Albas y ocasos

Del músico trompetista al rey prematuro

Del músico trompetista al rey prematuro

Louis Armstrong y Sebastián I de Portugal

TERESA LEZCANOMÁLAGA

Tal día como hoy nacía Louis Armstrong, quien antes de metamorfosearse en cisne innovador del jazz fue patito feo que sacudió su plumaje por las calles neorlanesas cometiendo delitos menores, y moría Sebastián I de Portugal, que heredó el trono de Portugal dos semanas antes de su nacimiento.

LOUIS ARMSTRONG (4-8-1901 a 6-7-1971)

Cuatro de agosto de 1901, Nueva Orleans. Nace, en el seno de una familia paupérrima y en uno de los barrios más míseros de la ciudad que el Katrina arrasaría un siglo más tarde, Louis Daniel Armstrong, quien antes de metamorfosearse en cisne innovador del jazz fue patito feo que sacudió su plumaje por las calles neorlanesas mientras recogía chatarra y cometía delitos menores que lo anidaron en un reformatorio para negros sin blanca, valgan todas las paradojas, y donde aprendió a tocar, primero la corneta y acto seguido la trompeta. Ya convenientemente entrompetado y, no menos convenientemente, reformado, Louis trabajó como vendedor de carbón, repartidor de leche y estibador de barcos bananeros, al tiempo que se iba forjando una cierta reputación como cornetista que lo llevó hasta Chicago, por aquellos días centro neurálgico del jazz, donde se desplumó definitivamente el pato feo para renacer como cisne trompetero que comenzó a tocar y a cantar con los mejores vocalistas e instrumentalistas de la época, como Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Bing Crosby o Bessie Smith, convirtiéndose asimismo en maestro del «scat», un tipo de improvisación vocal que carece de sentido léxico pero anda sobrado de virtuosismo melódico. Cuando el corazón de Armstrong se detuvo, poco menos de un mes antes de latir los setenta años y mientras besaba en sueños la boca en clave de Si bemol de su trompeta, su Hello Dolly había conseguido desbancar en el Billboard Top 100 a los mismísimos Beatles, y su canción What a Wonderful World arrasó en el Reino Unido veinte años antes de hacerlo en los Estados Unidos cuando fue incluida, en primer lugar en la banda sonora de la película Good Morning, Vietnam, y posteriormente en la de Doce Monos. En el centenario de su nacimiento, la ciudad de Nueva Orleans rebautizó su aeropuerto con el nombre de Louis Armstrong, aunque cuatro años después llegó el Katrina y, si bien las autoridades aseguraron que lo tenían todo previsto y que ni la ciudad ni el aeropuerto sufrirían daño alguno, ocurrió como en el cuento de los tres cerditos: Katrina sopló y sopló, y no precisamente la trompeta, y Nueva Orleans derribó. What a wonderful world...

SEBASTIÁN I DE PORTUGAL (20-1-1554 a 4-8-1578)

Trescientos veintitrés años antes del nacimiento neorlanés de Louis Armstrong, moría en Alcazaquivir, ciudad del norte de Marruecos cercana a Larache, Sebastián I de Portugal. A Sebastián le tocó en la lotería genealógica el trono de Portugal dos semanas antes de su nacimiento, al ser su padre Juan Manuel de Portugal letalmente destronado a los diecisiete años por una diabetes juvenil que no le dejó ocasión para decir esta boca lusa es mía aunque sí a engendrar un heredero, con el correspondiente resultado de que el neonato vio antes que la luz del día la corona de los Avis, los cuales no eran unos pájaros regios que piaban en latín sino una dinastía que sucedió a la Casa de Borgoña . Habida cuenta el tamaño del nuevo rey, la soberana función fue momentáneamente delegada en su abuela paterna, mientras su madre Juana de Austria dejaba la corte lisboeta para regresar a Castilla, que era más ancha y estaba al real servicio de su abuelo Carlos V. Al tiempo que Portugal iba colonizando a destajo Mozambique, Angola y hasta Macao, el joven rey iba creciendo bajo la influencia de los jesuitas, místicamente convencido de que era un gran capitán de Jesús en una gloriosa cruzada contra el poder turco en el norte de África y anatómicamente enfermizo como apoteosis de consanguinidad de generaciones y generaciones entremezclando cascabeleramente sus genes, dándose el caso de que, mientras el común de los mortales descienden de ocho bisabuelos, Sebastiancito lo hacía sólo de cuatro, siendo tres de ellos sucesores de Juan de Portugal. En fin, que mal que bien fue creciendo Sebastián, y si su salud les iba costando más de un quebradero de cabeza a sus sucesivos regentes, la llegada de la madurez les inquietó aún más ya que comenzó a correr el rumor palaciego de que el rey padecía una enfermedad en su órgano sexual que le impedía penetrar adecuadamente doncella alguna, aunque parece ser que el real instrumento se le afinaba extraordinariamente con los cortesanos del género masculino. El caso fue que Sebastián, para evitar acatar las reiteradas peticiones matrimoniales que le servían en bandeja de plata, pensó: para quitarme de encima a estos cansinos, mejor me marcho a invadir África. Y allá que se fue Tánger arriba, con más de ochocientas naves y la jesuítica intención de convertir a todo infiel bicho viviente que le saliera al paso marroquí, enfrentándose en el desierto a un ejército que era el doble del suyo y estaba la mitad de sediento por pura costumbre retentiva de líquidos. Sebastían I de Portugal acabó insertado como un genuino pincho moruno por los hombres del sultán saadí e inicialmente sepultado en Alcazaquivir , si bien unos meses más tarde fue redirigido a Ceuta, de donde viajaría a sus definitivos aposentos mortuorios en el monasterio de los Jerónimos de Belém. Obrigado.