Los galgos tienen quien les escriba

El tratado recorre la historia de estos canes, sus características zootécnicas, su presencia en las artes y un decálogo para su cría El político Antonio Romero cumple un sueño al publicar un libro sobre esta raza de perros, una de sus pasiones

ANTONIO M. ROMERO AROMERO@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
Bella estampa, recogida en el libro, de un campeonato de campo a través en el que puede apreciarse a un galgo en plena acción persiguiendo a una liebre. ::
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Bella estampa, recogida en el libro, de un campeonato de campo a través en el que puede apreciarse a un galgo en plena acción persiguiendo a una liebre. :: SUR

La política y los galgos han sido las dos pasiones de Antonio Romero (Humilladero, 1955). «Yo fui galguero antes que diputado», suele afirmar el veterano dirigente comunista, quien ahora ha visto hecho realidad su viejo sueño: la publicación de un auténtico tratado sobre esta particular raza de perros, bajo el sugerente título de 'El gran libro de los galgos'. La obra se presentará públicamente en el Teatro Municipal de Écija durante el próximo marzo con la presencia de las máximas autoridades federativas de esta tradición.

«Sentía el deber ético de devolverle a los galgos y a la afición galguera una mínima parte de las satisfacciones que, a lo largo de los cuarenta y cuatro años que llevo bregando con galgos, he recibido de ese mundo. Por eso he escrito este libro», declara a SUR Romero, quien desde hace años venía recopilando un variado material sobre este mundo (aglutina a unos 140.000 galgueros en todo el país con 400.000 canes) y al que en los últimos nueve meses le ha dado forma definitiva.

Con una esmerada edición de Almuzara -propiedad del ex ministro Manuel Pimentel- y con una gran variedad de fotografías del ayer y el hoy, la obra supone una aportación a la hasta ahora escasa bibliografía sobre esta raza. «Los galgueros actuales somos depositarios de un tesoro milenario que tenemos que proyectar hacia el futuro. Este reto nos obliga a recuperar en todas las zonas galgueras de nuestro país al galgo español», sostiene el veterano dirigente comunista, quien desde siempre recuerda la presencia en su casa de cuatro o cinco galgos. Una afición que sigue compartiendo con su padre de 83 años y sus hermanos Diego y Fidel, a quienes dedica el libro.

Humilladero, junto a toda la comarca norte de la provincia de Málaga es la zona con más afición y tradición a la cría de galgos y a las competiciones en campo abierto. El autor, en el libro, además aporta que, a pesar de ser una raza más propia del interior, en la capital también existe un importante número de aficionados y que en la Costa del Sol tanto oriundos como visitantes tienen al galgo como animal de compañía.

El libro hace un estudio sobre las características zootécnicas del galgo español y de su antagonista por excelencia, la liebre, y un decálogo del buen galguero. «Es una modalidad de caza muy respetuosa con el medio ambiente y es un deporte en un plano de igualdad ya que no hay superioridad del hombre sobre los animales», explica.

En el Quijote y la pintura

En el primer párrafo de la obra más universal de las letras españolas, 'El Quijote', se lee: «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor». Una referencia a esta raza de canes, que no es la única ya que a lo largo del libro de Cervantes hay hasta nueve citas.

Pero no sólo en la literatura aparecen los galgos, también en la pintura desde el antiguo Egipto y más recientemente en el tiempo, el cordobés Julio Romero de Torres era un gran aficionado a estos perros. Asimismo, el flamenco también está vinculado a estos canes, así como los caballos y la gastronomía y es que la porra antequerana es el plato por antonomasia en las jornadas de caza y competición en el campo con galgos.

Todo ello aparece en las doscientas páginas de esta obra, donde también tienen hueco las anécdotas y las pequeñas historias vinculadas con estos animales de cuerpo ligero y delgado, cabeza pequeña, ojos grandes, hocico puntiagudo, orejas delgadas y colgantes y el cuello, la cola y las patas largas.

«En la época de la escasez de los años 50 y 60, los galgos eran como el plan de empleo rural de entonces porque los jornaleros no tenían dinero para comprar escopetas y cartuchos porque eran muy caros y con los galgos podían coger una liebre, quizás la única carne que llegaba a las mesas de estos trabajadores», rememora Romero, quien no oculta su satisfacción por este libro.

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