Urra: «La sociedad de hoy tiene ganas de linchamiento, pero lo importante es la educación»

De izquierda a derecha, Julián Alcaraz, Javier Urra, Francisca Ruiz, Carlos de las Heras y Mariano Vera, ayer en el AC Málaga Palacio. /
De izquierda a derecha, Julián Alcaraz, Javier Urra, Francisca Ruiz, Carlos de las Heras y Mariano Vera, ayer en el AC Málaga Palacio.

El psicólogo y pedagogo recibe el título de miembro de honor de la Asociación de Antiguos Alumnos de la UMA

ANA PÉREZ-BRYAN

Javier Urra acumula un extraordinario currículum como psicólogo forense, pedagogo, conferenciante y asesor de cabecera en multitud de medios de comunicación. Además de todo eso, Urra es también un extraordinario observador de la realidad. Y después de tantas décadas ahí, en primera línea, tiene una idea bastante ajustada de lo que ocurre hoy en día: «Ahora, en la sociedad, hay muchas ganas de linchamiento y debemos convencernos de que lo más importante es la educación. Para afrontarla hay que levantar raíces, no arrancar hojas».

El diagnóstico lo emitió ayer el especialista en el marco de un encuentro celebrado en el Hotel AC Málaga Palacio en el que recibió la distinción de miembro de honor de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de Málaga. Allí, Urra compartió con sus colegas muchos de ellos psicólogos como él sus reflexiones en la conferencia Cómo encarar la vida para sentirla vivida.

Lo hizo a partir de un libro que él considera «básico» para manejarse por la vida, las emociones y las relaciones con los demás: El Quijote. De todas las enseñanzas que aporta al ser humano la obra cumbre de Miguel de Cervantes, Urra destaca una: «La única pregunta inteligente al final de la vida es interrogarse sobre si la existencia de uno ha merecido la pena». El especialista añadió además, en relación al escenario cambiante al que ahora se enfrenta el ciudadano, que «la esperanza es una obligación ética. Si se vive solo en la realidad es insano». En este sentido, Urra admitió que a pesar de su trabajo «con gente deleznable, soy un tipo optimista» y añadió, por último, que «lo esencial a la hora de trabajar con menores conflictivos es el afecto».

 

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