Del rey loco al filósofo positivista

Luis II de Baviera. /SUR
Luis II de Baviera. / SUR

Tal día como hoy nacía Luis II de Baviera, que pasaría a la historia como «el rey loco», y moría cuerdamente David Hume, una de las figuras más importantes de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Luis II de Baviera, que pasaría a la historia como «el rey loco», y moría cuerdamente David Hume, una de las figuras más importantes de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa.

Luis II de Baviera 25-8-1845----13-6-1886

Veinticinco de agosto de 1845, palacio de Nymphenburg, Munich. Nace Luis de Wittelsbach, quien dieciocho años más tarde se entronaría como Luis II de Baviera tras el finamiento de su soberano padre. Maritalmente comprometido desde la infancia con la hermana de la celebérrima Sissi emperatriz, Luis fue aplazando las nupcias con todas las excusas que iba improvisando, no porque no le gustara esa novia en concreto sino porque, habida cuenta que sus enamoramientos tenían como destinatarios al principal caballerizo de la casa real o a un actor de teatro húngaro, un buen día pegó sobre la mesa un real puñetazo y anunció que permanecería célibe, al menos de documentos hacia fuera.

Como en la época era más sencillo salir del armario de la cordura que del de la sexualidad, a Luis no tardaron en adosarle el epíteto de loco para explicar su renuncia a una boda de estado y a los correspondientes herederos que del enlace se esperaban, si bien es cierto que de tanto ejercitar la locura ésta se convirtió en un estado de permanente melancolía que Luis intentaba combatir escuchando a Wagner y proyectando castillos como de cuentos de hadas. Al primero se lo quitaron por prescripción facultativa bajo el peligroso pronóstico de que el músico poseía demasiada influencia sobre el rey, dejando a éste más mustio que nunca y silenciado de nibelungos y valquirias; los segundos se metamorfosearon en espectaculares edificios nacidos de los exacerbados onirismos del rey loco, siendo el más conocido el Castillo de Neuschwanstein, capricho arquitectónico de sangre gótica, piel romántica y perfil bizantino que, tras ser la fuente de inspiración de Walt Disney para su morada de la Bella Durmiente, se convirtió en el lugar más fotografiado de Alemania.

Al rey loco, una vez que hubo llenado de suntuosos edificios las campiñas bávaras, le endilgaron una esquizofrenia paranoide como diagnóstico incapacitador de cualquier función estatal y lo enviaron a expurgar liebres a Linderhorf, coto de caza que él mismo había transformado en un pequeño Versailles, y donde falleció tres días después de su llegada, de pura consecuencia de su locura según la versión de la corte y de desatada ambición por parte de su primo Luitpold, quien acabó gobernando Baviera, en base a las retroactivas evidencias de las que se nutre la Historia. Danke, gut.

David Hume 7-5-1711---25-8-1776

Sesenta y nueve años antes del nacimiento bávaro del rey loco, moría cuerdo en Edimburgo David Hume, filósofo, economista, sociólogo e historiador, y una de las figuras más importante de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa. Se lanzó Hume al mundo intelectual estudiando derecho por obligación familiar, si bien una crisis de exaltación lo conminó a emprender viaje ultramar y Tratado de la Naturaleza Humana, cuyo fracaso editorial lo descabalgó abruptamente de la exaltación para devolverlo a Escocia, donde, tras lamerse minuciosamente las heridas discursivas, siguió filosofando a la vez que solicitaba de la Universidad de Edimburgo una cátedra de ética y pneumática, no siendo esta última una asignatura de aire comprimido sino de psicología de las de antes. R

Rechazado ética y pneumáticamente, Hume acometió la Historia de Inglaterra, obra en seis volúmenes que, al tiempo que lo encumbraba entre los cerebros privilegiados, lo situaba en el centro exacto de la diana por herejía, aunque fue absuelto tras alegar sus defensores que su condición de ateo le impedía ser juzgado por la Iglesia de Escocia. Andando el tiempo y las interpretaciones, Hume ha sido calificado de positivista por Einstein, quien se declaró deudor del citado positivismo para elaborar su Teoría de la Relatividad; de naturalista por Stroud; de idealista por Popper; de neo-helenista por Phenelum; de escéptico pirroniano por Flew; de perspectivista radical por Fogelin; y, en todos los casos, de racista por una controvertida nota que aparece en el original del ensayo 'De los caracteres nacionales', en el cual Mister Hume sostiene que los negros y, en general, todas las razas, son inferiores a la blanca: «Nunca hubo una nación civilizada que no tuviera la tez blanca, ni individuos eminentes en la acción o la especulación.

No han creado ingeniosas manufacturas, ni artes ni ciencias (…) En Jamaica sin embargo, se habla de un negro que toma parte en el aprendizaje, pero seguramente se le admira por logros exiguos, como un loro que ha aprendido a decir varias palabras» – , aunque lo cierto es que, por más que se nos ericen los vellos del alma al leer tal sarta de despropósitos, más que de racismo tal y como sería hoy definido se trata de la desinformación inherente a la época y común en un gran número de conspicuos intelectuales, mal que nos pese. Eso sí, a Hume no le faltó el correspondiente cráter lunar homónimo. ¿Estudias o tienes un cráter lunar?