la nube de guardaespaldas se afanó en que no las alcanzaran las miradas de los curiosos ni los objetivos de los fotógrafos profesionales.

La mujer del presidente de Estados Unidos se adentró en la historia de Ronda paseando a pie con su hija y los amigos que las acompañaron hasta la Casa de Don Bosco, un palacete modernista construido a inicios del siglo XX ubicado en la cornisa del Tajo. Después visitaron la Iglesia Mayor, donde quisieron pagar su entrada. «Se mostró como una madre con su hija, cariñosa y muy agradecida por la cordialidad con la que se le trató», indicó el párroco que la guió, Salvador Guerrero. Allí, Michelle Obama se interesó por los bellos retablos y un frontal de plata del altar mayor. Luego se le dio una medalla conmemorativa de la iglesia y unos libros de carácter religioso.

Continuó a pie, en privado, por las calles cortadas para ella. Tan solo los vecinos que permanecían en sus casas podían seguir de cerca el desfile desde sus balcones. La multitud la aguardaba en la plaza del Ayuntamiento donde la recogían los coches oficiales, colocados estratégicamente para tapar su imagen. Algunos espectadores indignados les recriminaron con gritos a los conductores dicha estrategia. Dos jóvenes intentaron franquear la seguridad sin éxito: «¡Sólo quiero pasar para ir a mi casa!», se excusó una de ellas. Pero la cámara digital que llevaba en la mano delataba sus intenciones. Otra pareja alemana también quería ver a la mujer de Barack Obama. «Ojalá lo consigamos», apuntaron Cornelia y Lothar Luthz, que estaban haciendo turismo. «Es muy alta, guapa y con clase», apuntó la francesa Michela Parra, que estaba a su lado.

Tanta espera tuvo su recompensa. A las 12.30 horas, Michelle les regaló a los presentes un rápido gesto de saludo y se montó veloz en el coche. «Me ha parecido un poco sosa, no le costaba nada saludar más, como la reina», se quejó una vecina.

Casa del Rey Moro

La siguiente parada de las Obama fue la Casa del Rey Moro, que data del siglo XVIII. La edificación está formada por tres zonas diferentes, cada una de una época: la casa, los jardines y la mina, a la que bajaron. Después tuvieron que subir 365 peldaños, tras lo que descansaron a la sombra y contemplaron las vistas de los jardines de Forestiere, diseñados y construidos en 1923 por el famoso paisajista francés que les dio nombre.

La casa perteneció a la Duquesa de Parcent y el propietario actual, Jochen Knie, conversó con Michelle Obama. «Me dijo que estaba encantada de estar aquí y que le había fascinado Ronda», aseguró Knie al tiempo que añadió que él le comentó que quería hacer allí un hotel y la primera dama de Estados Unidos, le respondió que le parecía un lugar idílico para ello y le prometió volver para hospedarse en él si esto sucedía.

Mientras tanto, algunos vecinos se peleaban con los periodistas por ocupar la primera fila para ver a Sasha y Michelle Obama. Esta última, previsora, se puso unas deportivas grises en algunos momentos del recorrido para estar más cómoda. En otros, optó por unas sandalias abiertas, calzado con el que pisó con garbo el restaurante El Escudero, donde almorzó a las 13.00 horas.

Allí, las Obama probaron el jamón que, según fuentes del restaurante, les encantó. El menú de la chef Faviola Higuero se completó con una lasaña de langostinos y una ensalada de queso de cabra con base de manzanas. Sasha prefirió espaguetis con tomate y queso manchego. Aunque no estaba previsto, se les ofreció un postre típico rondeño -yemas del Tajo- y les gustó mucho. Bebieron agua y refrescos, nada de alcohol.

Arca tallada a mano

En total fueron catorce comensales en la segunda planta reservada para ellos con vistas al Tajo. Michelle se sentó en una mesa con dos de sus amigas y su hija en otra con las suyas. Los dueños del restaurante regalaron a la señora de Obama un arca tallada a mano de unos ochenta años de antigüedad.

Pasadas las cuatro de la tarde se cambiaron y descansaron en una suite del Parador para finalmente visitar la Real Maestranza de la Caballería de Ronda -el edificio construido en piedra ex profeso para juegos taurinos y ecuestres más antiguo de España- y contempló los museos colindantes. El director general del complejo, Ignacio Herrera, apuntó que quedó encantada con la visita y la estética de la plaza.

Una excursión que no dejó indiferente a ninguno de los presentes y que según la gerente de Turismo del Ronda, Mamen Ruiz, tendrá repercusiones muy positivas en el municipio ya que la propaganda es «impagable», reconoció.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos