«Málaga y la UMA han hecho realidad un sueño, que podamos volver a estudiar»

Anastasiia Tevs y Anton Irshenho son dos refugiados ucranianos acogidos en la residencia Jiménez Fraud

Anastasiia Tevs y Anton Irshenho, alojados en la residencia Jiménez Fraud. /
Anastasiia Tevs y Anton Irshenho, alojados en la residencia Jiménez Fraud.
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Salieron huyendo de la guerra de su país y su único objetivo era poder vivir en paz. Sin embargo, en Málaga han sido acogidos con un calor que no esperaban e incluso han podido hacer realidad algo que no imaginaron en sus mejores sueños: volver a la universidad. Anastasiia Tevs y Anton Irshenho son dos jóvenes ucranianos que tratan de rehacer sus vidas lejos de un país sumido en la confusión y el enfrentamiento armado y han encontrado cobijo en la Residencia Universitaria Jiménez Fraud, después de pasar por Cruz Roja. Son dos de los estudiantes que se han acogido al plan de apoyo a personas refugiadas de la Universidad y de las ONGs malagueñas.

«Solo pensaba en sobrevivir, en poder salir a la calle sin miedo, en tener una vida normal, ¡y me encuentro con esto!», exclama Anastasiia (22 años) paseando por la residencia, donde comparte apartamento con una compañera española. Tiene limpieza dos veces a la semana, calefacción y «mucha luz» para estudiar y donde come a diario. «En mi cabeza tenía que algún día recuperaría mis estudios, pero no esperaba tanta ayuda y facilidades», dice en un español aún forzado. Un sentimiento que comparte su compatriota Anton, que también está alojado en la Jiménez Fraud. «No me lo podía imaginar», afirma.

Un programa pionero en las universidades españolas

La Universidad de Málaga, a través de su vicerrectorado de Estudiantes, y varias ONGs locales han puesto en marcha un programa pionero de ayuda a jóvenes refugiados que en su huida del conflicto en su país han dejado atrás sus estudios. Comenzaron a trabajar en marzo de 2016 y se firmó un convenio, ratificado por el consejo de gobierno de la UMA. La Universidad ha cedido a las ONG espacios en la antigua escuela de Magisterio donde se están impartiendo clases de español para extranjeros. También se trabaja en la formación de alumnos voluntarios y, a través de los distintos grados y máster, se ha introducido de manera transversal la formación e investigación en temas relacionados con los refugiados. La Universidad también ha agilizado procesos de convalidación de estudios en sus países de origen y la matriculación.

Por distintos centros de la UMA se están desarrollando actividades relacionadas con este problema, en una «aplicación transversal en la docencia universitaria, para que los alumnos sean conscientes de esta realidad y prevenir brotes xenófobos», explica Ana Jorge Alonso, profesora del proyecto de innovación educativa Los Derechos Humanos en la docencia. «LA UMAnos lo ha puesto muy fácil», resume Rosa Ramos, trabajadora social de Cruz Roja.

Anton (25 años) llegó a España el 13 de septiembre de 2015. Salió de su ciudad, Dnipro, donde dejó a su familia. En tren y automóvil llegó a Varsovia, la capital de Polonia, desde donde llegó a Málaga en avión. Al día siguiente acudió a Cruz Roja, donde le han ayudado en todo lo necesario. Le tramitan el estatuto de refugiado, le ofrecen residencia, comida y estudios de español. «Se han portado muy bien. Rosa (trabajadora social de Cruz Roja en el programa de refugiados) es muy atenta y está pendiente de todo», afirma. Es así como conoció el programa de apoyo a personas refugiadas de la UMA y ONGs. En Ucrania estudió y se licenció en ingeniería metalúrgica, pero aquí es una profesión en la que no tiene oportunidades de empleo. Por esto, y porque habla cuatro idiomas (ucraniano, ruso, inglés y ahora, español) se inclinó por los estudios de Turismo. Este es su primer curso y asegura que le va «bien», que los compañeros le ayudan en todo lo que necesita, sobre todo a la hora de entender el idioma, y que los profesores son «amables y pacientes». Su objetivo es terminar los estudios en España y poder quedarse aquí, «tener un trabajo y una vida normal», incluso «crear una familia», dice.

Anastasiia también estudia en la UMA. Aunque en su país comenzó y terminó dos cursos de Periodismo, aquí ha tenido que cambiar de carrera y está matriculada en primer curso de Gestión y Administración Pública. «No podíamos ofrecerle ese grado (Periodismo), porque los requisitos de admisión son los mismos que para otros estudiantes», aclara el vicerrector, José Francisco Murillo Mas.

Toque de queda

Llegó a Málaga desde Dones en diciembre de 2014, una ciudad «sitiada», cerca de la frontera con Rusia y donde no hay seguridad. «tenemos toque de queda a partir de las nueve de la noche», explica. En Málaga se encuentran su abuela, su madre y hermanos. Su padre y una hermana siguen en Ucrania. «A todos nos ha ayudado Cruz Roja», dice Anastasiia, agradecida.

En Cruz Roja pasó nueve meses. En ese tiempo empezó a estudiar español. Cruz Roja le ha gestionado la solicitud de protección internacional y todo lo relacionado con la convalidación de estudios, de tal manera que este curso se ha podido matricular en la UMA, comenzando en diciembre. Señala que, a diferencia de su universidad en Ucrania, aquí los profesores «son muy pacientes». Dos voluntarios de la UMA la han acompañado estos primeros meses para hacerle más fácil gestiones habituales como pedir un documento en secretaría o sacar un libro de la biblioteca.

Anastasiia ya se maneja con bastante soltura y en estos meses que lleva en la residencia universitaria «he engordado tres kilos». En clase dice sentirse «bastante cómoda, y eso que soy muy tímida. En todo momento me están diciendo ¿necesitas algo?, Te ayudo?, y en la residencia, mi compañera de apartamento, Marina, es también muy amable y me ayuda en todo lo que necesito». Para ir desde la residencia a la ampliación de Teatinos, donde está su facultad, suele utilizar el metro. Murillo Mas subraya del mismo modo la implicación de los profesores y alumnos en este programa de acogimiento a refugiados y elogia al mismo tiempo el trabajo de las distintas asociaciones.

Anastasiia y Anton se conocieron en Cruz Roja y luego coincidieron en la Escuela Oficial de Idiomas. Ahora tratan de rehacer sus vidas en la Jiménez Fraud. Quizás no sepan que el nombre de la residencia en la que viven se debe a un eminente profesor y pedagogo malagueño y, casualmente, primer director de la Residencia de Estudiantes de Madrid.