Aviones que vuelan gracias al hidrógeno y el CO2

Los carburantes sintéticos o 'e-fuels' son una de las alternativas más viables para reducir las emisiones, sobre todo en los grandes transportes

Aviones que vuelan gracias al hidrógeno y el CO2
A. HERRANZ

En la movilidad personal y urbana están apareciendo muchas iniciativas para reducir las emisiones de los vehículos, que apuestan sobre todo por la electricidad como fuente de energía alternativa. Sin embargo, de momento no parece cercano en el tiempo ni tampoco algo viable mover un camión de frutas y hortalizas desde el sur de España hasta Alemania solo con baterías. Y, mucho menos, otro tipo de grandes transportes como los aviones que realizan vuelos transatlánticos o los cargueros que transportan miles de contenedores de una punta a otra del mundo.

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, las emisiones de la aviación y el transporte marítimo internacional de la UE representaron el 3,4% y 3,7%, respectivamente, de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2018. Se calcula que en el mundo más de 1.300 millones de vehículos funcionan con motores de combustión interna convencionales. A ello habría que sumar casi 22.000 aviones y 50.000 barcos para los que la electrificación no supone una alternativa.

Una de las opciones para conseguir que el transporte pesado sea más sostenible es el uso de combustibles líquidos de baja huella de carbono o ecocombustibles, que el Pacto Verde de la Unión Europea considera una de las tecnologías clave para cumplir su objetivo de reducir un 90% las emisiones netas del transporte en 2050. Entre ellos destacan los combustibles sintéticos, también conocidos como 'e-fuels'.

Para fabricarlos se utilizan como materias primas CO2 capturado e hidrógeno renovable. Este último se obtiene usando energía eólica o fotovoltaica para separar el oxígeno y el hidrógeno del agua, en un proceso conocido como electrólisis. De esta forma, los combustibles sintéticos son sostenibles de dos maneras: en primer lugar, porque se producen a partir de electricidad renovable y, en segundo, porque durante su uso solo liberan la cantidad de CO2 que se ha capturado antes para su producción. Se pueden considerar, por tanto, combustibles con cero emisiones netas.

Sin cambios en los motores

Pero la principal ventaja de estos combustibles sintéticos es que son compatibles con los motores actuales de combustión, así que se podrían usar para reducir las emisiones de CO2 no solo de camiones, barcos y aviones, sino también en coches. En este caso, los 'e-fuels' y otras soluciones, como los biocombustibles avanzados, pueden servir de complemento a la electrificación mientras se produce la renovación del parque automovilístico y se desarrollan todas las infraestructuras de recarga necesarias.

Como explica Dolores Cárdenas, consultora de Transición Energética y Movilidad en Repsol Technology Lab, «los combustibles sintéticos son químicamente iguales a las gasolinas, los gasóleos o los kerosenos de la aviación, así que podemos utilizarlos en los actuales motores sin necesidad de hacer ninguna modificación. Se podrían empezar a utilizar desde ya, aprovechando las infraestructuras que usamos ahora mismo para distribuir los combustibles tradicionales».

Los 'e-fuels' serán una solución para vehículos y medios de transporte en las próximas décadas y España puede jugar un papel clave en su producción. Aquellas zonas con mucho sol y viento tienen el potencial de producir grandes volúmenes de energía renovable y, por tanto, son ubicaciones particularmente favorables para producir hidrógeno renovable y sus derivados.

El primer proyecto español para producir combustibles sintéticos se desarrolla en Bilbao, donde Repsol construye una de las mayores plantas del mundo de su especialidad. Utilizará como materia prima hidrógeno renovable generado por electrólisis y CO2 capturado en la cercana refinería de Petronor, una de las pocas de Europa que integra procesos de captura y uso de este gas.

«España tiene una posición privilegiada para liderar la descarbonización de la movilidad. Por ubicación geográfica y capacidad tecnológica, puede producir todas esas nuevas energías que estamos considerando para la movilidad, como los combustibles sintéticos, los biocombustibles producidos a partir de residuos, la electricidad o el hidrógeno renovable», afirma Dolores Cárdenas. Por ello está convencida de que esta nueva industria sostenible puede encontrar en el país una «ubicación ideal».

Biocombustibles avanzados, energía a partir de residuos

La Unión Europea lleva tiempo fomentando el desarrollo de nuevos tipos de combustibles líquidos de baja huella de carbono consciente de que, junto a la electrificación, constituyen una de las principales opciones para reducir las emisiones de CO2 de la movilidad. Entre ellos destacan los combustibles sintéticos y también una nueva generación de biocombustibles, los avanzados.

Esos biocombustibles avanzados se pueden fabricar a partir de residuos de origen biológico, que pueden proceder de la agricultura, la industria agroalimentaria, los trabajos forestales de limpieza y mantenimiento y, sobre todo, de la parte orgánica de los residuos sólidos urbanos. Su uso permite reducir las emisiones de CO2 de un vehículo por encima del 65% en todos los casos e incluso pueden llegar a ser cero emisiones netas.

Al igual que los combustibles sintéticos, son compatibles con los motores térmicos actuales sin necesidad de realizar ninguna modificación, así que se pueden usar con normalidad en coches, camiones, aviones y barcos. La primera planta de biocombustibles avanzados de España estará operativa en 2023 en la refinería de Repsol en Cartagena. A partir de residuos de diferente naturaleza producirá 250.000 toneladas anuales de hidrobiodiésel, biojet, bionafta y biopropano;permitirá reducir 900.000 toneladas de CO2 al año.

Además, los biocombustibles avanzados pueden dar un impulso a la economía circular. Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Biocombustibles y Combustibles renovables (Afabior), pueden contribuir a evitar que un 30% de los desperdicios terminen en los basureros. Como explica Dolores Cárdenas, «con el uso de los residuos como materia prima para fabricar biocombustibles se elimina un problema importante, ya que estos no tienen que ir al vertedero; se pueden reconvertir en algo útil para la sociedad y seguir avanzando hacia la economía circular».