La revolución del turista chino

Unas turistas chinas fotografían a otra viajera de la misma nacionalidad frente al Museo Picasso Málaga. :: sur/
Unas turistas chinas fotografían a otra viajera de la misma nacionalidad frente al Museo Picasso Málaga. :: sur

Se espera que su demanda siga creciendo, pues solo el 6% tiene pasaporte ahora, pero también pueden colapsar algunos mercados Superan ya los 135 millones, gastan más que nadie y sus gustos cambian a velocidad de vértigo

ZIGOR ALDAMA

shanghai. «En el sector del turismo no existe, ni existirá en los próximos 50 años, un mercado con tanto atractivo y potencial como el chino». Rafael Cascales, presidente del Foro de Turismo España-China (Fotec), no tiene dudas sobre lo que representa para el mundo la revolución que vive el turismo de la hoy segunda economía mundial, además de gigante asiático. «Por número de viajeros, el dinero que gastan y también la complementariedad que suponen, especialmente para un país como España», enumera. En España, los destinos favoritos son Cataluña, que concentra el 49% de los viajeros chinos, seguido a gran distancia por la Comunidad de Madrid, con una cuota del 34%, y Andalucía, con un 10%.

Las estadísticas le dan la razón: el año pasado los chinos hicieron 135 millones de viajes al extranjero y gastaron 234.000 millones de euros en esos desplazamientos, el doble que los estadounidenses y el triple que los alemanes. Además, el crecimiento de estas variables, que ha sido de dos dígitos en el último lustro, se mantendrá: solo un 6% de la población tiene pasaporte -frente a un porcentaje que en Estados Unidos asciende al 40%- y China cada año emite 10 millones más. Sin duda, se trata de una trayectoria sin precedentes, pues las autoridades nacionales no permitieron los viajes al extranjero de la población hasta 1983, al abrirse las puertas para visitar solo las entonces colonias de Hong Kong y Macao.

«Los viajeros chinos son la principal fuerza de cambio de la industria», afirmó Taleb Rifai, exsecretario general de la Organización Mundial del Comercio, durante la asamblea general en la que fue sustituido, el año pasado en Chengdu. «En los próximos años serán 200 millones los que viajen al extranjero», avanzó en una entrevista con este medio. «Su impacto, aunque parezca una contradicción, puede ayudar a que el turismo sea más sostenible porque sus intereses son muy particulares y complementan a los de otras nacionalidades», añade Eduardo Santander, director ejecutivo de la Comisión Europea de Turismo, que ha bautizado 2018 como el Año del Turismo China-UE.

En Asia aún se ve al país con tintes imperialistas, mientras Europa vigila más el civismo de sus viajeros

Pero no se puede hablar del turista chino como un ente monolítico. Si bien hasta ahora han prevalecido los viajes organizados por la falta de experiencia y el mínimo dominio del inglés, poco a poco el perfil va diversificándose, como sucedió con Japón primero y con Corea del Sur después. «Parece claro que será el turista independiente el que crecerá de manera estable», apunta Cascales. Y eso es algo positivo, porque mientras el turista que viaja en grupo llega con un presupuesto muy ajustado y no ahonda en la cultura, el viajero independiente busca todo lo contrario. «Es sofisticado, tecnológico, buscador de experiencias auténticas y ávido por tener una conexión espiritual o sentimental con el destino; le gusta la cultura en general, la naturaleza y la gastronomía, y está dispuesto a pagar por tener un buen servicio», analiza.

Eso sí, la llegada en masa de turistas chinos también puede convertirse en un grave problema. «Debido a su enorme volumen y a sus hábitos todavía muy homogéneos, la demanda de los turistas chinos puede introducir un importante elemento de distorsión en el mercado local de los destinos que más les atraen. En Hong Kong, por ejemplo, acabaron con la leche en polvo para bebé, y en Japón han estado a punto de hacer igual con los retretes inteligentes, además de que han provocado un aumento de los precios de los hoteles», explica Kumi Kato, vicedecana de la Facultad de Turismo de la Universidad de Wakayama.

Mal vistos

La ministra de Turismo de Tailandia, Kobkarn Wattanavrangkul, es de una opinión similar: «Si no están bien gestionados, los turistas chinos pueden apabullar a las poblaciones locales de los destinos a los que llegan en masa», afirma. Y Cascales reconoce que no son el turista más querido. «El chino está mal visto porque para algunos países, sobre todo asiáticos, China es una colonia casi imperialista y han tenido o tienen experiencias negativas. En Estados en los que esto no ocurre, por ejemplo en Europa, el poco civismo del viajero tradicional chino es la cara más amarga de este turismo. Sucios, maleducados, prepotentes...», comenta el presidente de Fotec.

Además, el turismo es un arma diplomática y económica para China. El Gobierno tiene capacidad para dirigir sus flujos hacia unos países y cerrarlos a otros, dependiendo del estado de las relaciones que mantenga con ellos. Sucedió con Filipinas y con Corea del Sur, destinos a los que prohibió que se comercializaran 'tours' porque habían contrariado al Partido Comunista. Ahora, aunque todavía no ha tomado medidas al respecto, también podría contraatacar en la guerra comercial que ha abierto Donald Trump. Y su fuerza en este ámbito es muy notable. El año pasado más de 2,5 millones de chinos visitaron la superpotencia americana, donde dejaron más de 20.000 millones de dólares. De media, allí pasaron 14 días, más que en otros destinos. «La tensión que ha provocado el presidente Trump sin duda se está notando ya en el turismo. Nuestros clientes buscan destinos alternativos porque prefieren gastar su dinero en países 'amigos' y porque circulan muchas historias sobre los problemas y las humillaciones que sufren algunos viajeros en los controles de inmigración», comenta la responsable de una agencia de viajes ubicada en Shanghái. «El Gobierno no ha dicho aún nada al respecto, pero hay muchos que cambian de planes como muestra de patriotismo», sentencia.

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