La fuente de las Tres Gracias (o las Tres Ninfas) que no representa ni a diosas ni a ninfas
Ubicada en la plaza del General Torrijos, sus figuras fueron modeladas en Francia y representan tres ríos del país vecino: el Sena, el Marne y el Yonne
Muchos dirán que es la más reconocible de entre todas las fuentes que adornan la ciudad. Otros, que es la más fotografiada. O la más ... bella. Pero probablemente a la mayoría se le escape cuál es el verdadero significado de las tres esculturas que le dan nombre a este conjunto histórico: la Fuente de las Tres Gracias (en algunos documentos también conocida como la Fuente de las Tres Ninfas), inaugurada el 26 de mayo de 1880 en la plaza de la Constitución -antes, plaza de las Cuatro Calles-, es, de hecho, una de las más simbólicas de cuantas se atesoran en el patrimonio artístico de la ciudad, y su historia, además, es de las más curiosas.
Por empezar, habría que recordar que la Fuente de las Tres Gracias fue un encargo del Ayuntamiento de la época, dirigido entonces por el alcalde Alarcón Luján, para dignificar la plaza central de la ciudad. En aquellos años aún no estaba construida la calle Larios, que no se inauguraría hasta 1891, pero las autoridades municipales ya contemplaban la necesidad de abrir un eje urbano amplio que conectara la mencionada plaza de la Constitución con la Acera de la Marina y la zona portuaria.
A medida que avanza esa gran vía, llamada a revolucionar el mapa de la ciudad, el Ayuntamiento decide cerrar el encargo de la fuente con la fundición Durenne, ubicada en la localidad francesa de Sommevoire y una de las más afamadas de la época. La elección se hizo teniendo en cuenta el catálogo ilustrado de la fundición: un modelo de pilón de vaso rematado por tres figuras femeninas que han pasado a la historia de la ciudad como las Tres Gracias o las Tres Ninfas pero cuyo significado nada tiene que ver con seres divinos ni mitológicos.
En concreto, las alegorías que representan estas tres figuras son las de los tres ríos que atraviesan la región francesa en la que fueron creadas: el Sena, el Marne y el Yonne, y a cada uno de ellos se atribuye un símbolo en función de los dones que aportan a ese territorio. El Sena está representado por una cornucopia o cuerno de la abundancia; el Marne, con una hoz y unas espigas como símbolo de la agricultura, y el Yonne con un remo, en recuerdo a la navegación.
Más allá de esta curiosidad, existe otro detalle en torno a la Fuente de las Tres Gracias. Y es que tiene una construcción gemela en en la localidad de Saint-Jean de Melum, muy cerca de París. En este caso, su nombre sí se corresponde con lo que realmente representa, ya que se conoce como la Fuente de los Tres Ríos y es una de las principales atracciones turísticas del municipio.
En el caso de Málaga, la fuente llegó a puerto vía Marsella y su compra generó un importante debate en la ciudad por el alto coste que representó para las arcas municipales. En cualquier caso, desde su colocación en el centro de la plaza de la Constitución, en mayo de 1880, se convirtió en una de las joyas del patrimonio local. También en una de las que ha tenido los cambios de ubicación más importantes, en función de las necesidades de la época y de la evolución de los nuevos espacios urbanos: en este sentido, se estrenó en la mencionada plaza, pero el poco espacio que dejaba para la movilidad del tráfico y de los ciudadanos hizo necesario su traslado a la Acera de la Marina, en el año 1901 y justo una década después de la inauguración de la calle Larios. Trece años más tarde (1914), y con el Parque de Málaga ya convertido en la nueva vía de referencia en el mapa de la ciudad, se desplazó hacia el centro de la plaza del General Torrijos, rematando la obra de ingeniería más fabulosa de la historia de Málaga y luciendo ahí, imponente, hasta nuestros días.
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