Las Obama se asoman al Mediterráneo

En el ecuador de sus vacaciones, Sasha se dio un largo baño mientras su madre se resguardó en una jaima del Club de Mar Villa Padierna. La mujer del presidente de EE UU y su hija disfrutan de su primer día de playa en la Costa del Sol

C. GONZÁLEZ ESTEPONA.
La pequeña Sasha estuvo más de una hora dentro del agua. ::                             JOSELE-LANZA/
La pequeña Sasha estuvo más de una hora dentro del agua. :: JOSELE-LANZA

'Cerrada por cabalgata'. Al cartel, que colgaba de una valla instalada por el Ayuntamiento de Estepona y que no había sido retocado para la ocasión, no le falta razón para tener cortada al tráfico la calle. Si no una cabalgata, al menos lo que estaba por llegar era una romería de vehículos de alta gama con los cristales tintados tras los que se camuflaban Michelle Obama, la primera dama estadounidense, y su hija Sasha, amén del grupo de amigos que las acompañan en sus vacaciones a la Costa del Sol y de incontables agentes del Servicio Secreto. El viaje, que se anunciada como privado desde la Casa Blanca, se ha convertido en tan público que allá donde la esposa del presidente de los EE UU pone sus sandalias hay una marabunta de periodistas y de curiosos arremolinados en torno a los precintos policiales para captar una instantánea de las ilustres turistas. Ayer no iba a ser menos. En el ecuador de sus vacaciones en la Costa del Sol, madre e hija se decantaron por asomarse por primera vez al mar Mediterráneo desde que su avión tomó pista en Málaga el pasado miércoles.

El destino elegido: el Club de Mar del hotel Villa Padierna, el mismo en que se aloja la nutrida comitiva pero que, al contrario que el establecimiento, no se ubica en Benahavís sino en la playa de Estepona. A las diez, los agentes de la Policía Nacional y Local ya se contaban por decenas en las inmediaciones de la playa de El Saladillo, en Estepona. No fue hasta dos horas y media más tarde, con el mercurio apretando de lo lindo, cuando comenzó a desfilar la caravana de trece vehículos, incluidos los 'chevrolets' blindados en los que viajan la primera dama y su hija.

Fue un visto y no visto. Entraron de espaldas, sin volverse para saludar a los cientos de personas tras el precinto policial. «Michelle, guapa», se desgañitaba una señora que se quedó con el gozo en un pozo. Diez minutos después la pequeña Sasha, con un colorido bañador, se daba el primer chapuzón. El baño fue interminable. Pasó más de una hora jugando en el agua con sus tres amigas y bajo la atenta mirada de un escolta sumergido en traje de neopreno. Ideal para no acabar más arrugado que una pasa. Estoicamente, el agente supervisó a pocos metros cada movimiento de la chiquillería, que saltó, buceó y fue a lo suyo.

Resguardada en una jaima

De Michelle Obama apenas hubo rastro. La primera dama, con camiseta negra y pañuelo de flores adornando primero su pelo y luego el cuello, se pertrechó bajo una jaima blanca y descansó en las hamacas del 'beach' con su grupo de amigos. «Han pedido 'mojitos'», comentaba uno de los empleados del establecimiento. Con segunda ronda incluida, que la ocasión lo ponía en bandeja. Sobre las tres de la tarde, la cocina del Club de Mar Villa Padierna, tan flamante que fueron las primeras en poner un pie en el 'beach' de 500 metros cuadrados e inspirado igualmente en la Toscana, se estrenaba con un menú mediterráneo.

«Han sido las encargadas de inaugurar el club», comentaba satisfecho el propietario del Villa Padierna, Ricardo Arranz, con una puesta de largo histórica, como todo el periplo de las Obama por la Costa del Sol. Los vecinos también estaban encantados. «Han arreglado en cuatro días lo que no han hecho en años», refería un residente sobre la retirada de piedras 'ex profeso'. Todas las administraciones contribuyeron a que la jornada playera fuera posible. Desde Moncloa, que facilitó la autorización de Costas para blindar 45 metros de litoral para la familia Obama, a los gobiernos regional y local.

En la agenda de la primera dama había escritas ayer dos opciones, que no incompatibles, jugar al tenis en el club privado a primera hora de la mañana y almorzar a pie de playa tras entregarse en la tumbona a los rayos del sol. La primera se cayó del 'planning' por motivos de seguridad. Un coche sospechoso mantuvo entretenidas a las Fuerzas de Seguridad durante un largo rato. Falsa alarma.

A las cuatro de la tarde abandonaron la playa. Tras descansar en la villa, la pequeña Sasha disfrutó de una visita privada al parque Selwo Aventura. El broche a un día igual de completo que las tres jornadas que llevan en la Costa del Sol iba a ponerlo anoche una cena para 25 personas en La Veranda, el restaurante del hotel. Hoy se prevé que visiten Ronda. Mañana Michelle Obama almorzará con los Reyes en Mallorca. Después, volverá a cruzar el charco.

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