«La falta de disciplina en los colegios hace del acoso un problema estructural»

El profesor Heliodoro Carpintero, en la sede del Rectorado de la UMA, ayer tarde. /Migue Fernández
El profesor Heliodoro Carpintero, en la sede del Rectorado de la UMA, ayer tarde. / Migue Fernández

Heliodoro Carpintero, catedrático de Psicología. Doctor honoris causa por la UMA

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

El profesor Heliodoro Carpintero Capell, catedrático de Psicología ya jubilado, ha pasado a formar parte del claustro de profesores doctores honoris causa de la UMA. Ayer se desarrolló el acto de investidura y pronunció un discurso en el que puso a la persona en el centro de interés de los psicólogos.

Enhorabuena por su investidura. ¿Cómo recibe formar parte del claustro de doctores honoris causa de la UMA?

–Gracias. Con mucho orgullo, satisfacción y una cierta sorpresa, porque la verdad es que no me lo esperaba. He tenido y tengo muy buenos amigos en esta facultad, pero hay noticias que no se ven venir, por esto la sorpresa y gratitud.

Es, además, el primer honoris causa propuesto desde esta facultad...

–Efectivamente, así me lo han comunicado. Las facultades de Psicología son de las más recientes, las primeras de los años setenta del siglo pasado. Estos años se han dedicado fundamentalmente a la docencia y a desarrollar y consolidar estos centros. Ahora llegan este tipo de reconocimientos.

Usted ha sido uno de los principales impulsores de la Academia de Psicología, también de constitución muy reciente, de 2015. ¿Cuál es su propósito?

–La academia era un sueño alimentado tanto por psicólogos del mundo académico como por profesionales. Y tiene fundamentalmente una labor de discusión, de debate y de análisis de la profesión, pero también queremos darle una función social, haciendo partícipes a los ciudadanos de temas de debate. Estamos trabajando con recursos escasos, pero con mucha voluntad.

En su discurso de investidura aboga por una psicología que ponga a la persona en el centro de su interés

Gran parte de su trayectoria investigadora se ha centrado en analizar la historia de la Psicología. En este sentido, ¿qué posición cree que ocupa España?

–Estamos en una posición francamente buena. En primer lugar, porque al tratarse de una especialidad relativamente reciente ya nos hemos colocado en los niveles científicos más actuales. Y, por otra parte, lo hemos hecho desde una orientación científico-experimental. La Psicología es una ciencia que se fundamenta en datos objetivos, en la observación, experimentación, encuestas, para poder construir modelos teóricos. Hemos llegado a tener y tenemos presencia en algunas de las sociedades internacionales más prestigiosas.

Ha abogado en su discurso por una psicología centrada en la persona. ¿En qué consiste y qué puede diferenciarla de una psicología más clínica?

–La psicología de la persona tiene una significación muy clara. Frente a la tendencia de interpretaciones reduccionistas biologistas, en las que se considera en cierto sentido que la psicología es fruto de lo que se produce en nuestro cerebro, consideramos que, siendo importante esa dimensión psicobiológica, no se puede olvidar la dimensión histórico-social en la que se desarrolla un individuo y que nos permite asumir los contenidos y creencias de una sociedad, los modelos de comportamiento de cada sociedad. Además, como decía mi maestro Julián Marías, la persona es una realidad siempre en devenir, nunca acabada.

«Debemos poner a la persona en el centro de nuestras preocupaciones»

«La tecnología necesita de los psicólogos, somos los que podemos cambiar las conductas»

«En la vida escolar se han limitado o directamente desaparecido aspectos disciplinarios y morales»

Como decía Ortega, 'yo soy yo y mis circunstancias'...

–Efectivamente, somos el entorno y el medio en el que nos desarrollamos.

Si reivindica esa posición central de la persona en el interés de los psicólogos, ¿es porque se había perdido?

–Podría ser, pero no en el sentido de dejarla de lado, sino más bien que se han estado explorando otros aspectos, en los que ha habido grandes avances que, de alguna manera, tenían que ocupar el interés y el tiempo de los investigadores. Por ejemplo, se ha avanzado muchísimo en lo que denominamos imaginería cerebral, en el conocimiento del cerebro. Esto ha sido una conquista enorme, nos proporciona información inmediata sobre el comportamiento humano. Pero no podemos olvidar que para estudiar un determinado estado de ánimo, la alegría, la pena, el dolor, etcétera, tenemos que tener una información que no sale de los circuitos, sino de la experiencia vital de las personas, de sus relaciones, de la socialización.

Esta psicología centrada en la persona, ¿cómo puede ayudar a lograr grandes objetivos humanos, como la felicidad?

–Esta psicología tiene que apoyar modos de educación en la infancia que potencien el desarrollo de la imaginación, de la creatividad, de fomentar las tendencias personales de cada niño, de no perseguir los aprendizajes memorísticos, sino las capacidades creativas y el desarrollo de relaciones interpersonales. Y convencernos de que cuando en una empresa o industria se presenta un problema no estamos ante individuos mecánicos, sino ante personas, que tienen sentimientos y unas necesidad de respeto y dignidad.

Ha comentado usted el tema de la educación, y me gustaría conocer su opinión sobre un fenómeno que preocupa, el del acoso escolar.

–Creo que el acoso escolar se ha convertido en un problema estructural en nuestra escuela.

–¿Significa esto que está profundamente enraizado, por lo que será mucho más complejo de abordar?

–En la vida escolar se han limitado o directamente desaparecido aspectos disciplinarios y morales. En el siglo XIX la educación empezaba con una formación moral-religiosa. Eso se ha perdido, la moral y mucho más la religiosa. Si a esto suma que ha desaparecido la autoridad del docente, y que los padres trasladan la presión por el mal comportamiento de sus hijos a los profesores, el problema adquiere una complejidad difícil de gestionar.

En una sociedad cada vez más tecnológica, ¿qué papel les queda a los psicólogos?

–Pues mire, mucho más del que podríamos pensar. Fíjese por ejemplo en el problema del cambio climático. Los científicos nos advierten de sus consecuencias, lo analizan y valoran. Pero el problema del cambio climático es que afecta a los individuos, a las personas. Y cambiar los hábitos, modificar la conducta de las personas, es algo que compete a los psicólogos. El cambio climático es un problema físico, pero que depende de nuestra conducta, que es ya un campo de actuación de la psicología.