Gloria Marí-Beffa: «Somos muchos los que nos formamos en la UMA y nos gustaría volver para ayudar»

Gloria Mari-Beffa, delante de una pizarra tras dar una clase. /SUR
Gloria Mari-Beffa, delante de una pizarra tras dar una clase. / SUR

Malagueña, mujer y matemática. Su carrera en EE UU es fulgurante: lleva siete meses como decana de las facultades de Ciencias de la Universidad de Wisconsin-Madison

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

-¿Qué significa estar al frente de las facultades de Ciencias de la Universidad de Wisconsin-Madison?

–Es difícil de explicar. Estos siete meses (tiempo que lleva como decana) he estado aprendiendo muchísimo sobre cómo funciona la Universidad, y también detalles sobre la investigación de las otras ciencias sobre las que no sabía demasiado. Ha sido magnífico escuchar detalles sobre el proyecto IceCube y la importancia de entender las propiedades de los neutrinos; sobre quantum computing y el futuro de la informática; sobre los esfuerzos de nuestro personal para entender las consecuencias del derretimiento de los polos árticos; sobre profesores en botánica trabajando con la NASA para entender cómo funcionaría la agricultura en el espacio. Es alucinante, súper interesante, y te hace sentir muy humilde, y muy privilegiada por poder ayudarles a continuar la tarea tan magnífica que hacen. Te entran muchas ganas de luchar por ellos, de conseguir fondos, de explicarles a todos que lo que este grupo está haciendo es muy importante. Entiendes la importancia de apuntar alto, de no conformarse con algo normal.

¿Cuál es exactamente su papel en una Universidad de tanto prestigio?

–La Universidad de Wisconsin está dividida en once Colleges académicos: Ingeniería, Educación, Medicina, Leyes, Agricultura y biología aplicada, Empresariales, Veterinaria, Farmacia, Ecología Humana, Enfermería y el College de Letras y Ciencias. El último es donde trabajo yo, y es el más grande con diferencia. Letras y Ciencias es el que tiene todos los estudios de base, y por tanto el que da más clases y tiene más departamentos (damos casi la mitad de todas las clases de la Universidad). Como es tan grande, el decano tiene un papel muy parecido al de un rector, que en USA significa dedicar mucho tiempo a hablar con donantes y buscar fondos. El decanato de mi college es el único que, aunque tiene un decano principal, se subdivide en tres grupos académicos: Humanidades (lenguas extranjeras, Literatura, etcétera), Ciencias Sociales (Economía, Política, etcétera), y Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas. Cada subgrupo tiene un decano que hace muchas de las funciones del decano principal con los departamentos de la división. Yo soy la decana del último grupo, con once departamentos (Informática, Estadística, Matemáticas, Física, Ciencias Geológicas, Astronomía, Ciencias Atmosféricas y Oceánicas, Química, Biología integrada, Botánica y Ciencias de los trastornos de Comunicación). También tenemos el centro de Limnología (estudio de los lagos), que es magnífico. Mi papel es trabajar con todos los departamentos, apoyar contrataciones, proyectos, presupuestos individuales, buscar fondos, representarlos en el College y la Universidad, y sobre todo resolver problemas. Intento ser más un punto de apoyo que otra cosa, yo quiero que todos lo hagan lo mejor que puedan, todos queremos lo mismo. Los jefes del departamento hablan conmigo, me cuentan sus proyectos, lo que necesitan, etcétera, y yo intento o bien ayudarles, o incentivarles a que vayan en otra dirección si andan un poco despistados. Tengo suerte porque todos los departamentos son de puntera y sus ideas suelen ser magníficas.

¿Se imaginaba llegar a su actual cargo cuando llegó a Estados Unidos?

–Nunca en la vida, ni por un segundo. Yo nunca me imaginé que podría ser profesora en un sitio tan prestigioso como Madison, ni qué contarte ser decana. Esto ha sido de película de verdad, es como si le estuviera pasando a otra. Todavía es difícil de creer.

«La igualdad no ha llegado a Estados Unidos, ni a ningún otro sitio»

¿Cómo decidió marchar de Málaga a Estados Unidos?

