Del espía electrocutado al papa demonizado: Julius Rosenberg y Silvestre II

Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460/SUR
Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460 / SUR

Tal día como hoy nacía Julius Rosenberg, quien protagonizaría junto con su mujer la primera ejecución de civiles por espionaje en la historia estadounidense, y moría Silvestre II, también conocido como el Papa Mago y el Papa Druida, y acusado de forjar un pacto con el mismísimo diablo

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Julius Rosenberg, quien protagonizaría junto con su mujer la primera ejecución de civiles por espionaje en la historia estadounidense, y moría Silvestre II, también conocido como el Papa Mago y el Papa Druida, y acusado de forjar un pacto con el mismísimo diablo

Julius Rosenberg: Del 12-5-1918 al 19-6-1953

Nueva York, doce de mayo de 1918. Nace Julius Rosenberg, quien treinta y cinco años más tarde protagonizaría junto a su esposa la primera ejecución de civiles por espionaje en la historia estadounidense. En pleno apogeo de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, el ingeniero del Centro de Investigación Nuclear de Los Álamos (Nuevo México) Julius Rosenberg fue detenido junto con su mujer Ethel por chivarles a los soviéticos secretos sobre la bomba atómica patria, y ambos fueron enviados a Sing Sing, lugar que pese a su nombre cantor era una cárcel donde se cantaba poco y se enchufaba mucho, no con nepotismo sino con vatios, ya que se trataba de una prisión del estado de Nueva York donde la silla eléctrica ya había achicharrado, entre otros, a Albert Fish, asesino en serie y caníbal conocido como «El vampiro de Brooklyn», y que electrocutaría una década más tarde a Lucky Luciano, padre del Crimen Organizado norteamericano. Entre el psicópata y el mafioso, temporalmente hablando, sentaron en el trono voltaico al matrimonio Rosenberg, no juntos ambos cónyuges ya que en Sing Sing solo se entonaba una melodía catódica a la vez, sino por turnos, correspondiéndole el honor inicial a Julius por haber sido el que afanó los secretos de estado para el enemigo del este. Con sendos electrodos en cabeza y pierna, Julius fue desingsingnado a la primera descarga aunque no sucedió lo mismo con Ethel: al parecer, el diseño de la silla, concebido para candidatos al trono eléctrico de mayor envergadura, dificultó la ejecución de Mrs. Rosenberg y tuvieron que dedicarle hasta tres descargas antes de que la espía transitara de la silla de Sing Sing al averno que se les presuponía a los enemigos de la nación, oh dear. En Sing Sing se dejó ya de entonar el ritmo eléctrico en favor de la inyección letal que hedía menos y mataba de igual manera, aunque los ecos del penal neoyorquino siguen sonando, además de en numerosas películas, en una canción homónima de José Feliciano: «La silla lista está, la cámara también/ A mi pobre viejita que desesperada está/ Entréguele este recuerdo de mí...». Oh, man.

Silvestre II: Del 4-8-945 al 12-5-1003

Novecientos quince años antes del nacimiento neoyorquino de Julius Rosenberg, moría en Roma Silvestre II, centésimo trigésimo noveno Papa de la Iglesia Católica y primer pontífice francés de la historia. Antes de asilvestrarse nominativa y papalmente, Silvestre II se llamaba Gerberto de Aurillac y había destacado, además de como teólogo y filósofo, como matemático, introduciendo en Francia el sistema decimal islámico y el uso del cero; también inventó un ábaco, un reloj de agua, un precursor del sistema taquigráfico, un astrolabio y un monocordio, entretenimientos que no tardaron en recubrir la reputación de Gerberto, ya empapado como Silvestre, de una pátina diabólica cuya rumorología incluía un pacto satánico en toda regla, el cual le habría aportado al Papa sabihondo un súcubo de cabecera, a la sazón demonio femenino que comenzó de guardaespaldas mefistofélica y, tras enamorarse de Silvestre, renunció a la inmortalidad y ejerció el concubinato pontificio ya desucubada y reconvertida en mujer mortal. Si a esto le sumamos que el papado silvestrino coincidió con el cambio de milenio, época de oscurantismo extremo en la cual todo era diabólico y el fin del mundo una cuestión de horas, ya tenemos la leyenda engarzada y creciente, aderezada además por las cabezas parlantes que al parecer el demonio le había proporcionado a Silvestre para comunicarse con el infierno, y que en realidad eran artefactos mecánicos que el Papa ilustrado había construido para llenar el ocio entre los maitines y el ángelus. Algunos cronistas sostuvieron que el Papa Mago, o el Papa Druida, como era referido en petit comité, se arrepintió en su lecho de muerte de haber colegueado en demasía con el príncipe de las tinieblas, pidiendo in extremis ser troceado tras el óbito y alejados sus pedazos de cualquier lugar sagrado, aunque lo cierto es que fue enterrado entero y en la archibasílica romana de San Juan de Letrán, donde la leyenda, lejos de mermar se va reproduciendo: ahora resulta que el sepulcro silvestrino destila agua y emite sonidos de huesos arrastrados cuando el fallecimiento de un pontífice es inminente, con la consiguiente y extraoficial consecuencia de que cada vez que un papa en funciones no se halla muy católico, biológicamente hablando, siempre hay algún cardenal asomado a la tumba de Silvestre II por si urge ir preparando la fumata y los rezos de rigor. De rigor mortis, por supuesto.