De la virgen bilocada al rey minero: Nuestra Señora de Guadalupe y Pedro II de Portugal

Pedro II de Portugal. /SUR
Pedro II de Portugal. / SUR

Tal día como hoy nacía la virgen de Guadalupe mexicana, que marianamente se le apareció a un indio chichimeca de los chichimecas de toda la vida, y moría Pedro II de Portugal, que se enriqueció a base de bien con las minas de oro y plata de sus colonias brasileñas.

MARIA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía la virgen de Guadalupe mexicana, que marianamente se le apareció a un indio chichimeca de los chichimecas de toda la vida, y moría Pedro II de Portugal, que se enriqueció a base de bien con las minas de oro y plata de sus colonias brasileñas.

Nuestra Señora de Guadalupe 9-12-1531

Corre el año 1531 y no digamos cómo corren los evangelizadores mendicantes que van sustituyendo los falsos dioses de México por la deidad centralizada de la madre patria. Es en ese contexto de revelaciones y autenticidades divinas donde nace la virgen de Guadalupe mexicana, a su vez desdoblada de la original oriunda de Extremadura, como las picotas del Jerte y las mantas de Torrejoncillo. Iba un buen día Juan Diego Cuauhtlatoatzin, indio chichimeco de los chichimecas de toda la vida, camino de Tatlelolco, cuando en un recodo del sendero se alzó marianamente Guadalupe, que bilocada desde la España cañí se identificó con total educación, hola soy Guadalupe, Lupita para los amigos y soy virgen de profesión, etcétera, y le pidió a Juan Diego que se dejara de chichimecadas y le ordenara de su parte al obispo capitalino, a la sazón el franciscano Juan de Zumárraga, que erigiese una iglesia guadalupeña en el mismo lugar de la aparición.

Habida cuenta que el obispo hizo caso omiso de las peticiones marianas transmitidas a través de un converso tan reciente, volvió a asomársele Guadalupe a Juan Diego, dile al obispo que se deje de franciscanadas y me construya mi iglesia ya, y el obispo que nones y la virgen venga a aparecérsele una y otra vez al pobre Juan Diego, que de haber ocurrido en una época posterior bien podría el chichimeco haberla denunciado por acoso, divino sí, pero acoso en resumidas cuentas. En fin, que se le estaba acabando ya el resplandor a Guadalupe de tanto usarlo, cuando el obispo accedió finalmente a basilicar el rincón, no poblándolo de mitológicos basiliscos sino erigiendo una basílica para honrar a la virgen por su virginidad redomada o por su no menos redomada cansinez, una de dos. Y allí sigue en Tepeyac, ya arrebatado el culto a la diosa de la tierra anterior a la conquista española y recalificado Juan Diego de chichimeca de a pie a santo fijo discontinuo de la iglesia católica, será por santos, y hasta receptora de su propio himno guadalupeño, será por himnos. Ándele, güey.

Pedro II de Portugal 26-4-1648---9-12-1706

Ciento setenta y cinco años después del nacimiento guadalupeño de la virgen homónima, moría en la greguesía portuguesa de Alcântara Pedro II. Aunque inicialmente Pedrito no estaba destinado a reinar, la condición cascabelera de su hermano mayor y heredero primigenio, que oficialmente padecía de migrañas y oficiosamente estaba como una cabra del Algarve profundo, lo profesionalizó primero en regente del cascabelero Alfonso y, tras enviarlo disimuladamente al destierro por mentalmente incorrecto, en soberano luso de pleno derecho y provecho.

Después de autoapodarse como «el pacificador» por el tratado que firmó con los Habsburgo españoles para rubricar la independencia de Portugal, Pedro, que además de afanarle a su hermano intelectualmente caprino el trono luso se había quedado también con la esposa de éste, a saber María Francisca de Saboya-Nemours, se apresuró en fecundar el útero de la ex cuñada y, como la flamante esposa le duró a Pedro lo que una corona de la Bastilla en la cabeza de un Capeto, volvió a desposarse con María Sofía de Palatinado-Neoburgo, quien además de entroncarlo nórdicamente le despachó seis hijos legítimos más, a los que el rey sumó tres bastardos, que se sepa. Al tiempo que iba repoblando Portugal de retoños más o menos reales, Pedro se ennovió con Francia en la Guerra de Sucesión española, aunque no tardó en cornamentar a los galos con los ingleses con el fin de intercambiar vino de Oporto por sedas sajonas a su vez afanadas en las Indias. Se entretuvo asimismo Pedro en saquear a conveniencia y por decreto las minas de oro y de plata de Brasil para traerse a la madre patria los beneficios coloniales y dejar a sus descendientes con los riñones económicos más que acolchados, incluyendo a su sucesor Juan V, que nació ya tan acaudalado el hombre que quiso construirse su propio Versailles junto al Atlántico, concretamente el palacio de Mafra, donde sin embargo no logró izarse a la resplandeciente medida de su admirado rey sol Luis XIV, que por esas fechas andaba ya criando malvas pre-revolucionarias en la basílica de Saint-Denis.

No en el parisino Saint-Denis sino en el lisboeta panteón de los Braganza cultiva su eternidad Pedro II, el minero avispado. Muito bem, obrigado.

 

Fotos

Vídeos