El cómic pinta bien desde Málaga

Aunque el manga y los superhéroes acaparan las preferencias, la novela gráfica se afianza entre el público adulto La prolífica cantera local se consolida tras una larga trayectoria y saca la cabeza en el mercado internacional

MARINA MARTÍNEZ MMARTÍNEZ@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
El cómic pinta bien desde Málaga

Ni Spiderman, ni Superman, ni Batman. Tanto tiempo viendo películas fantásticas y, al final, el superhéroe lo tiene a la vuelta de la esquina. Concretamente, pared con pared. Poco podía imaginarlo José Ramón, un estudiante de oposiciones que descubre accidentalmente los poderes de quien convive en la puerta de al lado. Su rutina se trastoca, pero no importa. Por muy surrealista que parezca, acaban siendo amigos. Incluso tendrá que sacarle de más de una situación comprometida. La pregunta es: ¿Podría pasarle a cualquiera? Según el guionista madrileño Santiago García y el dibujante malagueño Pepo Pérez, sí. Al menos, así lo reflejan en 'El Vecino' (Astiberri Ediciones), un cómic sobre la amistad y la vida cotidiana salpicado de humor con el que han conquistado a medio país en una serie que va ya por la tercera entrega -anuncian cinco-.

Desde que naciera, hace casi seis años, no ha hecho más que recibir aplausos. El primer álbum fue nominado en los premios del Salón del Cómic de Barcelona de 2005 a mejor guión, mejor obra y autor revelación (Pepo Pérez). Y el último vuelve a estar nominado a la próxima edición, que se celebrará a principios de mayo. También a mejor obra y guión, así como al premio a la divulgación del cómic (Pepo Pérez). No se pueden quejar. Tampoco los artífices de la revista 'Cthulhu' -nominada asimismo a los premios del certamen catalán-. Fundada hace cinco años por autores malagueños, se ha afianzado en el gremio e incluso está a punto de dar el salto al mercado norteamericano a través del prestigioso catálogo 'Previews'.

Son sólo algunos de los puntales de un sector que encuentra en Málaga un fértil caldo de cultivo -incluso acunó una editorial especializada, Saturno- para una prolífica cantera que ya se exporta fuera de nuestras fronteras auspiciada por años de constancia, por el empuje de Internet y por el espaldarazo de certámenes ya consolidados como las Jornadas de Vélez Málaga o los salones ImaginaMálaga o el de Benalmádena, además de su parte de protagonismo en otras citas para jóvenes creadores, como Málaga Crea. «En ese sentido, no podemos envidiar a casi nadie, excepción hecha tal vez de Barcelona, donde se celebra anualmente el salón más importante de España», considera Manuel Mota, un veterano de estas lides en Málaga.

Desde los ochenta

Con una larga trayectoria a sus espaldas, ya en los ochenta formó parte del grupo Bocetos, con el que publicó la revista del mismo título y organizó numerosas exposiciones. A comienzos de los noventa participó en la segunda época de 'Creepy', de Toutain Editor. Ha trabajado en prensa, ilustrado libros y colaborado en exposiciones a nivel regional. Hace cinco años publicó el álbum 'Pueblo' (Zanzibar Ediciones). Junto a Álex Ogalla, Carlos Lamani y Juan Carlos Hidalgo, coordina los contenidos de 'Cthulhu', revista de cómics y relatos de ficción oscura que toma su nombre de un personaje de la terrorífica obra cósmica de Lovecraft y que está a punto de ver en la calle su número seis. Después de tres números subvencionados por la Diputación de Málaga, Diábolo Ediciones se hizo cargo de su publicación. Hoy se distribuye por toda la geografía española y en torno a ella se reúne un buen puñado de autores tanto locales como nacionales. «Hay mucha inquietud e iniciativas que van cristalizando en publicaciones, salones y jornadas», constata Mota.

A pesar de la carencia de industria y de la falta de estímulo editorial, los autores locales han sabido hacerse un hueco en este mundillo. No sólo a nivel local y nacional. Buena parte de ellos exporta sus trabajos fuera de nuestras fronteras. Ahí está el equipo de Malaka Studio, una empresa dedicada al diseño gráfico y especializada en el cómic y la ilustración que lleva una década trabajando con importantes empresas de cómic tanto españolas como norteamericanas.

Gabriel Hernández, Antonio Vázquez, Fran Gamboa y Juan Carlos Ruiz forman este equipo que comanda Juan Torres -más conocido como El Torres- y con el que han colaborado un buen número de artistas a lo largo de esta década. «Trabajamos en varios campos, pero nuestra gran pasión es el cómic», asegura Torres, cuyo público está al otro lado del charco. Como explica este treintañero malagueño, «aquí hay mucha cantera, pero no hay canales de venta ni industria». Y es que, tras la desaparición de grandes editoriales como Bruguera, el mercado español se reparte entre sellos del tipo Panini o Norma, con otros de capital europeo.

Y, a juicio de José Avilés, las editoriales nacionales «están más enfocadas en publicar material extranjero que en invertir en I+D con autores de su propio país». Habla con conocimiento de causa este dibujante malagueño que, tras dejar la profesión de diseñador gráfico, se lanzó directamente al mercado norteamericano. A 'CSI Miami Smoking Gun' le seguirían '2 to the Crest', 'Monarch of Manhattan', 'Worlds of Dungeons & Dragons' o portadas para diversas publicaciones españolas como 'Star Trek Classics'. Actualmente prepara un álbum recopilatorio con las historias de terror que ha ido realizando para la revista 'Cthulhu'. «Gracias a Internet, no importa tanto el lugar en el que resides a la hora de encontrar trabajos. Es más una cuestión de calidad, profesionalidad y, sobre todo, de contactos», puntualiza Avilés, uno de los nombres ineludibles del cómic en Málaga.

