Picasso: el genio mutante

Picasso posa con un tocado de plumas de jefe indio regalado por el actor Gary Cooper/David Douglas Duncan
Picasso posa con un tocado de plumas de jefe indio regalado por el actor Gary Cooper / David Douglas Duncan

LA UMA y la UNIA estrenan hoy un ambicioso curso sobre la continua metamorfosis del artista

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Era multimillonario, vivía en un castillo en la Costa Azul, los grandes museos le dedicaban en vida amplias exposiciones retrospectivas y el mercado del arte lo cuidada como a su primer niño mimado de la modernidad. Y sin embargo, su atuendo era a menudo el de un artesano. Al fin y al cabo, la camiseta de marinero a rayas horizontales ha calado en el imaginario colectivo como su uniforme de celebridad popular. Y la elección de ese personaje, de esa pose, la de humilde pescador, no es ni mucho menos casual.

Será uno de los sugerentes frentes que desde hoy abrirá el curso de verano organizado de manera conjunta por la Universidad de Málaga (UMA) y la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), titulado. 'Picasso. Mitologías: de lo mediterráneo y lo español'. El especialista Carlos Ferrer Barrera dirige esta propuesta que pretende «bucear en la relación de Picasso con la mitología, ir de ahí a la identificación con los mitos de lo español y abordar también cómo el propio Picasso se acaba convirtiendo en mito», tal y como avanza el propio investigador.

Para ello, el curso contará con la participación del catedrático de Historia del Arte de la UMA y comisario de exposiciones Eugenio Carmona, de los artistas Rogelio López Cuenca y Pedro G. Romero y del decano de la Escuela de Bellas Artes de la UMA, Salvador Haro, entre otros.

«Picasso trabaja la mitología desde un punto de vista personal e identitario. Hay muchos personajes, desde el arlequín, Orfeo, Cristo, los últimos años está el 'Picasso clown', pero el que me parece absolutamente clave es el minotauro, porque viene a unir esa relación de lo bestial y lo humano, la razón y el instinto que ha Picasso tanto le atraía», ofrece Ferrer Barrera antes de añadir que en el caso del malagueño «sus investigaciones siempre son introspectivas. Picasso –sigue Ferrer Barrera– está buscando su propia imagen, cuáles son sus funciones como artista y al final encuentra en el minotauro las respuestas a muchas de esas cuestiones».

La mirada al pasado

Pero, ¿por qué mira Picasso hacia la mitología de manera recurrente en busca de esas respuestas? Responde el director del curso: «Al fin y al cabo, es el hijo de un profesor de Dibujo, aprende de un maestro académico, copia muchos yesos, uno de los primeros dibujos conocidos suyo es un Hércules con una maza, también sus primeros dibujos están relacionados con el Mediterráneo...».

Y ahí enlaza su obra, su vida y su propia imagen: «Sus primeros modelos son pescadores y él retoma el modelo del pescador, por eso adopta esa camiseta a rayas de marinero del sur de Francia como algo identitario. No le gustaba la imagen de gran intelectual, sino que prefería proyectar la imagen de alguien sencillo, con las manos encallecidas por haber trabajado la cerámica y la pintura», reflexiona el director del curso que hoy y mañana se desarrollará en la Casa Natal para mudarse el jueves y el viernes al Centre Pompidou Málaga.

«También hay una pose –apostilla Ferrer Barrera– porque Picasso es consciente de cómo se está presentando al mundo. Cuando lo están fotografiando clava su mirada en el espectador. Esa es una pose muy de actor. Sabe perfectamente lo que significa si se representa como arlequín o con una cabeza de toro o vestido de torero. Tiene una serie de personajes con los que trabaja y que expresan sus propias fantasías, que muestran su propio mundo, que a su vez se convierten en mito. Por tanto hay una interconexión entre vida, obra y la imagen que quiere proyectar de sí mismo».

Y en esa conversión de sí mismo en icono, Ferrer Barrera encuentra «una evolución lógica de su pensamiento, de su temperamento de cómo quiere él quedar en la posteridad». Y cierra: «Picasso aparece no como un Velázquez que podría ser un pintor clásico, ni como un Goya que sería quizá más rebelde, sino como un pintor de apariencia sencilla, pero con una gran contundencia intelectual». Y ahí seguimos, encontrando todavía nuevas lecturas, nuevas miradas en sus obras.

 

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