Albas y Ocasos

De la revista geográfica al califa Omeya: National Geographic Magazine y Abderramán II

De la revista geográfica al califa Omeya: National Geographic Magazine y Abderramán II

Tal día como hoy nacía la revista National Geographic, primogénita impresa de la National Geographic Society, y moría Abderramán II, cuarto califa Omeya de Al-Ándalus

TERESA LEZCANO
22-9-1888 National Geographic Magazine

Veintidós de septiembre de 1888. Se publica el primer número del National Geographic Magazine, primogénito impreso de la National Geographic Society, ejemplar que nace sin ánimo de lucro y, al igual que su progenitora, con el objetivo de avanzar en el conocimiento de la geografía en el mundo. Andando el tiempo y las adecuaciones, la Sociedad desbordaría los territorios geográficos para abarcar rodas las asignaturas científicas y humanísticas y, a la vez que sustituía el nulo interés pecuniario por un saldo que se disparó cuando sus canales de televisión fueron adquiridos por la gigantesca 21th Century Fox, iba patrocinando expediciones y proyectos de investigación, y de igual modo te subvencionaba las excavaciones que sacaron a la luz la ciudad incaica de Machu Picchu, que te fomentaba el estudio sobre chimpancés de Jane Goodal, los gorilas en la niebla ruandesa de Dian Fossey, el hallazgo de los restos del acorazado Bismark y hasta del Titanic, te descubría una especie homínida extinta del África Oriental, te organizaba el primer vuelo al Polo Norte en un avión de cabina abierta o te mandaba a Jacques-Yves Cousteau a contabilizar variedades de peces oceánicos. La revista por su lado se reinventaba hasta convertirse en referente por su material gráfico cuya importancia salió a la luz cuando, apremiada por la crisis económica mundial que sacudió el final de la primera década del siglo XXI, vendió sus archivos fotográficos, los cuales, una vez contabilizados, resultaron ser los mayores de la historia universal. En la actualidad, tanto la Sociedad como la revista forman parte de la ingente Walt Disney Company, que no sólo ha engullido a la Fox sino que ha devenido en el conglomerado mediático más poderoso del mundo. Y eso que a la postre resulta que Walt no estaba congelado como aseguraba la leyenda y aguardando que la ciencia lo reanime, como su animada Bella Durmiente pero en versión cyberpunk, para ponerse al frente de su multinacional, sino incinerado en un cementerio privado de California. El primer crionizado de la historia, por cierto, fue (¿¿es??) un profesor de psicología estadounidense que lleva la nada eufemística friolera de cincuenta y dos años criando malvas heladas en una criocápsula. Criocapsulando, que es gerundio.

19-10-792 a 22-9-852 Abderramán II

Mil treinta y seis años, ahí es nada, antes del nacimiento de la revista National Geographic, moría Abu I-Mutarraf Abd Ar- Rahman Ibn Al-Hakam, el cual, habida cuenta que estamos en confianza ya que nació en Toledo y murió en Córdoba, abreviaremos familiarmente en Abderramán II. Tenía el segundo Abderramán treinta veranos cuando heredó el cuarto califato Omeya de Córdoba, que venía con un pan de reorganización administrativa de Al-Ándalus bajo el brazo, y a la zaga un creciente poder por parte de los alfaquíes, que eran como una simbiosis de jueces y religiosos, y para contentar a los cuales decidió el flamante califa derribar el mercado de vinos de Saqunda por motivo de ofensa a los abstemios preceptos del Corán. Ya desvinado Saqunda, tuvo que apresurarse Abderramán en sofocar en Lorca una guerra que venía entreteniendo más de la cuenta a yemeníes y muradíes y y le estaba desestabilizando a los clanes, antes de irse a Sevilla, por aquellos días Isbilliya, a enfrentarse con los vikingos que le habían conquistado y saqueado la ciudad, dejándole las orillas del Guadalquivir como un Valhala más que en ruinas en runas, será por runas, tras lo cual, mientras se hallaba introduciendo en Al-Ándalus el sistema de numeración decimal, se percató de que la mezquita se le estaba quedando pequeña y ordenó su ampliación, que para eso mandaba omeyamente. En cuanto a los cristianos de Al-Ándalus, definidos por la época como mozárabes, muy contentos no estaban ya que les surtían regularmente de aceifas, que no eran unas verduras oleosas sino unos ataques sorpresa, tipo razzia, con flagrante finalidad de limpieza étnica que culminaron con el llamado «martirio de Córdoba»; episodio que comenzó con un presbítero de nombre Perfecto declarando imperfectamente que Mahoma era un falso profeta y fue rematado por la primigenia y perfecta decapitación de Perfecto y los sucesivos martirios anónimos. Mientras todo esto sucedía, Abderramán ocupaba su tiempo libre fomentando las ciencias y las artes, fundaba la ciudad de Madina Mursiya que hoy se conoce como Murcia, se convertía en el primer Omeya que acuñaba moneda en Córdoba, y engendraba ochenta y siete omeyitas distribuidos en un número indeterminado de vientres concubinos, de entre los cuales surgiría su sucesor Mohamed I, quien, para no ser menos que su antecesor y padre, decidió fundar su propia ciudad y, aunque no pasó de una fortaleza, ésta fue el embrión, de nombre Magrit, de la futura capital de España. Pero ésta ya es otra historia.