El cine de nunca jamás

MIGUEL ÁNGEL OESTEMÁLAGA.
Jonnhy Depp y Kate Winslet, en un fotograma de 'Descubriendo nunca jamás'. ::
                             SUR/
Jonnhy Depp y Kate Winslet, en un fotograma de 'Descubriendo nunca jamás'. :: SUR

Es fácil imaginar la alegría de James Matthew Barrie al descubrir el cine. Una expresión artística que deja a los actores y actrices suspendidos en el tiempo. Sin crecer. Cine y Peter Pan, el único niño que no crece y la única expresión que detiene el tiempo, riéndose en la Roca de los Abandonados, conectados por siempre jamás en la mayor aventura de todas: desafiar a la muerte. «El cine es para Barrie lo más parecido a soñar despierto, a vislumbrar ese otro mundo donde el tiempo se repite una y otra vez. Barrie lo filma todo para que nada crezca (.). Es algo milagroso, explica Barrie: los actores de sus obras de teatro van envejeciendo con el paso del tiempo y de las funciones; los actores de las películas, en cambio, son jóvenes siempre». Son palabras que tomo prestadas -alterándolas levemente- del maravilloso libro escrito por Rodrigo Fresán, 'Jardines de Kensington', seguramente el mejor y más imaginativo retrato sobre Peter Pan, su creador, la espectral infancia y los fantasmas de la vida.

Sin embargo, no hay que confundirse, pues el cine tal vez no sea para tanto. En cambio, Peter Pan sí. Porque el cine puede crear mitos, pero Peter Pan es el mito. Uno que no envejece. Aunque de un modo paradójico se expande desde que se representara por primera vez en un teatro de Londres en 1904. A partir de ese momento una sola palabra: éxito. Una palabra efímera que en James M. Barrie es inmortal. Así, la pieza teatral es convertida por su autor en un cuento años más tarde, con el título 'Peter Pan y Wendy', que es lo que conocemos, lo que, década tras década, se ha interpretado o adaptado en las distintas versiones cinematográficas; o quizá habría que decir distorsionado con la falsa magia de las imágenes en movimiento.

Desde su estreno la historia del niño que se niega a crecer se reprogramaba todos los años con éxito. El escritor hacía constantes modificaciones a su pieza. Era un perfeccionista y le gustaba controlar hasta el más mínimo detalle. Pero también estaba seducido por el cinematógrafo y quería llevar su obra al celuloide. Además, Hollywood no era ajeno a los triunfos, a los desafíos, al contrario, los hacía propios, y adaptar Peter Pan era -es- uno de los mayores desafíos.

El papel de Peter Pan

La Paramount optó por Herbert Brenon, un cineasta de origen irlandés especializado en el género de aventuras. Ahora bien, James M. Barrie estuvo en todo momento revisando el proyecto -de hecho, firmó el guión junto a Willis Goldbeck-, haciendo sugerencias, aunque no todas fueron escuchadas. Se cuenta que Barrie pensaba que Charles Chaplin podía ser un buen Peter Pan, pero como el personaje siempre había sido interpretado por féminas, ni se atendió su idea. Al final el papel cayó en el rostro de Betty Bronson, que compartía reparto con Mary Brian (Wendy). Con seguridad Barrie tuvo algo que ver en dichas elecciones. El rodaje empieza en septiembre de 1924 y se estrena con todos los honores en el Rivoli Theatre de Nueva York el día de Navidad de ese año. Es el acontecimiento de la temporada. Las críticas de la época fueron buenas, pese a que con el transcurso del tiempo también se aludió a que la película se acercaba y era muy fiel a la obra de teatro. Sea como fuere, este filme silente desprende cierto encanto primigenio.

Con todo, para la mayoría de los mortales el primer recuerdo del personaje se emparenta con la versión animada de Disney de 1953. Una versión colorista, soñadora e inolvidable, que sin duda alguna popularizó de un modo brutal a Peter Pan, y eso a pesar de traicionar con su final el espíritu del personaje y la historia. Circunstancia que no influyó en la taquilla, puesto que fue la película que más recaudó ese año.

Si olvidamos su traicionero desenlace, la versión Disney tiene momentos que conforman parte de la memoria de cualquier niño del orbe, como la primera aparición de Peter Pan en el tejado de los Darling y la escena de la sombra y Peter y Campanilla con Wendy y sus hermanos recorriendo Londres por la noche, y su llegada al País de Nunca Jamás, pero sobre todo, la energía que derrocha un filme que todavía se mantiene en pie y permanece inalterable. Sólo hay que detenerla antes de su detestable final. Un pequeño peaje.

Menos afortunada es la incursión de Steven Spielberg en el chico de leotardos verdes, con 'Hook, el Capitán Garfio' en 1991. Si bien el planteamiento es interesante -un Peter Pan adulto, amnésico, con el rostro de Robin Williams, que se ha convertido en un pirata de los negocios-, el resto de la película es una sombra engañosa de sí misma que infantiliza la historia y olvida las claves en las que verdaderamente se mueve la obra de Barrie. No tiene ese problema la adaptación del australiano P. J. Hogan, 'Peter Pan: la gran aventura', donde el niño que se negaba a crecer aparece más cercano a su origen salvaje, donde el director trata de ahondar en la profunda psicología de los personajes. Sin embargo, tiene otros muchos inconvenientes. Uno de los principales: la elección del actor que da vida a Peter, con lo que todo queda dicho. Hay otras adaptaciones, como la segunda parte que realizó Disney directamente para DVD, titulada 'Peter Pan 2. Regreso al País de Nunca Jamás', pero ninguna significativa. Ni siquiera el artero biopic sobre la figura de Barrie perpetrado por Marc Foster, 'Descubriendo nunca jamás' (2004), merece relacionarse con el genio del escritor inglés. No es que la elección de Deep sea desafortunada, es que la película resulta una acumulación de despropósitos edulcorados. Y es que, si exceptuamos sus dos primeras adaptaciones, no ha tenido mucha suerte Peter Pan cada vez que se le ha llevado al cine, porque el cine, aunque no lo crean, no es para tanto, pero Peter Pan, aunque tampoco lo crean, sí.