–Pues era joven y la verdad es que no sabía muy bien lo que estaba haciendo... Mis profesores me convencieron. Yo había estado haciendo investigación con Javier Erice durante la carrera sobre modelos epidémicos y me había encantado, y él me decía que me tenía que ir de España a hacer investigación fuera. Otro profesor, Alberto de la Torre, conocía a un profesor en Minnesota, Eugene Fabes, que estuvo de visita en verano. Hablé con él, y me dijo que mandara una solicitud para una plaza de ayudante de enseñanza (es el trabajo que normalmente hacen los alumnos de doctorado en USA) en su departamento. Y la mandé, porque me intrigaba la idea y porque mis profesores me dieron un empujoncito para que lo hiciera y me ayudaron a hacer el papeleo. Uno de ellos, Daniel Girela, acababa de volver de allí y me explicó muchas cosas. La verdad es que nunca pensé que me iban a aceptar, sobre todo después de hacer los exámenes de admisión en Madrid, donde hacía un calor en la habitación que no podía pensar (los americanos se vuelven locos con la calefacción en invierno). Pero cuando me vinieron las notas y las saqué bien, las cosas empezaron a funcionar. La verdad es que el hecho de que esté aquí se lo debo al grupo de Málaga, que por alguna razón creyeron que debía irme fuera.

¿Cómo recuerda su paso por la UMA?

–Sólo tengo recuerdos buenos de la Universidad de Málaga. Mis compañeros eran divertidos e interesantes, estudiábamos mucho, pero también éramos gamberros y tramposos, y nos divertíamos y hacíamos trastadas. ¡A algunos profesores los volvíamos locos! La mayoría de mi grupo siguió estudiando, varios se fueron fuera, a Francia o a Canadá, y ahora son profesores en la UMA. Fue un grupo buenísimo, nos gustaba aprender, teníamos curiosidad, y nos divertíamos también. Es muy importante tener un grupo así, a mi me ayudó mucho a superar las épocas difíciles. Mis compañeros, todos magníficos. Y los profesores, siempre hay alguno peor que los otros, pero en conjunto mi preparación fue impecable. Yo siempre he dicho que la mayoría de las matemáticas que sé las aprendí en Málaga (o sola con artículos y libros). Fue una carrera dura, había que estudiar mucho, y los exámenes eran difíciles; pero al final sabías un montón, que es de lo que se trataba.

¿Cuando uno está fuera de Málaga la olvida o la necesita con más fuerza?

–Durante muchos años después de irme visitaba a mis profesores cuando volvía a Málaga, e iba a la Universidad. Pero después ya no tenía tiempo, estaba súper ocupada y necesitaba concentrarme en lo que estaba haciendo. Yo eché mucho de menos a Málaga, a las cosas más inverosímiles, como el olor a mar, o a eucalipto en los baños del Carmen, el tener terrazas grandes con macetas donde sentarte a desayunar, las tapas de ensaladilla con salsa rosa, o de jibia en salsa. Parecen tonterías, pero no lo son; son importantes. Tenía muchos amigos en Minnesota, pero no es lo mismo, claro. Todavía mantengo mucho de mis amigos y amigas de la carrera y del colegio, y nos reunimos cuando voy de visita, vemos a los hijos, nos contamos cosas. No se sabe lo que tienes hasta que no lo tienes. Málaga tiene un clima magnífico, algo que nos hace ser más sociables y alegres; muchos malagueños a lo mejor no aprecian lo que es eso. Cuando lo pierdes te da rabia de que no lo hayas apreciado más cuando vivías allí. Y bueno, nosotros vamos a Málaga todos los años, si podemos dos veces, me sirve para recargar pilas.

«Si somos vagos, nos tragamos lo que nos digan; por eso son necesarias las matemáticas hoy»

¿Usted ha apostado por la mujer en su ámbito universitario y profesional, ¿es que a Estados Unidos no ha llegado aún la igualdad?

