Del estado americano al imperio Mogol: La Florida y Aurangzeb

Del estado americano al imperio Mogol: La Florida y Aurangzeb

Tal día como hoy nacía la Florida como estado americano número veintisiete, y moría el emperador Aurangzeb, considerado como el último de los grandes mogoles.

MARÍA TERESA LEZCANO

Estado de Florida: 3-3-1845

El tres de marzo de 1845 nacía la Florida como estado norteamericano. Antes de ser oficialmente numerado con el 27, el territorio florido fue habitado por paleo-indígenas, claro que esto fue hace catorce mil años y ya se sabe que catorce mil años no es nada y que febril la mirada, errante en las sombras... Pero volvamos a nuestros asuntos: mucho después que los paleo-indígenas llegaron los nativos Apalaches, los Timucua y los Tocobago, hasta que a Ponce de León se le metió entre ceja conquistadora y ceja canosa que por aquella zona se hallaba la fuente de la eterna juventud y la sumó al patrimonio de la corona de España, peleándose de vez en cuando por su posesión con los hugonotes franceses y con el inglés Francis Drake, quien ocasionalmente se pasaba por alguna misión y montaba una parrillada de jesuita que los nativos apalaches aprovechaban a su vez para rebelarse un poco y los franceses, a falta de una florida oportunidad de colonización se iban con la musique a otra parte y se agenciaban la Luisiana y Georgia, que menos da una piedra de la Bahía de Tampa.

Tras dos siglos de disputas vecinales, el Tratado de París le quitó la Florida a los españoles y se la regaló al Reino Unido de Gran Bretaña, aunque los españoles muy contentos con la sisa no estaban y aprovecharon la Guerra de la Independencia de Estados Unidos para reconquistar lo afanado, que les fue nuevamente arrebatado, esta vez por los americanos que, al tiempo que llenaban su estado número 27 de campos de algodón donde ofrecían con genuina generosidad plantacional trabajo a la población esclava, despoblaban el territorio de indios Seminola que, pese a aplicar las tácticas de guerra de guerrillas aprendidas de los españoles, fueron barridos militarmente de la faz de la tierra, si exceptuamos una minoría que fue enviada a tomar viento reservado al oeste del río Misisipi.

A partir del pasado siglo, han sido los jubilados yanquis con posibles los nuevos conquistadores floridos que se asolean al calorcito tropical, aunque a ver lo que duran ya que se trata del estado americano que, pese a las trumpianas negaciones y denegaciones de protocolos al respecto, se prevé más afectado por el cambio climático. Cheers.

Aurangzeb del Imperio Mongol: 3-11-1618---3-3-1707

Ciento treinta y ocho años antes del nacimiento estatal de la Florida, moría en Ahmednagar, India, el emperador Abu Muzaffar Muhiuddin Muhammad Aurangzeb Alamgir, más conocido solo como Aurangzeb por comprensible economía nominativa. Considerado como «el último de los grandes mogoles», comenzó su andadura imperial usurpando las funciones de su padre, constructor del Taj Mahal para más señas, a quien recluyó durante nueve años, es decir hasta su muerte, en el Fuerte de Agra, y escabechando a todos sus hermanos exceptuando a uno que se le escapó y consiguió huir hasta la jungla de Birmania, actual Myanmar, donde no se sabe si se lo comió un tigre o lo alcanzó un mercenario fraternal o simplemente se mimetizó con el entorno ya que allí se le pierde históricamente el rastro.

Ya afianzado en el Trono del Pavo Real, símbolo del poder mogol, Aurangzeb se acostó una noche hinduista y a la mañana siguiente se levantó adherido al Islam y a la Sharia y decidido, por una parte a ampliar el Imperio Mogol que ya se le estaba quedando pequeño, cosas de la relatividad, y, por la otra, a borrar con su reciente conversión religiosa todo rastro del anterior credo. Para ampliar el imperio organizó un potente ejército y se fue a derribar fronteras geográficas; para afianzar su islamismo incipiente aunque harto convencido, fue desacralizando templos hinduistas a la velocidad del rayo coránico de Mahoma, pulverizando dioses e ídolos y usando las piedras de los edificios derruidos para construir mezquitas, desencadenando con estas acciones el principio del fin de su estirpe y allanándole involuntariamente el camino a los ingleses, que como no podía ser de otro modo, tenían ya el ojo colonizador puesto en el curry y el té negro, aunque primero llegaría el rey iraní Nader Sha, fundador de la dinastía afsárida, y se llevó de Delhi todos los tesoros que consiguió rapiñar, incluyendo sus bibliotecas e incluso el fabuloso Trono del Pavo Real, que el sha instaló en su palacio de Kandahar y donde gustaba de ahormar sus persas posaderas mientras se comía unos dátiles frescos, ¿será por dátiles, Salam?