Dos siglos de gobernadores civiles de Málaga

En todo este tiempo han ocupado este puesto desde el conocido como 'El trovador de Montserrat' hasta un autor de novela erótica

Vista del puerto y la Aduana, hacia 1880./SUR.ARCHIVO
Vista del puerto y la Aduana, hacia 1880. / SUR.ARCHIVO
Jaime Aguilera
JAIME AGUILERA Málaga

Con ocasión de una jornada de puertas abiertas en la Subdelegación del Gobierno, se me invitó a repasar el anecdotario y las curiosidades de los casi doscientos gobernadores civiles en casi doscientos años. La primera conclusión es evidente, en una historia tan convulsa como la española, tres de ellos solo permanecieron tres días en el cargo, y solo uno de ellos superó los ocho años en el mismo. Es más, uno de ellos, Melchor Ordónez, terminaría siéndolo cinco veces; y pasaría a la historia por ser el primero en promulgar un reglamento taurino y por su curioso castigo a todos los borrachos de Málaga: en la plaza de las Cuatro Calles (hoy de la Constitución) les obligó a beber seguido nada más y nada menos que 16 cuartillos de agua (unos ocho litros).

A poco que se bucee, con más curiosidad que rigor científico, en la historia de los jefes políticos, de fomento, subdelegados de gobierno o gobernadores civiles en Málaga, que también el nombre ha ido cambiando, salta a la vista dos grandes grupos. El de las sublevaciones por un lado, y el de los artistas por otro. Porque de todo ha habido en esta viña del señor bisecular.

Archivo Histórico Provincial de Málaga

El estreno del primer grupo fue por todo lo alto. En 1831, Vicente González Moreno («el verdugo de Málaga»), en varias cartas firmadas con el sobrenombre de Viriato (otro traicionado, por cierto) engaña a su antiguo compañero Torrijos convenciéndolo de que toda Málaga lo espera a él y a su gente con los brazos abiertos. El resultado de la traición es de sobra conocido: todos fusilados en las playas de San Andrés.

Porque en Málaga hay que tener cuidado con los 18 de julio, con los veranos y con los años que terminan en 36. Y si no que se lo digan al Conde de Donadío: al terminar la procesión del Carmen, el 16 de julio de 1836, se inicia un tumulto en contra del nombramiento de Istúriz como Presidente del Gobierno, el gobernador, el Conde de Donadío, ordena a la guarnición cargar contra la multitud. El resultado se le vuelve en contra: el gobernador termina asesinado (por cierto, el heredero del título de este condado es el cantante Bertín Osborne). Años más tarde, en agosto de 1856, el gobernador Domingo Velo tiene que huir embarcando en los Baños de Diana y es destituido por haberse puesto al frente de una sublevación. Más adelante, el 18 de julio de 1873, el gobernador Francisco Solier se pone al frente del Cantón Independiente de Málaga: el segundo que más perdurará tras Cartagena, ya que terminará con la detención de Solier por parte del general Pavía en septiembre. Otro 18 de julio, el de 1936, a José Antonio Fernández Vega le tocará gobernar el caos de una fatídica y cruenta guerra civil en una Málaga republicana: terminará en un campo de concentración francés junto a Lluis Companys, la Gestapo lo devolverá a Málaga y finalizará su vida en la mayor fosa común de esta guerra: San Rafael.

Por otro lado, pasando al segundo grupo de los artistas, podemos citar en primer lugar a Víctor Balaguer, el trovador de Monserrat, gobernador de Málaga entre el 12 y el 22 de octubre de 1868: toda una figura de la literatura de la Reinaxença catalana que llegará a ser ministro varias veces. Al igual que Ríos Rosas, el de la calle y la parada de metro en Madrid, que llegará a ser académico de la RAE, embajador y presidente del Congreso de los Diputados, pero antes de todo eso será gobernador en Málaga. También será gobernador el escultor malagueño Adrián Risueño o el militar, diputado y escritor sevillano Fernando Gabriel Ruiz de Apodaca.

Caso curioso es el del gobernador Antonio Cánovas del Castillo, malagueño y sobrino del famoso presidente del Gobierno con el mismo nombre. Un día deja su vida política en Málaga y se marcha a Madrid, como Antonio Banderas, porque quiere ser artista. Y se convertirá en un pintor de pseudónimo Vascano y, sobre todo, en un famosísimo fotógrafo llamado Kaulak, Dalton Kaulak, reclamado por la nobleza y el mismo Alfonso XIII: nadie se acordará entonces de que era sobrino de Cánovas o de que años atrás fue gobernador de Málaga.

Algo parecido le ocurrirá a Alberto Insúa, el que no será recordado por ser gobernador civil de Málaga en la II República, entre 1933 y 1935, sino por ser un prolífico escritor y periodista, hijo, marido y padre de escritores. Un autor que comenzó con la novela erótica: La mujer fácil, y que alcanzaría el éxito total con una novela suya llevada tres veces al cine, una de ellas con la misma Conchita Piquer: me estoy refiriendo a El negro que tenía alma de blanca, la obra que, según la publicidad de la época, «emocionó a las multitudes» con «un problema de amor sin solución», «un drama eterno, humano, siempre de palpitante actualidad».

Aunque la historia más triste de un gobernador de Málaga es la del intelectual, poeta, periodista y dramaturgo sevillano Manuel Cano y Cueto, que versiona en castellano las Historias extraordinarias de Allan Poe. Después de alcanzar la fama, las distinciones, el prestigio y el honor, de pronto, un día, se muere su amada esposa y su único hijo. La profunda pena le llevará a la más absoluta pobreza y a la locura: morirá de tristeza en la sección de dementes del Hospital Civil de Málaga.

Pero terminemos contentos. Felices por tener ahora en el gobierno civil a alguien que no ha sido ni conde, ni marqués, ni mariscal de campo, ni escritor, ni fotógrafo; y sin embargo es especial y es la primera vez que se da en casi doscientos años: por fin una mujer, la hija de un farero.

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