Irene Andessner crea la Virgen del Arte

La austriaca reúne en la galería JM varias obras en las que interpreta a una dolorosa para buscar el vínculo entre el mundo de la creación y la religión. La creadora se inspira en la Semana Santa de Málaga para reinterpertar el simbolismo religioso

MARINA MARTÍNEZMÁLAGA.
Irene Andessner recurre a material de embalaje para convertirse en la Virgen del Arte que retrata en esta serie de fotografías y en una video-proyección. ::                             ANTONIO SALAS/
Irene Andessner recurre a material de embalaje para convertirse en la Virgen del Arte que retrata en esta serie de fotografías y en una video-proyección. :: ANTONIO SALAS

Está la Virgen de la Esperanza, la de la Estrella, la del Rocío, la de la Piedad, la de la Paloma... Así hasta casi cuarenta. Sin embargo, Irene Andessner (Salzburgo, 1954) entendía que faltaba una: la Virgen del Arte. A simple vista parece una talla más. Sin embargo, es real. Concretamente, es ella misma. La artista austriaca se ha inspirado en la Semana Santa malagueña para meterse en la piel de la Inmaculada en un intento de conectar arte y religión, y de paso indagar en la posibilidad de que la imagen pueda encontrar seguidores en el mundo cofrade. Lo hace desde la galería JM, a través de una exposición compuesta por seis polaroids originales, ediciones de fotografías, una caja de luz y una video-proyección en las que Andessner opta por el género del 'tableau vivant' para caracterizarse y hacer una imitación contemporánea de la representación religiosa.

Hasta el 22 de mayo, la artista descubre en JM una fascinación por la Semana Santa malagueña que se inició hace seis años. Volvería varias veces después. Y en 2006 comenzaría a fraguar el proyecto. Según la creadora, «Málaga es la ciudad de Picasso, un lugar muy importante para el arte». De ahí que la idea empezara a tomar forma en su cabeza desde el primer momento. Pero no quería la autora distanciarse mucho de la realidad. «Quise crearla igual a las otras vírgenes, que no se percibiera la diferencia», aclara sobre una obra que le ha llevado cuatro años.

Con la ayuda de un 'coach'

Incluso trabajó con un 'coach', que le ayudó a «sacar la expresión» para interpretar a la dolorosa. «Necesitaba adentrarme en un sentimiento muy profundo y mostrarlo a través de los ojos», reconoce Andessner, para quien más que fotografía se trata de una «perfomance documentada». No en vano, es la propia artista la que encarna a la Virgen. Es lo que tiene el maquillaje. También el vestuario. Aunque no lo parezca, son ingredientes 'caseros': material de embalaje de obras de arte. Es decir, mantas, papel de seda, plástico de burbujas y cintas adhesivas, así como cartones y maderas tomados del taller del Museo de Arte Moderno en Viena.

Con todo ello diseña no sólo el vestido y el velo, también una corona rematada con las clásicas pinzas de la ropa. «Es todo natural», asegura, en referencia a unas fotografías «sin artificio ni photoshop».

No le ha sido fácil. «Tuve que venir en varias ocasiones para ver de cerca las imágenes y las personas, para mí era muy importante captar el tono», añade esta artista austriaca, cuya obra entronca con algunos de los planteamientos estéticos del accionismo vienés de los sesenta y setenta. Menos agresiva que aquellos, Andessner comparte la consideración del cuerpo como un territorio plástico, con una inconfundible carga simbólica y semántica, que en su caso utiliza como el instrumento idóneo para la reflexión sobre el concepto de imagen.

Con mensaje

En este caso, su interés por el mensaje se deja ver, entre otras cosas, en el fondo de las imágenes: una carpintería, en referencia al oficio atribuido a José, el marido de la Virgen. Se puede apreciar también en la imagen de la caja de luz -situada en una iglesia del siglo XIII-, así como en la video-proyección, ubicada a propósito en un espacio recogido a modo de capilla dentro de la galería malagueña.

No es la primera vez que Andessner se 'trasviste'. La mitología y la religión son habituales en su obra. Siempre en clave de homenaje a través de una reflexión sobre sus vidas y leyendas en forma de retratos-autoretratos. En 2006, por ejemplo, transformó el ascensor-paternóster de la Casa de la Industria de Viena en un ascensor-maternóster. Durante esta performance, la artista se mostró al público como María de Nazaret. También en otro 'tableau vivant', el personaje de Santa María Magdalena sirvió de eje a su obra.