Ir sobre seguro

Como Carlos Lamani. Para él, resulta «arriesgado publicar a autores noveles; normalmente las editoriales nacionales van sobre seguro, hay que ser valiente para apostar por el producto nacional». Hasta el punto de que se ha dado el caso de que una editorial española ha importado un título nacional después de haber sido publicado en el extranjero. Es lo que le ha ocurrido a Torres, que, tras haberse ganado a la crítica estadounidense junto al dibujante Gabriel Hernández, trae a España 'The veil' (en este caso, 'El velo') de la mano de Dibbuks. La protagonista es Chris Luna, una detective de poca monta que tiene una capacidad única: ver a través del velo entre nuestra realidad y lo desconocido. Publicado por IDW en Estados Unidos y elegido como una de las mejores obras de 2009 según 'Comic Book Resources' y 'San Diego Examiner', también fue reseñado en 'The New Yorker'.

Y es que EE UU es uno de los principales objetivos de los autores españoles. Allí está la industria y las grandes corporaciones, tipo Marvel o DC. Aunque tampoco en el resto de Europa se quedan atrás. Francia, por ejemplo, es uno de sus pilares. Según Álex Ogalla, en el país galo «es lo mismo comprar un cómic que un libro, es una oferta cultural más». En España aún hay reticencias. Los tópicos subsisten. Para empezar, aún se sigue pensando que el cómic es cosa de niños. Cuando, como destaca José Avilés, «los jóvenes lectores de hace tres décadas han crecido y siguen siendo lectores de cómics, por lo que demandan nuevo material y de mayor calidad».

A ellos va dirigida la novela gráfica, que se está destapando como un fenómeno para un «público más maduro y con un novel de exigencia mucho mayor», puntualiza Manuel Mota. A su juicio, esto ha hecho que el cómic «empiece a ser lo que hace décadas definió perfectamente Umberto Eco: un género literario». O un arte en sí mismo, como el cine o la literatura, como apunta el también dibujante malagueño Pablo Ríos, que actualmente trabaja en una novela gráfica y que ha encontrado en Internet su plataforma. Como tantos otros profesionales del gremio. Cada vez más. Confían en la Red para dar a conocer sus trabajos, ya que esta autoedición ahorra los costes de distribución e impresión.

En opinión de Mota, «hoy en día, gracias sobre todo a Internet, no es necesario que tengas que desplazarte para hacerte un nombre en el medio; pero eso sí, quien se plantee seriamente vivir del cómic tendrá que trabajar para el mercado americano o francés».

No es fácil darse a conocer. «La oferta es cada vez mayor y el público aficionado no es muy amplio, es una labor que requiere años», constata Pepo Pérez, dibujante que compagina el cómic y la ilustración con su trabajo como profesor de la UMA.

La Red ayuda, pero también el cara a cara. La irrupción del webcómic no ha frenado el interés de un público que, aunque minoritario, se caracteriza por su fidelidad a ciertos títulos. En Málaga encuentran su refugio en establecimientos especializados, como En Portada, un referente ya en la ciudad. Si bien cada vez más librerías generalistas dedican un espacio al cómic, caso de Luces, Fnac o La Casa del Libro.

No pierde su cercanía

«Aunque ha dejado de ser un producto de quiosco, no ha perdido su efecto de cercanía al aficionado», observa Mota, para quien las actividades culturales en torno al medio proliferan tanto en la capital como en la provincia. Salones y exposiciones sirven de promoción a un sector que representa el 14% de las preferencias de lectura, según datos de la Federación de Gremios de Editores Españoles (FGEE).

Manga y superhéroes se llevan la palma. Son los favoritos, especialmente entre los más jóvenes. Pero, aunque para muchos sea una asociación directa, el cómic despliega un abanico más amplio. Según José Avilés, se puede encontrar «de todo y para todos los gustos». No hay más que echar un vistazo a la heterogénea producción malagueña. Tanto en guiones como en dibujos. En lo que todos coinciden es en algo: la historia con mensaje.

Pepo Pérez y Santiago García han demostrado que empieza a reconocerse. Bajo esa capa de fantasía, su particular 'vecino' esconde situaciones de lo más cotidianas. En realidad, las protagonistas son las relaciones humanas, la amistad, la comunicación con la familia, con la pareja... La clave está en la sorpresa, desvela el malagueño, cuya carrera se ha visto relanzada gracias a esta serie que sabe bien lo que es estar entre los más vendidos.

José Avilés no tiene dudas: «La mentalidad está cambiando». Al fin y al cabo, es un medio atractivo. Como explica Carlos Lamani, el cómic tiene una estética propia en la que el lector impone su propio ritmo: puede leer más lento, más rápido, viñeta a viñeta, o contemplar toda la página de una vez». Le «encanta» la combinación de iluminación, perspectiva, interpretación de personajes. Un paralelismo con el cine del que se han nutrido ambas artes a lo largo de la Historia. Ahora, el salto de los superhéroes a la gran pantalla repite el feed-back. En este caso, impulsando el conocimiento y el consumo de su correspondiente cómic. Aunque hay quien insiste en que la conversión de la viñeta en fotograma no ha hecho más que alimentar los tópicos en torno a lo que muchos han considerado el noveno arte.

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