Del rey intermitente al actor recurrente: Fernando VII y Errol Flynn

Del rey intermitente al actor recurrente: Fernando VII y Errol Flynn

Tal día como hoy nacía Fernando VII, que llegó a suplicarle a Napoleón Bonaparte que lo adoptara oficialmente, y moría Errol Flynn, aventurero y seductor dentro y fuera de la gran pantalla.

TERESA LEZCANO

FERNANDO VII DE ESPAÑA. 14-10-1787 a 29-9-1833

San Lorenzo de El Escorial, catorce de octubre de 1787. Nace, con el apellido Borbón y como nombres Fernando María Francisco de Paula Domingo Vicente Ferrer Antonio Joseph Joaquîn Pascual Diego Juan Nepomuceno Genaro Francisco Xavier Rafael Miguel Gabriel Calixto Cayetano Fausto Luis Ramón Gregorio Lorenzo Gerónimo, y paro porque se me van la vida y el presupuesto de palabras del artículo, el futuro monarca que también sería conocido como «el deseado» o «el felón». Fernando, tras haberle birlado a su padre Carlos IV la corona de España fue a su vez descoronado, al tiempo que invadido, por Napoleón I, y le duró tan poco el primer cargo que llegó a suplicarle a Bonaparte que lo adoptara oficialmente para seguir mandando un poco más, ante cuya petición respondió imperativamente el corso algo así como «je vous emmerde, monsieur de Borbón», tras lo cual Bonaparte nombró a otro ídem como rey de España, en este caso su hermano José I, más comúnmente conocido como Pepe Botella por su gran capacidad de absorción vinícola. Tras la derrota de las tropas napoleónicas y el correspondiente desbotellamiento de José I Bonaparte, Fernando María Francisco de Paula etc. se recoronó efusivamente y, para compensar los años de reclusión dorada en territorio francés, se puso el absolutismo por montera, derogando la Constitución de Cádiz popularmente bautizada como la Pepa – que un posterior pronunciamiento militar restablecería – y zambulléndose a placer en la denominada «década ominosa»; período en el cual del mismo modo cerraba las universidades que prohibía la francmasonería, mientras el Imperio Español se le iba descolonizando que daba risa o rabia, dependiendo de la perspectiva, los catalanes se le cabreaban soberanamente, y un bacilo de Koch de origen probablemente gabacho ocupaba su reales pulmones. Por cierto, el sobrenombre de «el deseado» era político y no personal, ya que ni siquiera los retratos de Goya logran disimular el tamaño de la real nariz y la magnitud del coronado estrabismo, y su primera esposa, que tras el previo vistazo goyesco se esperaba sin embargo lo peor, se desmayó de espanto en el cara a cara inicial. De la hipertrofia genital que padecía el séptimo de los Fernandos, casi mejor no hablamos.

ERROL FLYNN. 20-6-1909 a 14-10-1959

Ciento setenta y dos años después del nacimiento sanlorentino de Fernando, moría en Vancouver Errol Flynn. Originario de Australia, durante su infancia fue expulsado de varios colegios de Tasmania, ahorrémonos los símiles acerca del diablo lugareño, y después de probar fortuna como buscador de oro y minero de diamantes, la malaria lo embarcó hacia Inglaterra, donde se convirtió en actor y fue fichado por un cazatalentos de la Warner, quien intentó ahormar la histriónica personalidad de Flynn a papeles de aventurero y de seductor; roles que le repugnaban tanto más cuanto que no dejaba de reconocerse en ellos, y cuya asunción iba sobrellevando gracias a la escritura novelada, una corresponsalía en la Guerra Civil Española y las borracheras con los actores contratados para doblarle en las escenas peligrosas, a los cuales él doblaba a su vez por aquello del chute de adrenalina. Adicto al peligro y al sexo, satisfizó el primero navegando a vela en los yates que iba financiando con sus películas, y el segundo conquistando, ahíto de opio, marihuana o cocaína, de igual manera a Tyrone Power y Truman Capote que a Olivia de Havilland y Lili Damita. Han pasado a la historia jolgoriesca las fiestas que Errol se montaba con sus amigos, verbigracia la que se originó durante el funeral de John Barrymore, que Flynn pagó en su totalidad y durante cuyo velatorio Raoul Walsh robó el cuerpo del fallecido para llevarle a tomar unas copas póstumas a casa de Errol. Tras haber surcado cinematográficamente La Isla de los Corsarios, empuñado Espadas Cruzadas, dormido como Robin de los Bosques, haberse despertado como el Capitán Blood y muerto secesionistamente con las botas puestas, el miocardio de Flynn, encorajinado por los excesos eroticofestivos de su portador, se le infartó en Vancouver mientras le estaba vendiendo su yate Zaca al magnate George Caldough. El certificado de defunción, además del infartado miocardio, indicó trombosis coronaria, arteriosclerosis, degeneración hepática y diverticulitis del colon, amén de un estado general correspondiente a un hombre de setenta años cuando el actor había cumplido los cincuenta pocos meses antes del finamiento. En cierta ocasión confesó Flynn: «en todo el mundo se me identificó como el playboy de Occidente. Ése era yo: un símbolo fálico universal». The end.

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