–La igualdad no ha llegado a ninguna parte, ni a USA, ni a Europa, y mucho menos en el norte. Es un camino largo y complicado. Pero la cosa en Estados Unidos está mejor que estaba hace 30 años cuando yo llegué, lo que me dice que vamos en la dirección adecuada. Es cultural, y cambiar la forma de pensar de las personas es difícil. Una compañera de aquí me sugirió usar la idea de que tenemos 'hábitos mentales', conexiones inmediatas que hacemos entre una persona y una idea. En Estados Unidos si alguien piensa en un médico, puede ser hombre o mujer, no hay una asociación inmediata con un sexo en particular. Pero matemático… automáticamente se piensa en alguien con pelo blanco y barba, desastrado y despistado, que dice cosas que nadie entiende. Y bueno, los hay así, pero bastante pocos (aunque la mayoría somos bastante despistados). O la idea de que las mujeres no son buenas con abstracciones, sólo con ciencias conectadas con la vida (por eso de que tenemos niños). Una tontería, claro, yo adoro a mis hijos, y la biología siempre se me ha dado fatal. Y mi hijo es biólogo. Pero si lo repites continuamente, y aparece en televisión, en las películas, pues las personas adoptan esas conexiones que no existen en la realidad. Hay una multitud de estudios donde se le da a dos comités de contratación el mismo curriculum ficticio con dos nombres distintos, uno de mujer y otro de hombre, el de hombre siempre obtiene una puntuación bastante más alta (lo mismo pasa con jóvenes y mayores, los mayores obtienen más puntos). Estas cosas tienen consecuencias serias. La gran mayoría de las carreras en Estados Unidos que tienen el sueldo más alto requieren muchas matemáticas. Si las mujeres piensan que no son buenas en matemáticas, automáticamente se situarán en un nivel económico más bajo. Lo mismo pasa con grupos en minoría, como los afroamericanos y los hispanos. Esto no es una tontería.

¿Qué diferencia hay para una profesional de su ámbito en Estados Unidos respecto a España?

–La verdad no estoy segura, porque nunca he trabajado en España. En Estados Unidos tienes acceso a unos profesionales magníficos, pero tienes que conocerles y pertenecer al grupo, algo que no es fácil. Aquí, las reglas para la contratación son claras e inflexibles, y las mismas para todos. La competición es una parte fundamental del sistema americano, y se trata con muchísimo cuidado. Al final se contrata la persona que el departamento piensa que es mejor (no hay perfiles de investigación ni comité externo). Y si el departamento contrata a alguien que no está al nivel, el comité de la división de ciencias, o el decanato (¡o los dos!) te lo va a echar para atrás, seguro. Conocemos bien el nivel del departamento, y lo vamos a mantener. La razón principal para contratar a alguien es el nivel científico. Si el nivel es el mismo, a veces se usan enchufes y otras razones … no somos 'santos'. Quizás la diferencia principal es que si trabajas duro y tienes buenas ideas, los americanos te van a apoyar y te van a ayudar a que mejores. Yo sé que la imagen americana de ser un país donde el que trabaja y tiene talento llega no es necesariamente verdad siempre. Pero ciertamente define la cultura en la universidad. Aquí también tienen dinero y lo usan lo mejor que pueden, y unotiene que hacer su parte: en USA se trabaja muchísimo y con una dedicación máxima. Hacemos lo que hacemos porque nos encanta y nos hace felices, y el trabajo y la familia son nuestra vida.

¿Se volvería a Málaga a trabajar?

–A mi edad, me volvería a ayudar, sí. Hay muchas cosas buenas en Estados Unidos, y otras malas. Debería ser posible usar algunas de las ideas para mejorar la Universidad en Málaga, de darle más alcance y más posibilidades para sus alumnos. Hay mucho profesorado, profesionales, y de todo tipo de ocupación, que están fuera, pero se formó en Málaga y tienen buenos recuerdos de su experiencia; a lo mejor les gustaría ayudar, dar ideas, apoyo. Esas conexiones deben usarse, son muy valiosas. Estados Unidos las utiliza de forma muy efectiva, las universidades americanas no funcionarían sin ellas. No son enchufes, la idea es formar un grupo de apoyo, que conoce los grupos internacionales y sabe qué es lo que funciona y lo que no funciona. Es compartir información. Todos los colleges en USA tienen un 'Advisory Board', un grupo de asesores externos, parte de su papel es ese. Málaga debería tener un grupo de asesores, si es que no lo tiene ya. Yo me apunto si ellos quieren.

¿Sabe que supimos de su ascenso por un Facebook de su hermano?

–Sí, mi familia es así de exagerada. Cuando les dije lo del ascenso, mi hermano y mi hermana empezaron a subir mensajes a Facebook, y cada vez que les decía que no exageraran, que pararan, subían más cosas y decían más barbaridades. Encima, ustedes, en SUR, en 'Horizontes cercanos', sacaron la noticia… y ya aquello fue el no va más. Me tuve que callar, porque me iban a canonizar a renglón seguido. Yo me alegro de su alegría, y la de mis compañeras de colegio, que se pasaron la noticias por whatsapp. La verdad, me hinché de llorar con algunos de los comentarios. Alguien de Madison me preguntó qué es lo que me hacía más feliz de mi ascenso, y le dije que la alegría de mi familia y del grupo de amigos en Málaga.

