Estreno de lujo

JOSÉ MARÍA MARTIN URBANO

Mereció la pena esperar para que el Unicaja se permitiera una primera victoria tan grande como la cosechada anoche en Vitoria. El Kirolbet Baskonia, por la trayectoria liguera del Unicaja, creyó que el partido de anoche podía permitirle rotaciones más amplias y más momentos de descanso para algunas de sus estrellas. El Unicaja, por su parte, a pesar de un mal comienzo, creyó en sus posibilidades hasta el último suspiro, sus jugadores no se rindieron nunca y su entrenador buscó y rebuscó en su libro de estilo, cambió hombres y planteamientos para no aceptar la derrota y al final, esa constancia en mantenerse despiertos, frente a la tendencia a dormirse del rival, acabó por darle la victoria y quizás abrirle el camino del éxito.

El partido no empezó bien para el equipo malagueño, cuya defensa daba demasiadas facilidades al ataque local, que se plantaba una y otra vez debajo del aro sin mucha oposición. Como el Unicaja, con la única excepción de Adams, carecía de tiradores, el equipo local abrió muy pronto un amplia ventaja.

En el comienzo del segundo cuarto, aunque la lucha de suplentes parecía favorable al Unicaja, enseguida la fuerza defensiva de Eric y al acierto ofensivo de Janning devolvieron la ventaja a los locales, mientras los visitantes abusaban del triple, a pesar de que solo Suárez y Adams estaban acertados.

Después del descanso, el partido cambió de manera radical a favor del Unicaja, que sacaba el máximo provecho en ataque de Suárez y Díaz, mientras atrás fue capaz de frenar el ataque alavés con una zona 2-3 que ordenó Luís Casimiro. Un acierto táctico del técnico manchego en el que se apoyó su equipo para tragarse toda la ventaja local y entrar en el último cuarto con el marcador igualado. Todavía hubo que superar un último tirón del Baskonia y salir victoriosos en la habitual lucha final de los tiros libre. Sin duda, tener muchos más rebotes ofensivos y un menor número de pérdidas permitió al Unicaja ganar el partido con un porcentaje de aciertos muy inferior. Es una cuestión de deseo.