Un pionero en la protección del patrimonio

De la mano de Paulino Plata, el veterano gestor regresa a la política activa en un interesante momento profesional Bartolomé Ruiz González Secretario general de Políticas Culturales

FRANCISCO GUTIÉRREZMÁLAGA.
Bartolomé Ruiz, en la sede de la consejería en Sevilla. ::
                             NIEVES SANZ/
Bartolomé Ruiz, en la sede de la consejería en Sevilla. :: NIEVES SANZ

Ha ocupado los cargos más relevantes de la Administración regional en momentos en los que todo estaba por hacer. Después de unos años en relativo retiro al cobijo de los milenarios dólmenes de Antequera, Paulino Plata, nuevo consejero de Cultura, le ha rescatado para la política activa. Bartolomé Ruiz González (Casabermeja, 1954) ocupa la Secretaría General de Políticas Culturales. Un nombramiento que le llega en un gran momento profesional. Cuando se cumplen 25 años desde que la Junta asumiera las competencias en Cultura, Bartolomé podrá comprobar los resultados de aquel trabajo ilusionante que comenzara con otros pocos pioneros en la protección del patrimonio.

Natural de Casabermeja, vive en Antequera, su otro pueblo. Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Málaga. Su carrera profesional la inicia en la Diputación de Málaga, en 1979, como arqueólogo provincial. Y en la Junta de Andalucía ha pasado por casi todos los cargos de alta responsabilidad en el ámbito cultural: director general de Patrimonio Cultural (1983-84), de Bellas Artes (1984-86) y de Bienes Culturales (1986-1988). Durante dos años fue viceconsejero de Cultura. También ha dirigido el conjunto monumental de La Cartuja de Sevilla y el monumental y arqueológico Dólmenes de Antequera (desde 2004 y hasta su reciente nombramiento).

Sus trabajos en la protección del patrimonio se cuentan con premios. Como arqueólogo provincial desarrolló en los años setenta la Arqueología Urbana de la provincia de Málaga, una metodología para el planeamiento que le valió el Premio Nacional de Urbanismo en 1980, primero de estas características que se concedía a un arqueólogo. También fue premiado su trabajo en la restauración de La Cartuja de Sevilla.

Conservación y desarrollo

Pero la conservación no se ha llevado muy bien con el crecimiento desordenado y, mucho menos, con la especulación. Los primeros dolores de cabeza le llegarían en Alameda, trabajando entonces para la Diputación. Una orden religiosa hacía obras para un convento y residencia. Aparecieron restos de unas termas. La intervención de los arqueólogos, paralizando las obras, provocó cierta turbación. Hoy, la orden tiene su convento y residencia en un nuevo terreno y el pueblo unas termas y necrópolis excavadas, estudiadas y puestas en valor.

Más que de los premios, se siente orgulloso de sus hechos. Dice con indisimulada satisfacción que el Plan General de Bienes Culturales que impulsó fue aprobado por unanimidad de todos los grupos parlamentarios. Era el primer documento de estas características que se aprobaba en España. Al mismo tiempo se crearon los gabinetes pedagógicos de Bellas Artes, con el objetivo de concienciar a los jóvenes.

Entonces, en un artículo en SUR, ya advertía de que los primeros problemas llegarían de los Ayuntamientos. No se equivocaba. Con los de Jerez, Córdoba, Granada y Málaga tuvo sonados enfrentamientos. En el caso de la capital, por su empeño en proteger los restos de muralla aparecidos en el aparcamiento de la Marina. Su cese como director general de Bienes Culturales fue el precio que pagó.

Militante socialista de la agrupación de Málaga capital, se considera católico, pero no practicante. Ha sido pregonero de la Semana Santa en Casabermeja, Archidona y Antequera. Aficionado a la música, aprovecha los fines de semana para pasear y visitar los lugares arqueológicos en los que comenzó hace años esta dilatada actividad profesional y de servicio público.

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