¿Qué le falta a la Universidad española y qué le sobra a la estadounidense?

–¡Uy!, qué difícil. Es que yo no conozco a la universidad española y no quiero meter la pata. A lo mejor le falta flexibilidad, o ambición (aunque es difícil tener ambición cuando no se tiene un sistema flexible), algo que les sobra a los americanos. Me refiero a ambición de la sana, a querer hacer muchas cosas buenas, a ayudar a mucha gente. Nadie es perfecto, y el americano menos que nadie. Pero hay un clima de poder hacer, de partirse la cara, aunque sea difícil (la verdad, las cosas fáciles no merecen la pena). Es una cultura distinta, en España el trabajo no es tan central como lo es en USA, y bueno, no estoy segura qué sistema es el mejor en ese sentido. Pero sí que hay que ayudar y fomentar a los que aman su trabajo y quieren hacer cosas importantes. La universidad debe estar ahí con fuerza, apoyándolos.

-¿Ve facttible una colaboración ente su universidad y la de Málaga?

Eso es algo de lo que ciertamente se puede hablar. Son sistemas distintos y programas distintos, pero debe de haber algún punto de contacto. Nosotros tuvimos un chico de Málaga que entró en el programa de doctorado en Madison. Los americanos siempre están interesados en atraer talento, y a los malagueños talento no le falta.

-¿Volverá (a Málaga), parafraseando a MacArthur?

Yo vuelvo todos los años si puedo, y no sólo por Navidad...

Una carrera desde muy abajo

Cuando aquella malagueña recién licenciada en Matemáticas por la Universidad de Málaga llegó a Estados Unidos hace ahora exactamente 32 años (1986), seguramente se hubiera carcajeado si alguien le hubiera dicho que llegaría a ser decana de las Facultades de Ciencias Básicas de la Universidad de Wisconsin-Madison, una de las más punteras de Estados Unidos. Pero así ha sido. Ahora, esta malagueña ya se ha acostumbrado a leer en inglés, que ya le es más fácil que hacerlo en español, pero sigue adorando Málaga, su Pedregalejo, las tapas de sus bares, su terrazas con macetas, sus citas en el centro... Casada y con dos hijos, su familia sigue siendo su nexo de unión con su tierra, aunque su hermana Paloma trabaja en Reino Unido. A sus 56 años lleva siete meses en su actual cargo, al que ha llegado desde abajo: «Yo subí la escalera desde bien abajo: terminé el doctorado en 1991, fui posdoctoral hasta el 1996, personal de enseñanza y administración 1997-2006, Associate Professor with tenure (con plaza) 2006-2010, Professor (Catedrática) 2010- y jefa de Departamento 2014-2018.

Cuando se le pregunta si las Matemáticas so necesarias hoy en una vida común marcada por las nuevas tecnologías, no lo duda: «La sociedad necesita una población diversa y variopinta, lo que nos faltaba es que todos supiéramos lo mismo, no por favor, ¡qué pesadilla! Pero si es cierto que se necesita un conocimiento básico de matemáticas y de estadísticas. Esto no es nuevo, y yo no creo que sea debido a las tecnologías, más bien al uso incrementado de datos que se está haciendo actualmente por parte de las empresas, los hospitales, y otras instituciones. Tener un conocimiento básico para poder entender los datos cuantitativos con los que nos encontramos todos los días, y lo que nos dicen los datos, es una necesidad que siempre hemos tenido, y a lo mejor lo necesitamos ahora más que antes porque hoy se usan más datos. Por ejemplo, estos días vemos el tiempo en el internet, y en vez de decirnos que va a llover, nos dicen que hay un 30% de probabilidad de que haya una tormenta. Qué hago, me quedo en casa, o me voy de paseo? Hay que entender qué quiere decir esto, ¿es 30% poco? (yo me iría y me llevaba un paraguas, por si acaso.) O en Netflix te dicen que una película coincide con tus gustos el 85%, ¿quiere decir que me va a encantar? Pues no significa eso; hay que entender un poco el sistema que usan estos grupos para poder interpretar lo que dicen de forma adecuada. La matemática te ayuda a pensar, a entender, a sobre todo a fijarte en todos los detalles. Si somos vagos, al final nos tragaremos todo lo que no diga la tecnología (que se diseña para que no tengamos que pensar demasiado).

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos