Alertan de la caída del índice de lectura entre los universitarios

El presidente del comité científico del observatorio andaluz, José Antonio Marina, anima a fomentar el interés por los libros como «llave del progreso»

M. MARTÍNEZMÁLAGA.

Mientras el pequeño de la casa se duerme leyendo las últimas aventuras de Geronimo Stilton, su hermano adolescente juega a la consola y el mayor chatea con el ligue por Internet. Es un hecho: a partir de la enseñanza Secundaria los libros empiezan a dejar de tener interés. Y más aún en el paso a la Universidad. Ocurre por igual en todo el país. Ahí están las cifras de la Federación de Gremios de Editores de España, el 49,7% de la población entre 14 y 24 años lee frecuentemente, frente al 91% de los niños entre 10 y 13 años (según el Ministerio de Cultura, el 22% de los universitarios nunca lee). Ayer advertía de esa «trágica» caída el presidente del comité científico del Observatorio de la Lectura de Andalucía, José Antonio Marina, alarmado por el «empobrecimiento de la vida universitaria». De ahí que el comité reclame «que se tome este asunto en serio».

«Nadie pide a un profesor de Ingeniería que fomente la lectura entre sus alumnos, cuando deberían estar implicadas todas las asignaturas», lamentó Marina en Málaga durante la presentación del informe del comité. «Erróneamente, los estudiantes universitarios no creen que sea necesario leer para su capacitación profesional». En su opinión, «ahora hay más cosas divertidas que hacer» entre los jóvenes, pero -aseguró- «necesitamos concienciar a la sociedad de que la lectura es la llave para progresar, porque no hay posibilidad de avance económico, político o educativo si no aumenta la comprensión lectora y el índice de lectura».

Menos de la media

Precisamente, como destacó José Antonio Marina, estas son las claves que marcan la situación en Andalucía, donde el índice de lectura es cuatro puntos menor que la media nacional (el 54,5% de la población andaluza mayor de 14 años leyó más de un libro en el último año, según el Observatorio).

Por eso, el comité de expertos no sólo se fija en la población universitaria, sino también en los estudiantes de Secundaria. Como concluye el balance del Observatorio, la clave está en la vinculación de la lectura con la actividad escolar. Eso explicaría la pérdida de afición a medida que aumenta la edad. Aunque Marina propuso renovar los programas porque «no podemos hacer que los jóvenes se apasionen por la lectura con obras de Quevedo». «Hay que sacar a los clásicos fuera de la escuela porque son muy complicados de leer», añadió. Sin salir del colegio, se paró en los maestros, que, a su juicio, «leen muy poco». «La universidad está fallando en la formación», alertó Marina, convencido de que la familia y la escuela son las «dos grandes instituciones para fomentar la lectura».

«Hay que hacer ver a los padres de que si su hijo quiere tener un futuro laboral debe leer», apuntó el escritor, que señaló además a los ayuntamientos como el otro pilar al que dirigirse. El comité propone así que los planes de fomento de la lectura no sólo sean cosa del Gobierno regional sino también de los locales «porque ellos pueden movilizar a todos los agentes sociales». Desde medios de comunicación a librerías, concejalías de Bienestar Social o profesionales de la Sanidad, con la extensión de clubes de lectura en hospitales.

No en vano, como destacó Marina, el hábito de lectura influye en la capacidad para resolver conflictos, la habilidad de argumentación o una vida social «conceptualmente articulada». Es más, subrayó que hay estudios que vinculan fracaso escolar y violencia con bajos índices de lectura. «Las personas que no leen son fácilmente manejables», sentenció.